Esto se acabó, amigos

14/03/2011

¡Pero no importa! ¡Porque si “Conservador en Alaska” se retira, un nuevo blog escrito también por mí toma el relevo! Un nuevo blog que se titula:

Going rogue, going Palin

Y que va a ser la monda, se lo prometo. O sea, que de entristecerse nada de nada. Al contrario, ¡que empiece la fiesta! Y qué mejor manera de empezar que echándole un vistazo a su nuevo (espero) blog palinista favorito… Ya me dirán.

 

Nos vemos a partir de ahora en GRGP, que no tardará en entrar en funcionamiento. Saben que serán todos bienvenidos. No me falten (pasaré lista, ¿eh?).

P.D. Siento el susto que se habrán llevado algunos al leer el título, pero tenía que atraer su atención y no me digan que no lo he conseguido, ¿verdad? Si es que cuando soy malo…

P.P.D. America is Ready! marcha viento en popa y a toda vela. Cada vez falta menos. Y por menos me refiero a semanas, no meses.


Escribiendo America is Ready! – Diario de una gran aventura (VI)

20/02/2011

 

Amigos míos, háganme caso: si alguna vez se plantean escribir un libro, aunque sea de recetas de cocina, dejen el trabajo, divórciense (esto es esencial: no hay esposa que soporte que su marido se dedique todo el día a darle a la tecla… ¡y menos si es para escribir sobre otra mujer!), avisen a la familia de que se van a la guerra y que sólo podrán llamarles dos veces al mes y alquilen una cabaña perdida en la sierra, mejor si es un sitio al cual sólo se puede llegar en helicóptero. Entonces tal vez logren concentrarse lo suficiente como para que la aventura de escribir sea sólo eso: una aventura y no una odisea.

El autor después de haberse enterado de que tiene que llevar a su sobrino favorito al cine justo cuando él se pensaba que iba a poder dedicarse a aporrear teclas toda la tarde, ahora que se sentía inspirado para escribir un capítulo de una tirada. ¡Grrr! Si es que no se puede ser el tío molón…

Sobre el libro

De nuevo les tengo que pedir perdón por mi desaparición. Ya parezco el Guadiana, ora aparezco, ora desaparezco. La única excusa que tengo es que es tengo un buen motivo. Les explico: escribir America is Ready! se ha convertido en algo que me ocupa todo mi tiempo libre, que es poco desgraciadamente. Lástima no poder dejar de dormir una temporada porque me iría de perlas. Por eso les he indicado arriba las condiciones indispensables bajo las cuales uno puede plantearse la idea de escribir porque si no… El trabajo, la familia, la casa, etc. Distracciones y más distracciones y montones de horas perdidas. Y aún suerte que no estoy casado, pero como me han comentado aquellas de mis amigas que conocen mi personalidad secreta, “si mi marido pretende tirarse seis meses escribiendo a todas horas sobre otra mujer, antes de que termine el primer capítulo está muerto”. O aquella otra que me dijo: “¿Seis meses en casa y pasarse todo el rato escribiendo? ¡Estás loco! ¡Con la cantidad de cosas que hay siempre por hacer!”. O la última: “¿Seis meses en casa a todas horas? ¡Si no lo aguanto seis horas seguidas!”. ¡Ah, qué bonito es el amor! ¿Verdad?

En fin, que les explico: America is Ready! ya empieza a estar listo. Actualmente estoy trabajando a marchas forzadas para tenerlo preparado antes del 1 de abril. Estoy haciendo la última revisión del manuscrito y empieza a gustarme lo que he escrito. Además estoy editándolo ya para su publicación. En principio, será un libro de 15×21 cm (ahorro de costes, ya saben). Existe también la posibilidad de que sea más grande: 17×23,5 cm, pero me ha parecido excesivo aunque estoy abierto a todo tipo de sugerencias al respecto. Calculo que serán unas 400 páginas en total.

Me ha surgido un problema con el último capítulo: “Las elecciones del midterm”, que voy a reescribir de nuevo. No me gusta nada como ha quedado y estoy esperando a terminar la revisión de los restantes capítulos para ponerme a ello. Calculo que esta semana que viene terminaré con eso y la primera de marzo podré dedicarme a rehacer el capítulo-pifia. Diez días para ello y listo. Y entonces ya sólo necesitaré tres días para hacer una última lectura de todo el manuscrito y comenzar por fin con la parte técnica de todo el asunto: índice, números de página y demás. ¡Y a publicar! Si todo va bien, a primeros de abril estará a su disposición.

La parte de la publicación es lo que más me preocupa porque no tengo ni idea de cómo saldrá. Lo haré a través de Bubok y me he descargado la guía que tienen allí. En principio, no parece demasiado complicado, pero estas cosas siempre imponen un poco de respeto. Cuando llegue el momento, voy a pedir una semana de vacaciones en el trabajo para poder dedicarme en cuerpo y alma a ello y que no haya ningún problema. Y si lo hay, estar disponible para resolverlo.

Les confieso que a veces pienso que estoy escribiendo una tontería y que cuando lo lean me van a maldecir los huesos: “¡Vaya con Bob! ¡Tanto rollo para este bodrio!”. Otras veces, sobre todo después de haberme tomado una cervecita fresquita, pienso que no está mal y que posiblemente le solucione sus problemas de insomnio a más de uno. Después de dos, ya pienso que aquello es macanudo y que va a ser muy leído. Después de tres, ya empiezo a pensar en escribir la segunda parte… Suerte que nunca paso de tres, sólo bebo en casa y así me queda cerca la camita para irme a dormir la mona.

En consecuencia, que les ruego que tengan un poco más de paciencia conmigo. Ya saben que estoy solo (todos nosotros estamos solos en este maldito mundo progre; suerte de Sarah que ha hecho que nos hayamos encontrado que si no sería terrible) y la tarea que me he impuesto me sobrepasa por todos los lados. Como digo en mi introducción, ojalá este libro lo hubiera escrito alguien mejor que yo. Ojalá lo hubiera escrito Rillot, lo digo sinceramente. Él sí que hubiera hecho algo meritorio mientras que yo, con suerte lograré algo legible y aún gracias. Pero las cosas han venido así y de lo único que pueden estar seguros es que no cejaré en mi empeño. Palabra de Palin.

Sobre el blog

Y también tengo novedades sobre “Conservador en Alaska”. La primera es que lo voy a clausurar… ¡Tranquilos, tranquilos! ¡No hay motivo para la alarma! La segunda novedad es que si lo clausuro es simplemente porque voy a abrir otro nuevo dedicado también a Sarah Palin. Tendrá otro título (no se lo digo porque quiero que sea una sorpresa), pero seguirá siendo el mismo blog que todos ustedes conocen sólo que incorporará toda la experiencia que he acumulado en este sentido durante estos dos años que llevo dedicado a ello.

El motivo es sencillamente que tras la publicación de America is Ready! voy a abrir una nueva etapa. Y una nueva etapa exige algo que la haga evidente. El nuevo blog será más efectivo a la hora de dar a conocer a nuestra admirada Sarah Palin y, como quiera que estoy convencido de que habrá una candidatura suya a las elecciones de 2012, el enfoque que tendrá será precisamente ese: el apoyo a su candidatura. “Conservador en Alaska” estuvo muy bien para darla a conocer, pero ahora necesitamos otra cosa: hacer un seguimiento permanente de su actividad. Lamentablemente, yo solo no podré dedicarme a ello tan intensamente como me gustaría, pero sí que creo que podré llevarlo decentemente. Habrá mucha actualidad, comentarios cortos sobre esa actualidad, reportajes de investigación sobre su historia política y personal, explicaciones de los intríngulis del sistema político estadounidense, etc. Creo que puede salirme algo bueno y como quiera que ya no estaré agobiado por el libro, me encontraré de pronto con un buen montón de tiempo libre para escribir.

Como ya les digo, ya está todo preparado y tan pronto como termine la revisión del libro y tenga el manuscrito completo, se encontrarán un día con una entrada en la que aparecerá un enlace al nuevo blog. Eso será a mediados del mes que viene, si Dios quiere, y la inauguración efectiva del blog será tan pronto como haya concluido la tarea de publicación de America is Ready! Y ojalá que la primera noticia que tenga para ofrecerles sea ésta: “¡Sarah Palin anuncia su candidatura a las elecciones de 2012!”.

Estaría bien, ¿eh?

Un abrazo muy fuerte de mi parte para todos ustedes y gracias, muchas gracias, por sus mensajes de apoyo. Me ayudan mucho, sobre todo cuando me siento desanimado que es casi todo el tiempo.


America by Heart. Un resumen (V)

23/01/2011

 

Ya lo tengo decidido: será a través de Bubok. Me refiero a la publicación de mi libro, America is Ready! Tanto me han insistido ustedes en que lo hiciera así que no he podido por menos que hacerles caso. He estado mirando cómo funcionan las cosas por ahí y me parece que me las podré apañar. La verdad es que reconozco que el resultado será mucho mejor, pero me sabe mal que tengan que gastarse el dinero en ello. Procuraré ajustar el precio lo máximo posible y les aseguro que mi margen será en exclusiva el justo para cubrir los gastos. Mi intención es que nadie pueda quedarse sin el libro por cuestiones económicas. Estoy trabajando todo lo que puedo para tenerlo listo para el 14 de marzo, segundo aniversario de este blog, pero aún no sé si podrá ser. Lo que sí que les prometo es que no lo publicaré hasta que esté seguro de que no lo puedo mejorar más. Es lo menos que se merecen ustedes.

¡Vaya pedazo de foto que les he puesto! Es casi un poster, je, je, je. Bueno, es que es un poster. ¿Se imaginan que la habitación de quién decora?

Capítulo cuarto: Raising (Small-r) Republicans (Criando republicanos con r minúscula)

Que su familia es lo más importante en esta vida para Sarah, ya lo sabíamos. Por eso no es ninguna sorpresa su confesión en tal sentido con la que abre este nuevo capítulo. Y como muchas otras madres en todo el mundo, ella también marca el tiempo asociándolo a los diferentes sucesos que acaecen en su familia como, por ejemplo, recordando que la última vez que estuvo en Ohio fue justamente cuando a Piper se le cayó uno de los dientes de arriba.

En estos tiempos cuando tanto se denigra a la familia, resulta reconfortante leer como Sarah sigue poniéndola por delante de cualquier otra cosa y reconociéndola como la base de su vida. Su familia le conforta, le protege y le ayuda a mantener los pies sobre la tierra.

Aprovechando el recuerdo de sus vacaciones infantiles recorriendo el Chilkoot Trail, el camino de cincuenta kilómetros que era la puerta de entrada de los pioneros que buscaban su fortuna en el antiguo territorio de Alaska, Sarah nos explica la gran enseñanza que supuso para ella el ver cómo al ser los niños Palin demasiado pequeños para cargar con una pesada mochila, era su padre, Chuck, quien se deslomaba acarreando con todo el peso del equipo necesario para su semana larga de acampada, haciéndolo gustoso para que sus hijos pudieran disfrutar del recorrido, aprendiendo de paso una historia importante, la de su estado, un estado construido con esfuerzo y dedicación y con mucho, mucho sudor.

Por supuesto, muchas feministas han clamado (y siguen clamando) contra la familia diciendo que impide a una mujer ejercer su libertad, pero para Sarah la familia ha supuesto precisamente lo contrario. En primer lugar, porque la familia no es sólo donde naces sino también a quien escoges –o sea a Todd, a quien reconoce como su socio en todo: “en la vida, en el amor y peleando contra el New York Times” y reconoce también la gran suerte que ha tenido conociéndolo. En segundo lugar, porque a ella su familia no le ha coartado en absoluto sino, antes al contrario, le ha supuesto una motivación. Cuando le preguntaron durante la campaña electoral cómo lo haría para equilibrar su vida familiar con sus deberes como vicepresidenta si ganaban las elecciones, se maravillaba de que no entendieran que ella no tenía nada que equilibrar porque los Palin lo hacen todo juntos y si hubieran ganado, allí estarían todos en la Casa Blanca bregando todos con ello, no sólo ella. De paso, aprovecha para mandarle un recado a la estúpida periodista progre que le hizo la pregunta al imaginarse que le hizo la misma pregunta a todos los candidatos y no sólo a ella, ¿verdad?

La familia Palin lo hace todo junto. Y ello les ayuda a entender que ninguno de ellos es el más importante sino que, antes al contrario, lo que es importante para uno de ellos, lo es para todos. Y que los desafíos se afrontan mucho mejor haciendo piña todos juntos. Porque nadie está libre de esos desafíos y alguien que pretenda lo contrario le resulta muy difícil de creer a menos de que se trate de alguien tan aburrido y vacío que sea difícil de imaginárselo. Por ejemplo, el embarazo de Bristol con apenas diecisiete años. Pues claro que fue un palo para ellos saber la noticia. Eso sucedió cuando ella era gobernadora de Alaska y bregaba con la tarea de dirigir el estado más extenso de la Unión mientras Todd trabajaba en los campos petrolíferos de North Slope, angustiados por la decisión de Track de alistarse en el Ejército, cuidando al resto de sus hijos menores y a la espera de que el aún no nacido Trigg viniera al mundo.

Sarah reconoce que pensaba que Bristol era ya lo bastante sensata para tomar siempre las decisiones adecuadas, pero que se equivocó y lo lamenta. Es cierto que su nieto, Tripp, es una bendición y Sarah aprovecha para explicarnos que fue ella quien estuvo con Bristol en el paritorio y que fue ella quien cortó el cordón umbilical porque el cretino del padre de la criatura (opinión mía, que Sarah no dice nada al respecto) no estaba allí todavía. Sarah se sentía feliz por la llegada de su nieto, pero también sabía que eso tendría que haber pasado diez años más tarde y no ahora.

Ser padre adolescente supone mucho trabajo y muy poca diversión. Bristol lo comprendió pronto y lo asumió: volvió al instituto, trabajó a tiempo completo, cuidó de un bebé que les dio muchas noches sin dormir, etc.

Y con respecto al cretino del padre de la criatura (de nuevo opinión mía), Sarah reconoce que más de una vez se tuvieron que morder la lengua a medida que el niñato pretendía labrarse una carrera en el show business más repulsivo, contando mentiras acerca de todos ellos. Cierto que no toda la culpa era suya porque estuvo mal aconsejado por adultos dispuestos a aprovecharse de “un niño confuso”. Pero aunque no toda la culpa fuera suya, una buena parte sí que lo era. Las mentiras que contaba eran excesivas y Track, en Irak por aquel entonces, rabiaba teniendo que saber lo que ese majadero explicaba sobre su familia. Mejor tal vez para el cretino que estuviera tan lejos de su alcance porque si no quizás sí que hubieran tenido más que palabras los dos ex compañeros de equipo de hockey.

También Willow y Piper sufrieron por ello. Sarah confiesa que sintió un poco de vergüenza también por la situación porque eran una familia “normal” y eso se suponía que no les debía haber pasado nunca. Confiaba en que todo acabaría pasando, pero a veces tenía sus dudas y ella y Todd sentían que no podían más.

Si lo superaron finalmente fue gracias a las palabras de Helen Keller: “El carácter no puede desarrollarse en calma y silencio. Sólo a través de la experiencia de la prueba y el sufrimiento puede el alma fortalecerse, inspirar la ambición y el éxito conseguirse”. Y eso fue lo que les pasó a los Palin durante esos dos últimos años. De esa prueba, de ese sufrimiento, los Palin han salido robustecidos y formando una familia mucho más unida que nunca.

Y después del sufrimiento, la alegría de tener un nuevo hijo. Algo que a pesar de repetirse a diario por todo el mundo no deja de ser único e irrepetible cada vez que sucede como bien reportó The Onion cuando publicó un artículo titulado: “El milagro de la vida sucede de nuevo por 83 billonésima vez”, la primera cita de Sarah en este capítulo tan personal.

Y la siguiente cita, sin que sirva de precedente, es de la propia Sarah, de Going Rogue: “El 20 de abril de 1989 mi vida empezó realmente. Ese día fui mamá”. Fue el día del nacimiento de su primer hijo, Track, y es cierto que su vida cambió por completo. Y es que la paternidad lo hace siempre porque es en ese momento cuando comprendes que no todo el mundo gira alrededor de ti aunque a veces esa comprensión llegue un poco después. Y cuando comprendes eso, te conviertes en una persona mejor. Una nueva cita de un libro de Tony Woodlief titulado Somewhere More Holy, le sirve a Sarah para ilustrarnos sobre cómo el corazón de una madre (y de un padre) cambia cuando Dios les concede la bendición de un hijo a través de la historia de una madre a quien sus cuatro hijos interrogan para saber a cuál de ellos quiere más y como ella logra convencerlos de que los quiere a todos por igual porque su corazón es como una casa llena de habitaciones y cada uno de ellos tiene una habitación para él solo.

Una familia es algo ordinario y sagrado; son pañales sucios y algo tan santificado como el agua bendita. Y el resultado final de todo ello es lograr hacer de nosotros las personas que se supone que vamos a ser finalmente. Y en contra de aquellos padres que hablan tanto de “calidad” del tiempo que pasan con sus hijos para justificarse por el poco tiempo que pasan con ellos, Sarah afirma que lo importante es precisamente la cantidad. Los momentos mágicos entre unos padres y sus hijos no se pueden programar así que hay que estar ahí todo el tiempo posible, algo en lo que le apoya Fred Barnes, editor del Weekly Standard, en una nueva cita sobre su propia experiencia con cuatro hijos que, resumida, viene a decir que ser padre significa simplemente estar ahí.

Mirar a la cara de un bebé es la prueba viviente de la existencia de Dios. Uno no podría haber creado algo tan maravilloso por su cuenta. Y eso es el gran don de la familia: poner las cosas en su sitio y hacernos comprender que lo mejor de la vida no siempre es limpio o predecible, pero que precisamente por eso le añade excitación a lo que supone tener una familia.

Una nueva cita: un anuncio de una campaña pro-vida que simplemente mostraba la cara de unos niños alegres y sonrientes con una voz al fondo que explicaba que todos esos niños tenían algo en común: habían sido embarazos no previstos que bien podrían haber acabado en un aborto, pero que sus padres lo asumieron y descubrieron que a veces las mejores cosas en la vida no son planeadas y que la vida es siempre una maravillosa elección.

A Sarah le preocupa mucho el camino que ha tomado su país bajo la presidencia de Obama, pretendiendo que la gente se abandone al Estado para que sea éste quien se haga cargo de todo, lo que supondrá que pueda parar “el ascenso de los océanos y sanar el planeta”, sólo con más dinero de los contribuyentes y más control burocrático. Pero esto es casi una religión, no política. Y es la familia lo único que puede revelar la falsedad de esta pretensión, especialmente el amor que sentimos por nuestros hijos. A Sarah le pasó cuando oyó cómo la hija de once años de Obama, Malia, le preguntó un día inocentemente a su padre si había tapado ya el agujero [se refería al vertido de petróleo en el Golfo de México]. Sarah imagina que eso debió hundir toda la presunción de Obama al comprender que ni siquiera él, el hombre más poderoso del mundo, podía tapar ese agujero por más que la fe de una hija en su padre pueda obrar milagros. Pero es que los estadounidenses no son niños y Obama no es su padre.

Leyendo Witness, su nueva cita, la autobiografía de Whittaker Chambers, un estadounidense que espiaba para la Unión Soviética en los años 30 y que renunció al comunismo y descubrió a más espías infiltrados en los Estados Unidos, Sarah resalta la carta que Chambers escribió a sus hijos en la que describe el momento en el que comprendió la intrínseca falsedad del comunismo simplemente contemplando a su hija pequeña y dándose cuenta de que sólo Dios podía haber creado algo así. Su hija no era una mera casualidad biológica. Y como lo descubrió Chambers, lo descubre cada día cada padre y cada madre del mundo. Sus hijos son una bendición de Dios y la paternidad y la experiencia de tener una familia te saca de tu solitario yo y te lleva a formar parte de una gran comunidad. Cuando eres padre, padrastro o de alguna manera tienes la responsabilidad de una vida, tienes esa vida en tus manos y quieres asegurarte de que el mundo es un lugar seguro para él.

Un nuevo apartado de este capítulo nos lleva a la Constitución. ¿Por qué no hay ni una sola referencia a la familia o al matrimonio en ella? Sencillamente porque en 1787 lo que los Padres Fundadores pretendían era establecer una forma de gobierno respetuosa con los principios de la Declaración de Independencia y no inmiscuirse en la vida privada de los estadounidenses.

Y es que en aquellos tiempos la cuestión de la familia no estaba en la agenda política. Una cita de un libro de 1782 escrito por un francés emigrado a los Estados Unidos llamado J. Hector St. John de Crèvecoeur recoge en forma de cartas la maravilla que supone tener hijos y el placer que representa el ayudar como padre a formar sus caracteres, reprendiendo sus pequeñas faltas y estimulando sus buenas acciones como han hecho toda la vida todos los padres en todo el mundo y como es su obligación. Los Padres Fundadores entendían que eso estaba fuera del campo de actuación del gobierno y que una república sana se fundamenta en ciudadanos virtuosos que son criados así por sus respectivas familias y no por el gobierno. Para algunos, eso ya no sirve puesto que los Padres Fundadores eran hombres blancos y, en consecuencia, no representativos de lo que los Estados Unidos han llegado a ser. Pero hay una excepción: Abigail Adams, la esposa de John Adams, el segundo presidente. Las cartas cruzadas entre ellos dos constituyen la nueva cita de Sarah, especialmente aquella en la que Abigail le recuerda a su marido, entonces en Filadelfia ayudando a redactar la Constitución, que no se olvidara de las mujeres cuyo patriotismo, a pesar de estar excluidas de la vida pública, no desmerece en absoluto del de los varones.

También trataban sobre el cuidado de sus hijos, estando ambos de acuerdo en que, tal y como escribió posteriormente Adams, “los fundamentos de la moralidad pública residen en las familias particulares” y que sólo el amor por el bien común, el interés público, el honor, el poder y la gloria permitirán que exista un gobierno republicano y una auténtica libertad. Es decir, criar republicanos con r minúscula significa criar buenos y decentes hijos.

Para los Padres Fundadores estaba claro pues que debían ser las familias las que inculcaran a sus hijos los hábitos y la disciplina necesaria para que los niños se convirtieran en adultos responsables. Formar parte de una familia nos enseña a confiar y respetar a los demás, poner sus necesidades por encima de las propias y evitar las decisiones cortas de vista a la hora de planificar el futuro. Y si la República dependía de sus ciudadanos, los ciudadanos esperaban de la República que defendiera su libertad. Y como Allan Carlson, un experto en temas familiares, explica en uno de sus libros, es la reserva de los poderes de los estados (Décima enmienda) y de los derechos del pueblo (Novena enmienda) en la Constitución la primera salvaguarda contra los experimentos sociales a los que se puede sentir tentado cualquier gobierno.

Y es que el gobierno actual ha abandonado por completo la idea de un gobierno que resida en una institución familiar fuerte y que respete la libertad y los derechos de esas familias, algo que los Padres Fundadores jamás pretendieron que sucediera.

¿Y qué ha socavado más la institución familiar que el divorcio y los hijos sin padre? Algo que empezó a darse en los años 60 y que es ahora cuando demuestra sus consecuencias: altas tasas de delincuencia, abuso de drogas y dependencia del estado del bienestar. El huracán Katrina fue un desastre natural, pero una de sus consecuencias posteriores fue revelar la existencia de una población dependiente del gobierno e incapacitada por la destrucción de la institución familiar.

Algunos hablaron entonces de racismo, pero los datos son claros: el 70% de los niños negros nacidos en 2004 en los Estados Unidos lo eran de una mujer soltera; la pobreza entre los negros en Nueva Orleans alcanzaba entre el 60 y el 80%. La falta de padre se traduce rápidamente en altas tasas de criminalidad (en Nueva Orleans es cuatro veces superior a la de ciudades de tamaño similar), fracaso escolar y abuso de drogas.

Sin embargo, aunque fue en Nueva Orleans donde las imágenes fueron más impactantes, el Katrina golpeó a toda la costa del Golfo de México. ¿Por qué esa diferencia con el resto de estados afectados? Sencillamente porque en el resto de ciudades la institución familiar persistía, no porque a George W. Bush “no le preocupan los negros”, como dijo uno.

Ya en 1965, Daniel Patrick Moynihan, un funcionario del Departamento de Trabajo bajo la administración Johnson, redactó un informe alertando de lo que supondría para los negros el abandono de la familia estable, reconociendo que la mayor bendición que un niño puede tener es una vida familiar ordenada, estable y disciplinada. Por supuesto, las elites liberales de Washington le crucificaron por eso y le acusaron de racista y de culpar a las víctimas.

Y como que valor para enfrentarse con la estupidez no le falta a Sarah, acto seguido opina sobre lo que sucedió en su momento con aquella serie de éxito, Murphy Brown, cuando en 1992 la protagonista decidió tener un hijo y criarlo ella sola, sin contar con el padre de éste. Al día siguiente, el entonces vicepresidente, Dan Quayle, comentó que era una pena que los guionistas de la serie decidieran mofarse de la importancia del padre en el cuidado de su hijo y considerarlo simplemente como “otro estilo de vida”.

Como que era año electoral, los Clinton se lanzaron sobre Quayle y le dijeron de todo menos bonito, lo que supuso el final de sus aspiraciones a suceder a George H. W. Bush como presidente. Pero la verdad es que Quayle tenía razón y así lo reconoció The Atlantic Monthly unos pocos años después cuando aceptó que la familia importa y que los padres también. La izquierda pretende que cualquier grupo de gente a la que escojamos ponerle el nombre de “familia” sirve, pero eso no es así cuando se trata de criar a un hijo. Y tampoco es cierto que el divorcio no afecte a la calidad de vida de los hijos.

Una nueva cita abunda en esto. La de James Q. Wilson comentando en el Wall Street Journal los efectos perniciosos de la falta del padre en los niños y advirtiendo de la importancia de hacer más caso de la experiencia humana que de la teoría política progresista cuando se trata de este caso. Y es que está más que demostrado que la desorganización familiar conduce a la delincuencia en los barrios pobres y que para evitar la pobreza basta con tres cosas: acabar el instituto, casarse antes de tener hijos y tenerlos sólo después de los veinte años. Sólo el 8% de los que hacen eso son pobres mientras que quienes no lo hacen son pobres en un 79%.

Bristol Palin cometió un error y lo reconoce y por más que algunos la acusen ahora de hipócrita, su trabajo en Candie’s Foundation advirtiendo a los jóvenes estadounidenses que la abstinencia sexual es el mejor método para evitar un embarazo no deseado va a continuar. Porque es una Palin y los Palin no se sientan y se callan. Y porque entre Bristol y Murphy Brown, Sarah escogerá siempre a Bristol. Como nosotros también.

Y mientras tanto, los Palin siguen viviendo sus vidas. Todd, Track, Bristol, Willow, Piper, Trig… De todos ellos Sarah nos da unos apuntes acerca de cómo están siendo sus vidas ahora mismo. Pero mientras la suya va haciendo, las familias de todos los estadounidenses están sometidas a un constante asalto por parte del gobierno. Y lo peor de todo es que la izquierda justifica todas sus atrocidades en nombre “de los niños”, lo que se ha convertido en algo así como la raza en una discusión: una manera de cerrar bocas. Si es por los niños, no hay nada que oponer.

Pero es que no es el Estado el que tiene que cuidar de los niños, sino nosotros mismos. Y como explica el reverendo Bil Banuchi, esa obligación de cuidar de los niños, de todos los niños, está en la Biblia, pero Jesús dio ese mandamiento a personas libres, no al Estado. Jesús siempre se dirigió a las propias personas y nunca a un gobierno porque Él hablaba a los hombres cara a cara. Y la única causa “en nombre del los niños” en la que Sarah reconoce que puede creer es la de la lucha por el futuro de las familias estadounidenses.

Y en la próxima entrada hablaremos sobre varias cosas: la revocación (que todavía no es tal, por desgracia) de Obamacare, algunos datos sobre el mensaje de Sarah Palin tras el tiroteo de Arizona y más cosas. Será variado, ciertamente.


El GOP se renueva… ¡Falta que le hace!

19/01/2011

 

Durante estos últimos días estoy recibiendo muchos mensajes por parte de ustedes animándome a publicar ese libro que les tengo prometido: America is Ready! Gracias a todos. No saben lo mucho que me alegra leerles y comprobar que están tan ilusionados con leerlo como yo estoy disfrutando escribiéndolo. Por supuesto, tomo buena nota de sus consejos y ya puedo anunciarles que sí, que finalmente publicaré el libro como Dios manda y así quien lo desee podrá tener un ejemplar en su biblioteca. Y no descarten la posibilidad de que algún día se lo firme personalmente. Si finalmente se hace realidad ese rumor que corrió el año pasado y que decía que los amigos del GEES iban a traer a Sarah Palin a España para celebrar el vigésimo quinto aniversario de su fundación, pueden estar seguros de que un servidor estará a las puertas de donde sea que se celebre el acto gritando enfervorizado: ¡Sarah, Sarah, Sarah! Y hasta intentaré colarme porque mucho me temo que el acto será sólo por invitación y a mí no me va a invitar nadie. Es lo que pasa con los pequeños: hacemos todo el trabajo, pero los laureles se los llevan otros, ¡snif! Al menos podré conocer a muchos de ustedes, seguro.

¿Qué quiénes son estos? Pues los protagonistas de mi entrada de hoy. Sigan leyendo, sigan…

¿Qué es lo más importante que ha sucedido últimamente? Pues aunque no tenga que ver directamente con Sarah Palin, sí que tiene mucha relación con ella. Se trata de la elección del nuevo chairman (presidente) del Republican National Committee (Comité Nacional Republicano; más conocido como RNC); para entendernos, el presidente del Partido Republicano. Y eso es algo que tuvo lugar el pasado viernes 14 de enero y que resultó, tal y como ya les anuncié en mi última entrada, en la elección de Reince Priebus para el cargo.

Y es que el Partido Republicano de los Estados Unidos elige a su máximo dirigente cada dos años, pudiendo presentarse al cargo quien así lo desee con tal de que sea miembro del partido. Sin embargo, el que sea un cargo electo no quiere decir que quienes lo elijan sean los propios miembros del partido, sino solamente los 168 miembros del RNC, llevándose el gato al agua (o más bien la poltrona al culo) aquel candidato que logre el voto favorable de la mayoría absoluta de sus miembros, o sea 85 votos.

En este año de 2011, la elección de chairman era especialmente comprometida puesto que quien ganase sería el encargado de guiar al partido por todo el período de elecciones primarias que comenzarán a partir de enero de 2012, la posterior convención nacional republicana de agosto y, finalmente, las elecciones presidenciales, pudiendo resultar que concluya su mandato en 2013, esperemos, en plena toma de posesión de la primera presidenta republicana en la Casa Blanca (¿se imaginan quién podrá ser ésa? Yo sí).

En 2009, tras el desastre de las elecciones presidenciales del año anterior, el GOP, aún en estado de shock tras la derrota, eligió como chairman a Michael Steele, un antiguo lieutenant governor (vicegobernador) del estado de Maryland. En aquel momento, Steele parecía una buena elección, destacando algunos el hecho de que fuera negro y católico, lo cual está muy bien pero si alguien le votó sólo por eso flaco favor le hizo al GOP. El caso es que Steele tenía buena prensa, se desenvolvía bien en los medios de comunicación (el chairman del GOP pasa mucho tiempo dedicado a esos menesteres y tiene que tener dotes para la comunicación puesto que su palabra es la oficial del partido y no es cuestión de que meta la pata) y visto el resto de candidatos, muchos lo consideramos una buena elección. Que luego resulte que nos ha salido más RINOchairman que chairman, que su gestión económica haya sido desastrosa y que el GOP se encuentre ahora mismo con un agujero en sus cuentas de veinte millones de dólares, que a la hora de dar la batalla al Partido Demócrata se haya escudado en las medias tintas y el “centrismo” y que no haya sabido cómo integrar al movimiento Tea Party dentro del Partido Republicano e incluso lo haya combatido más o menos solapadamente son cuestiones que pesan en su debe mientras que poco podemos encontrar en su haber, la verdad sea dicha. ¡Ah, y que no se no olvide! Con Sarah Palin su relación ha sido correcta, meramente correcta. O sea nada de nada. O sea que a él, como a todo el establishment, quien le mola es Mitt Romney y si bien todos recordamos a Steele presentando a Sarah en aquel maravilloso acto en Indiana organizado por el Vandenburgh County Right to Life, podemos estar bien seguros de que Steele jamás será acusado de “palinista”.

Tras el fracaso de Steele, toca cambiar de rumbo en el GOP. Más que nada porque la advertencia dada al partido por parte de los votantes durante estas últimas primarias ha sido clara y contundente: hay otras opciones para los conservadores. El GOP ha experimentado un acusado descenso en las donaciones económicas que solía recibir y gran parte de esos donantes se han decantado por otros grupos políticos, muchos de ellos vinculados de una u otra manera al movimiento Tea Party. El resultado es esa deuda de veinte millones de dólares que ya les he comentado que tiene el partido ahora mismo, además de haberse enajenado a una gran parte de su base social, la conservadora, y a su gran y único activo, Sarah Palin.

Y es que si no fuera por la insistencia de Sarah Palin en permanecer dentro del GOP, mucho me temo que el movimiento Tea Party hubiera acabado convirtiéndose un tercer partido (un grave error en mi opinión), pero es muy posible que así hubiera sucedido. La frustración de millones de votantes que se sintieron abandonados y hasta despreciados por su propio partido en las elecciones de 2008, con una candidatura tan poco conservadora como lo era la de John McCain, por más que al final fuera Sarah Palin quien mantuviera la única ligazón entre esos votantes y McCain, bien podría haberles llevado a eso. Pero no tengan la más mínima duda de que ha sido la propia Palin la que más ha hecho para evitar esa ruptura, negándose a contemplar siquiera la posibilidad y hasta advirtiendo en su contra. Y es que si no hubiera sido por ella, por su papel reconocido y asumido voluntariamente por todos de cabeza del movimiento conservador estadounidense, esos mismos conservadores estadounidenses se hubieran cuarteado sin duda alguna y ahora el Partido Demócrata estaría frotándose las manos complacido ante el espectáculo.

En fin, que algún día alguien reconocerá ese papel jugado por Sarah Palin (yo, por ejemplo, en America is Ready!). Pero mientras llega ese día, vayamos a ver qué ha sucedido en estas elecciones al penthouse (ático) de la sede del GOP, donde moran los jefazos y los pobres administrativos de la planta baja no pueden soñar en subir ni siquiera a llevar una carta.

Cinco eran los candidatos en liza, los de la foto de arriba:

  • Saul Anuzis, antiguo chairman del Partido Republicano de Michigan y actual chairman de la organización Save American Jobs Project.
  • Maria Cino, antigua vicepresidenta del RNC y directora política de la campaña electoral de George W. Bush en 2000.
  • Reince Priebus, actual chairman del Partido Republicano de Wisconsin (sí, sí, el estado natal de Sonny Munroe, la de Sonny takes a chance –que en España se titula Sunny entre estrellas).
  • Ann Wagner, antigua chair del Partido Republicano de Missouri y antigua embajadora de los Estados Unidos en Luxemburgo (un destino tranquilito, realmente).
  • Michael Steele, actual chairman del RNC y antiguo vicegobernador de Maryland, que se presentaba a la reelección.

También hubo candidatos que se retiraron antes de llegar al día de las elecciones, como:

  • Gentry Collins, antiguo director político del RNC.
  • Gary Emineth, actual chairman del Partido Republicano de Dakota del Norte.

Como pueden ver, todos tienen más que experiencia en lo de chairman (o chair como dicen ellos cuando se trata de una mujer). La campaña electoral tampoco es que resultara muy llamativa, más que nada porque se trataba de un asunto interno del GOP, pero el acto más relevante de esa campaña fue un debate celebrado con todos los candidatos (los cinco finales) el pasado día 3 de enero en el National Press Club de Washington, DC, organizado por la organización Americans for Tax Reform.

¿Qué se puede decir del debate? Pues que duró alrededor de hora y media, tal vez un poco más; que los moderadores fueron Grover Norquist, presidente de Americans for Tax Reform, y Tucker Carlson, periodista de The Daily Caller, y que las preguntas que se les formularon a los candidatos habían sido remitidas por los propios estadounidenses a través de la página web RNC Debate. Se recogieron cerca de 900 preguntas, seleccionándose al azar las que iban a ser formuladas durante el debate, así como se sorteó también la distribución de los asientos entre los candidatos.

¿Algunas preguntas? Pues estas, por ejemplo:

¿Vio usted la victoria de Christine O’Donnell sobre Mike Castle en Delaware como un triunfo o como un desastre?

Je, je, je. La primera en la frente. Todos los candidatos se escudaron en la independencia de los respectivos partidos estatales a la hora de elegir a sus propios candidatos. Nadie respondió directamente a la pregunta aunque  todos reconocieron que los votantes tienen la última palabra y que los candidatos deben reflejar los valores (conservadores) de esos mismos votantes.

Pregunta sobre si la cuestión del matrimonio como la unión únicamente de un hombre y una mujer debe ser planteada ante los medios de comunicación.

Todos de acuerdo en ello. Luego ya veremos qué pasa cuando los de la CBS le pregunten a Priebus sobre la cuestión, pero su respuesta fue la más contundente de todas, negando el derecho de los jueces a reescribir la Constitución, declarando que los niños deben crecer con un padre y una madre y afirmando sin lugar a dudas que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.

¿Cuál ha sido el mayor error del GOP en estos últimos diez años pasados?

Me quedo con la respuesta de Priebus: “No hacer lo que dijimos que íbamos a hacer”. Y punto. Los demás estuvieron todos en la misma onda, confesando que el partido había perdido su orientación conservadora… ¡Si incluso el RINO de Steele tuvo la cara de confesarlo! A buenas horas, mangas verdes.

¿Qué significa ser republicano?

Para casi todos lo que cualifica a uno para considerarse republicano es el conservadurismo fiscal, la defensa de los Estados Unidos, la protección de la familia, etc. Valores todos ellos conservadores y tradicionales en el Partido Republicano. Aquí varios de los candidatos citaron entusiasmados a Reagan.

La cuestión del aborto

Priebus fue el más claro sobre la obligatoriedad de un republicano de apoyar la vida. Todos están de acuerdo en colaborar más estrechamente con las distintas organizaciones pro-vida, pero algunos de ellos como Steele y Cino me parecieron menos comprometidos aunque todos estuvieron de acuerdo en que era una cuestión que debía ser prominente en el programa electoral del partido.

¿Cómo lo haría para incorporar  a los nuevos grupos conservadores en el partido?

Evidentemente se refieren al movimiento Tea Party. De nuevo, Cino y Steele me parecieron los menos interesados en la cuestión, algo que Steele ya ha demostrado suficientemente por otra parte. Priebus me gustó por decir que el Partido Republicano no está compitiendo con el movimiento conservador sino que es parte de ese movimiento y que deben ser sus actos los que hablen por ellos, algo que se ha echado mucho en falta en estos últimos años, la verdad.

Aparte de Ronald Reagan, ¿cuál es su político favorito?

Para Priebus, lo es Lincoln. Para Wagner, el general John Ashcroft. Para Anuzis, “Ludwig von Mises de FreedomWorks” (sic). Para Steele, Frederick Douglass. Para Cino, Margaret Thatcher.

Ésta me gusta: ¿Cuántas armas tiene usted en casa?

Cino y Steele no tienen más armas que un paraguas, je, je, je. Priebus tiene cinco, Wagner más de 16 (ésta tiene un regimiento de paracaidistas en casa por lo menos) y Anuzis lamentó tener sólo cuatro.

LA PREGUNTA DE TODAS LAS PREGUNTAS: ¿PUEDE SARAH PALIN GANAR UNAS ELECCIONES?

SÍ. Hasta el maldito Steele estuvo de acuerdo en ello. Quién te ha visto y quién te ve.

Por fin, ¿sus libros favoritos?

Para Priebus, los Diarios de Reagan. Para Wagner, la autobiografía de George W. Bush. Para Anuzis, la ley (lo que es como decir que adora el Aranzadi). Para Cino, Matar a un ruiseñor. Y para Steele, Guerra y Paz, pero el muy presuntuoso quiso lucirse citándolo y citó el comienzo de… ¡Historia de dos ciudades, de Dickens! ¡Jua, jua, jua!

Hubo más preguntas, pero son demasiado “americanas” y no me ha parecido necesario detallárselas, declaraciones finales, etc. De todo ello, me quedo con la declaración final del ganador, Priebus:

Estas elecciones son sobre opciones… No me presento en contra de nadie, sino que me presento a chairman del RNC en un momento diferente, en circunstancias diferentes, en una época de necesidades diferentes… Como he dicho muchas veces, aprendimos cómo trabajar con el movimiento conservador, pero si Dios me bendice con la presidencia de este partido, todos nosotros vamos a tener que trabajar como un equipo para salvar a nuestro país, salvar nuestro partido y recuperar la Casa Blanca.

El resultado final de las elecciones, celebradas el día 14, fue el siguiente:

Como podemos ver, la victoria de Priebus no peligró en ningún momento, sobre todo porque una mayoría del propio RNC quería que Steele se fuera a toda costa. Priebus empezó bien y continuó así durante cada una de las rondas, recogiendo siempre más votos a diferencia de sus rivales más directos que los perdían. Algunos se quejaban de que Priebus es demasiado joven (38 años) y que no tiene experiencia política (se presentó como candidato al Senado de Wisconsin una vez y perdió), pero para otros era la ocasión de tener a alguien con más principios en la cúspide del partido y menos “ansia de publicidad”, refiriéndose nada disimuladamente a Steele; alguien que se centrase más en las interioridades del partido y menos en caer bien a los medios de comunicación.

El gran rival para Steele está claro que era Priebus. Y lo que acabó decantando la lucha fue saberse que Cino y Anuzis, así como Wagner, se habían reunido con Steele sin duda para pactar su apoyo una vez que estuvo claro que no iba a ser reelegido, sin duda a cambio de alguna sinecura para su jubilación. Para Steele, Cino era su opción si no podía serlo él y fue a ella a quien traspasó sus apoyos una vez que decidió retirarse, pero no fue suficiente puesto que sus 28 votos se repartieron entre ella y Anuzis mientras que Priebus daba el gran salto hasta los 67. Wagner se retiró también, pero no apoyó a ninguno de los restantes candidatos. Resultado: que Steele no va a tener una salida muy cómoda del RNC que es sin duda lo que buscaba pactando con el resto de sus rivales.

Y ya para terminar, ¿quién es Reince Priebus? Pues nació el 18 de marzo de 1972, hijo de padres griego y alemán, creo haber leído en algún sito que en Mombasa (Kenia), pero he perdido esa referencia. De cualquier forma, creció en Kenosha (Wisconsin). A los 16 años empezó a trabajar como voluntario en campañas políticas. Es licenciado en Ciencias Políticas e Inglés por la Universidad de Wisconsin-Whitewater, donde fue además presidente de los estudiantes (lo de la política le viene en los genes por lo que parece) y también en Derecho por la Universidad de Miami School of Law. Por un tiempo trabajó en la asamblea legislativa de Wisconsin, antes de ir a Miami a estudiar Derecho, y luego, mientras estudiaba, trabajó brevemente en la NAACP. En 1998 se incorporó a la firma Michael Best & Friedrich LLP de Milwaukee. En 2004 se presentó a las elecciones al Senado de Wisconsin, pero perdió. Está casado con Sally Priebus y tiene dos hijos, un chico, Jack, y una chica Grace Avalyn.

Pequeñas controversias que empiezan a surgir sobre él incluyen que durante el tiempo que trabajó en la firma de abogados de Milwaukee formó parte de un equipo llamado “Equipo de la legislación del Estímulo” dedicado a “identificar oportunidades, preparar propuestas apropiadas y hacer contactos para asegurar fondos [federales]”. Priebus dice que no es cierto y que el bufete simplemente incluyó su nombre en el listado sin saberlo él siquiera. Puede ser, puede que no. A mí personalmente me importa poco. Más que nada porque mi propio trabajo se contradice bastante con mis ideales conservadores y libertarios a veces, pero como que no tengo más remedio que comer cada día y pagar mis facturas, me aguanto, lo hago lo mejor que puedo y a la que mi jefe se descuida, actúo en consecuencia con mis ideales, pero con cuidado porque me juego el puesto. Si Priebus trabajaba en un bufete y sus jefes decidieron aprovechar la ocasión que les brindaba la ARRA para favorecer a sus clientes, lo cual es su obligación, me parece muy bien que hiciera su trabajo lo mejor posible.

También ha sido criticado por el propio Steele puesto que Priebus era uno de los miembros de su equipo, un asesor general del RNC nombrado por él, y decidió dimitir y presentarse a las elecciones mientras Steele se quejaba como una nenaza de que era descorazonador y que se esperaba que sus lazos de lealtad con él fueran más firmes. Ganas de quejarse nada más.

Vamos a ver qué da de sí Priebus. Por lo menos, ya sabemos una cosa: las elecciones del midterm han sido un aldabonazo en el GOP y vemos como todos los candidatos a chairman se han puesto las pilas. Durante el debate competían a ver cuál de ellos sonaba más conservador y menos RINO. O sea que han aprendido la lección; veremos si son capaces de aprovecharla. Falta le hace al pobre GOP.


Escribiendo America is ready! (V) – Diario de una gran aventura

16/01/2011

 

Ya tenemos nuevo chairman del Partido Republicano, Reince Priebus (con ese nombre parece salido de Star Trek). Después del desastre que ha supuesto el mandato de Michael Steele, en quien tantas esperanzas habíamos depositado, vamos a ver qué rumbo toma la nueva dirección. Reconozco que no tengo apenas referencias sobre este hombre y que estoy recopilando información para poder darles una opinión. Recordemos que se trata ni más ni menos que de la persona que regirá los destinos del Partido Republicano durante el período crucial de las primarias y las elecciones presidenciales de 2012, lo cual le otorga una relevancia indiscutible. ¿Será un hombre del establishment empeñado en convertir el GOP en un Partido Demócrata bis con la esperanza de que así le dejen las migajas o, por el contrario, será un hombre de principios y reconocerá que el único camino viable para que el partido no acabe desapareciendo es el de recuperar su ideario conservador tradicional, apoyar las reivindicaciones del movimiento Tea Party y, sobre todo, dar cancha a su mayor (y único) activo, Sarah Palin? No tardaremos en saberlo.

El tal Priebus. A ver qué les puedo decir sobre él. De momento que es joven, muy joven; nació en 1972. ¡Es más joven que yo! Maldita sea, ya casi todo el mundo es más joven que yo… Me empiezo a sentir viejo.

Hacía tiempo que no les escribía contándoles cómo me va con mi libro, America is Ready! Pues aquí estamos. El libro va bien; estoy revisando la versión definitiva, algo que acabo de empezar a hacer esta misma semana. Después de la revisión, le pasaré el manuscrito a mi amiga L. para que me lo corrija y se ría un buen rato contando la de veces que he puesto “como quiera que” (y tachándomelos) y, dicho y hecho, ya estará a punto.

Nuestro buen amigo Santi me comentaba el otro día que había escuchado a una persona en un programa de radio de es.radio explicar cómo se había autoeditado él mismo su libro gracias a Bubok. No descarto hacerlo yo también, sobre todo porque entiendo que de esta manera podrá llegar a más personas y, especialmente, hacerlo en forma de libro, libro. Distribuirlo en forma de archivo PDF desde mi propio blog es bastante chapucero, lo reconozco. De cualquier manera, aún no lo tengo decidido del todo, pero de lo que sí pueden estar ustedes convencidos es de que yo no ganaré ni un solo euro con todo esto. No sé muy bien todavía cómo funciona lo de Bubok, pero mi deseo es el de poner como precio de venta al público, descontando el coste de la edición, cero euros. Veré si lo puedo hacer. Imagino que sí.

¿El motivo de ello? Muy sencillo: primero, que nadie podrá decir nunca que yo me aprovecho de Sarah Palin para hacer dinero (la izquierda jamás entenderá eso, lo cual me complace doblemente). Lo mío es una cuestión de principios y con los principios no se negocia. Apoyo a Sarah Palin porque creo en ella y creo que es la última esperanza que nos queda a la gente de bien antes de hundirnos definitivamente en el abismo de lo que Tocqueville llamó tan acertadamente el “despotismo democrático”: la esclavitud votada por los propios esclavos, felices de serlo, convertidos ya para siempre en meras máquinas a las que se proporciona panem et circenses con tal de que no piensen nunca más; niños caprichosos y consentidos en cuerpos de hombre, ignorantes de lo que significa la libertad, pero que aunque lo supieran, tanto daría porque les asustaría tanto la idea que suplicarían con lágrimas en los ojos a sus tiranos que se la evitaran.

¿El segundo motivo? Bueno, es un poco perverso, pero se lo cuento: después de haber sido rechazado o no haber recibido siquiera una contestación por parte de muchas editoriales, me agrada la idea de que sobre mayo o junio Sarah Palin anuncie su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos, las editoriales pierdan el culo buscando un libro sobre ella que lanzar al mercado y… ¡se encuentren con que ya existe uno y encima regalado! “Mi gozo en un pozo”, pensará el editor maleducado; “¿y ahora cómo vendo yo un libro sobre ella cuando la gente puede tener otro gratis? ¡Maldito sea el Bob ese de las narices! Tendría que haberle escuchado cuando me lo propuso y no haberle dicho que la Palin era una facha rematada”. Je, je, je, por ahí van mis pensamientos. La venganza se sirve fría, ya lo saben.

Bien, al tajo. El libro, tal y como les digo, ya está redactado y lo estoy repasando atentamente. Finalmente, éste es su índice (no se fíen, ha cambiado respecto de la última vez que se lo presenté):

AMERICA IS READY!
Sarah Palin y la revolución del sentido común en los Estados Unidos

INTRODUCCIÓN
¿Por qué Sarah Palin?

EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
1776. El año en que todo cambió en América.
Una independencia que ganar: de trece colonias a trece estados.
Una nación que construir: de trece estados a una Unión.

EL SISTEMA POLÍTICO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
La piedra fundamental: la Constitución.
Un sistema bipartidista.
Elaborando las leyes: el Congreso.
Aplicando las leyes: el Presidente.
Velando por las leyes: el Tribunal Supremo.
El otro platillo de la balanza: estados, condados, townships y demás.

SARAH PALIN, HIJA DE PIONEROS
Crecer en Alaska: la joven Sarah.
Sarah Palin, alcaldesa de Wasilla.
Sarah Palin, gobernadora de Alaska.

EL SALTO A LA POLÍTICA NACIONAL
Después de George W. Bush: las primarias republicanas de 2008.
Buscando vicepresidente: el ticket McCain-Palin.
La campaña electoral republicana: un esfuerzo condenado al fracaso.

LA DURA VUELTA A CASA
El regreso a Alaska: la “nueva normalidad”.
“Avanzando en otra dirección”: la dimisión de Sarah Palin.
¿Preparando el futuro? SarahPAC empieza a trabajar.

EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA FUERZA
Barack Obama: el rival que pudo con Hillary Clinton.
Los primeros cien días de la administración Obama.
La eclosión de los descontentos: el Tea Party.

EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA LÍDER
Un nuevo papel que jugar: Facebook y la reforma de la sanidad.
Un viaje a Hong Kong y la nueva marca de la casa: common sense conservatives.
Going Rogue: los estadounidenses descubren por fin a Sarah Palin.

EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA ALTERNATIVA
La primera prueba de fuerza: NY-23.
La sorpresa de Scott Brown en Massachussetts.
Una fuerza encuentra a su líder: Sarah Palin y la Tea Party Convention.

LAS ELECCIONES DEL MIDTERM
El dilema del Partido Republicano: ¿volver a los principios o “moverse al centro”?
Sarah Palin toma partido: sus candidatos en las primarias.
Los resultados de noviembre: ¿los Estados Unidos vuelven a ser conservadores?

CONCLUSIÓN: Lo que queda hasta 2012.

ANEXOS
I. La Declaración de Independencia.
II. La Constitución de los Estados Unidos de América.
III. Estados de los Estados Unidos de América.
IV. Presidentes de los Estados Unidos de América.
V. Votos electorales por estado.
VI. Lista de primarias y caucuses celebradas en 2008.
VII. Resultados de las elecciones presidenciales de 2008.
VIII. Lista de ethics complaints presentadas contra Sarah Palin.
IX. Fechas y localidades del Going Rogue Tour.
X. Candidatos respaldados por Sarah Palin en las elecciones del midterm de 2010.

Y como quiera que el movimiento se demuestra andando, ahí tienen una primicia: el primer capítulo de la primera parte, “1776. El año en que todo cambió en América”. Confío en que les resulte interesante de leer. Tengan en cuenta de que no se trata de una obra erudita ni un manual de historia. Es simplemente un libro sobre Sarah Palin y no va a tener bibliografía, índice onomástico ni demás, más que nada para aligerarlo y hacerlo lo más asequible posible para todos. ¿Y quién sabe? A lo mejor hasta tengo la ocasión de firmárselo personalmente y todo. ¿Cuándo Sarah venga a España este año? ¡Prometido! ¡Palabra de Palin!

EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

1776. El año en que todo cambió en América

Uno de los sucesos más llamativos acaecidos durante un siglo, el XVIII, fecundo en sucesos de tal índole fue sin duda la independencia de los Estados Unidos de América. Una independencia arrancada por la fuerza de las armas de manos de Gran Bretaña, que era entonces sin lugar a dudas la mayor potencia del momento, tanto política como económicamente. Pero si eso sólo ya es sorprendente, aún lo hace más llamativo el hecho de que la mayoría de los colonos americanos no pretendieran en absoluto la independencia, sino simplemente que se les reconocieran sus derechos como súbditos británicos nacidos libres, unos derechos que estimaban que habían sido pisoteados por la metrópoli. Fue la torpeza del entonces monarca británico, Jorge III (1738-1820), y de sus sucesivos primeros ministros a la hora de encauzar la crisis, lo que provocó en última instancia una independencia que, por no desearla, no la deseaba ni tan siquiera alguien tan trascendental para la futura historia de los Estados Unidos como lo era Thomas Jefferson (1743-1826) quien, en una fecha tan tardía como la del 29 de noviembre de 1775, se pronunciaba en tal sentido en una carta dirigida a John Randolph, un amigo suyo firme partidario del rey:

Créame, estimado Señor: no hay en todo el imperio Británico un hombre que ame más cordialmente una unión con Gran Bretaña que yo. Pero, por el Dios que me creó, dejaré de existir antes que ceder a una relación en tales términos como los que propone el Parlamento Británico; y con esto, creo que expreso los sentimientos de América.

Paradójicamente, fue la victoria británica en la Guerra de los Siete Años (1756-1763) la causa de todo este embrollo. Triunfante contra su gran rival, Francia, a quien por la paz de París firmada el 10 de febrero de 1763 le arrebataba todos sus territorios en América situados al norte del río Mississippi (con la excepción del territorio de Luisiana, situado al sur, que se entregaba en cambio a España como compensación por la pérdida por parte de ésta de Florida), la gloria de su victoria no podía ocultar el hecho de que después de siete años de guerra por tres continentes diferentes: Europa, Asia y América, Gran Bretaña estaba casi arruinada. Y para enjugar sus deudas y reflotar su economía, el rey y el parlamento británicos decidieron que los colonos costearan una parte de los gastos, sobre todo a la vista de que era a ellos a quienes había más había beneficiado el resultado de la guerra en su continente, ya que, libres del obstáculo que suponían hasta entonces los franceses, habían podido iniciar su expansión hacia el Oeste, superando los montes Apalaches y llegando hasta los ríos Ohio y Mississippi.

El primer intento llegó con la Stamp Act (Ley del Timbre) de 1765, que gravaba toda clase de documentos e impresos (libros, periódicos, etc.) y que provocó tales protestas por parte de los colonos que el parlamento británico tuvo que derogarla al año siguiente. El segundo, llegó con las llamadas Townshend Acts (Leyes Townshend) de 1767, un conjunto de leyes conocidas así por el nombre del ministro británico responsable de su redacción, de las cuales la más odiada fue sin duda la Revenue Act (Ley de Ingresos), que pretendía lo mismo que la anterior Stamp Act, pero ahora gravando una larga serie de artículos de consumo diario (cristal, papeles, pinturas, té, etc.). La reacción en las colonias fue aún peor que dos años antes porque en esta ocasión a las protestas se sumó un efectivo boicot a todos los productos británicos. Tres años después, el parlamento británico dio finalmente su brazo a torcer y derogó las Townshend Acts, aunque con la salvedad de un misérrimo impuesto sobre el té mantenido única y exclusivamente con la intención de dejar claro a los colonos quién mandaba allí y evitar que se arrogaran la victoria por más que resultara incluso antieconómico para la metrópoli, puesto que el coste de recaudarlo superaba con creces el importe recaudado. Sin embargo, los colonos no se conformaron y el conflicto continuó, agravándose de tal manera incluso que pronto se produjeron las primeras muertes, las de cinco colonos, en lo que se conoce como la Boston Massacre (Matanza de Boston), producida el 5 de marzo de 1770.

Y es que no se trataba de que los colonos se negasen a contribuir al sostenimiento del imperio británico, que no se negaban porque estaban acostumbrados a pagar regularmente contribuciones en tal sentido y lo hacían sin mayores problemas. Pero contribuciones, no impuestos. Los impuestos los consideraban abusivos, un mero intento de explotar a las colonias y mucho más cuando la metrópoli se los imponía sin antes escuchar siquiera su opinión, siguiendo un principio al que el jurista James Otis (1702-1778) dio forma de manera tajante: “No taxation without representation” (“Ninguna imposición fiscal sin representación parlamentaria”). Además, pensaban los colonos, si cedían ahora en esto, ¿quién les aseguraba que lo siguiente no fuera que la metrópoli les despojara directamente de sus propiedades? Una exageración, sin duda, pero un temor que flotaba en el ambiente.

El resultado de la unánime negativa de los colonos a pagar esos impuestos considerados injustos y de la firme voluntad del rey y del parlamento británicos en hacer cumplir su voluntad, repetida a lo largo de los siguientes años, condujo a una situación en la que los disturbios se sucedieron unos a otros y del Boston Tea Party del 16 de diciembre de 1773 a las denominadas Intolerable o Coercive Acts (Leyes Intolerables o Coactivas) contra la colonia de Massachusetts de marzo y abril de 1774 y a los primeros enfrentamientos armados producidos en Lexington y Concord en abril de 1775 y Bunker Hill en junio de 1775, transcurren apenas dos años. Pero dos años en los que se gesta una guerra que nadie en América quería, tal y como el Primer Congreso Continental, compuesto por representantes de casi todas las colonias(1) (tan solo Georgia dejó de asistir) y reunido en Filadelfia entre septiembre y octubre de 1774, reconoció al restringir la disputa al mero hecho de que no podían tolerar que el parlamento británico pretendiera imponerles impuestos arbitrarios con lo que eso suponía de amenaza a sus libertades. Así pues, mantenían su postura, pero estaban dispuestos a llegar a un acuerdo, lo que bien podría haber sucedido si no hubiera sido por la obstinación del monarca y el parlamento británicos. La situación no dejó pues de empeorar, lo que llevó a la constitución del Segundo Congreso Continental en mayo de 1775 (ahora sí con la presencia de los representantes de Georgia, pero no antes de septiembre), que anunció la creación de un ejército propio y el nombramiento de George Washington (1732-1799) como su comandante en jefe, pero también la redacción de una petición formal de paz, la Olive Branch Petition (Petición de la Rama de Olivo) firmada el 8 de julio y enviada al rey. En ella, se reafirmaba la lealtad de las colonias, se suplicaba su protección contra las exacciones del parlamento y se le rogaban algunas concesiones que pudieran poner fin al conflicto.

¿Cuándo se volvió finalmente irresoluble por medios pacíficos el conflicto? En agosto de 1775 cuando Jorge III declaró ante el parlamento en Londres que las colonias se habían rebelado contra su rey y manifestó su firme intención de acabar con la revuelta contando incluso con el apoyo de tropas extranjeras (los posteriormente famosos soldados hessianos), una pretensión que provocó que el conde de Shelburne (1737-1805), uno de los pocos parlamentarios favorable al punto de vista de las colonias, se preguntara:

¿Cómo se ha llegado a acusar a las colonias de planear la independencia? ¿Quién se atreve a manifestar esta aseveración –¿cómo  lo diría, señores?– contraria a los hechos, contraria a las pruebas? […] ¿Pretenden acaso repetir machaconamente la idea de la independencia hasta que los americanos acaben adoptándola como suya?

Pues ciertamente los colonos terminaron adoptando esa idea. Pero porque no tuvieron más remedio, ya que el propio monarca británico les obligaba a ello, sobre todo después de que el 1 de septiembre se negara a leer siquiera esa petición enviada por los representantes de las colonias, arguyendo que no aceptaba comunicaciones “de rebeldes”. En consecuencia, a los colonos no les quedó ya otra salida que la fuerza, puesto que estaba claro que Gran Bretaña no iba a aceptar ningún tipo de compromiso. Y eso a pesar de que, a grandes rasgos, tan sólo un tercio de la población americana era partidaria entonces de la independencia (opinión mayoritaria únicamente en Nueva Inglaterra), mientras que otro tercio era leal a Gran Bretaña y el tercio restante no se había decidido todavía o era sencillamente indiferente.

Aún así, hubo que esperar a que Thomas Paine (1737-1809), un británico llegado a las colonias apenas un año antes, concluyera la tarea que había empezado unos años antes Samuel Adams (1722-1803) y sus Committees of Correspondence (Comités de correspondencia), publicando el 10 de enero de 1776 el que ha sido llamado “el panfleto más incendiario y popular de toda la era revolucionaria”, Common Sense (Sentido común). En él, Paine, con un lenguaje sencillo, pasaba revista a todas las razones a favor de la independencia y arremetía duramente contra la última ligazón que mantenía a los colonos vinculados al imperio británico: su sentimiento de lealtad al rey, de quien no dejaban de esperar que finalmente les apoyaría y pondría en su sitio al parlamento.

Seguramente la obra de Paine pesó poco sobre el ánimo de los representantes de las colonias constituidos en Segundo Congreso Continental, que debatían sobre los acontecimientos que se sucedían, pero sí que influyó y mucho en los corazones de los colonos, quienes hasta entonces seguían viéndose a sí mismos en su mayoría como británicos y no como americanos. Fue él quien acabó con el mito de que los males que les afligían eran causa únicamente del parlamento británico, lo que dejaba a salvo la responsabilidad de Jorge III. Para Paine, el verdadero inspirador de la política autoritaria que se estaba siguiendo contra las colonias era el rey y para evitarlo la única solución era optar decididamente por la independencia y un sistema de gobierno republicano. No cayó en saco roto su alegato porque de su panfleto, de apenas cuarenta y ocho páginas, se vendieron 120.000 ejemplares en los tres primeros meses y 500.000 en el primer año, contribuyendo a cambiar definitivamente la opinión pública y convirtiendo así la idea de independencia en algo plausible. Incluso el propio Washington reconoció en una carta enviada a su secretario personal, Joseph Reed (1741-1785), su influencia:

En cuanto a mis compatriotas, sé por su forma de gobierno y su hasta ahora inquebrantable compromiso con la monarquía que se mostrarán reacios a la idea de independencia, pero el tiempo y la persecución hacen que sucedan muchas cosas maravillosas y por la correspondencia personal que he recibido en estos últimos tiempos desde Virginia, creo que Sentido común está provocando un importante cambio en la mentalidad de muchos hombres.

Fuera como fuere, el caso es que pocos meses después, el 2 de julio de 1776, el Segundo Congreso Continental declaró por unanimidad que esas colonias unidas eran “estados libres e independientes” y dos días después, el 4 de julio, promulgaban la Declaración de Independencia. Había estallado la Revolución Americana y tal y como escribió también Paine en otro de sus panfletos, The American Crisis (La crisis americana), publicado el 23 de diciembre de 1776 y que Washington ordenó que fuera leído a sus tropas justo antes de que éstas cruzaran el río Delaware y lograran la decisiva victoria americana del día 26 en Trenton:

Es en estos momentos cuando se ponen a prueba las almas de los hombres. El soldado de verano y el patriota de los días soleados, en esta crisis, se alejarán del servicio a su país; pero el que ahora aguante, ése merecerá el amor y el agradecimiento de hombres y mujeres. La tiranía, como el Infierno, no se conquista fácilmente; aún así tenemos el consuelo de que cuanto más enconado es el conflicto, más glorioso es el triunfo. Lo que obtenemos demasiado barato, lo estimamos en poco; es su carencia lo único que da a cada cosa su valor. El Cielo sabe cómo poner precio adecuado a sus bienes; y sería realmente extraño que un artículo tan celestial como la libertad no fuera altamente tasado.

Que finalmente los colonos lograran su objetivo era algo que parecía más que dudoso, sobre todo porque se enfrentaban a las mejores tropas del mundo, las británicas. Sin embargo, hombre a hombre, los americanos tenían una ventaja indiscutible: una meta aún mayor. Tras la Declaración de Independencia, luchaban por su recién nacido país y sabían cuáles serían las consecuencias para ellos y sus familias si no lograban triunfar. Hasta Washington lo vio como un “nuevo incentivo”, el que más falta les hacía. Así pues, no se trataba de si podrían triunfar; es que debían triunfar. Sencillamente, no tenían otra opción.

(1) Por aquel entonces, las trece colonias británicas que se convertirían luego en los Estados Unidos de América eran las siguientes, relacionadas de norte a sur: Nueva Hampshire, Massachusetts, Rhode Island (y Providence) y Connecticut (que constituían lo que se llamaba Nueva Inglaterra, la región más densamente poblada de todas); Nueva York, Nueva Jersey, Pennsylvania y Delaware (que constituían el centro); y Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia (que constituían el sur). Entre todas, se acercaban a los dos millones y medio de habitantes en 1775 (incluyendo a los esclavos dentro de estas cifras), siendo Virginia la colonia más poblada con cerca de medio millón de habitantes, seguida por Massachusetts con cerca de trescientos mil y Pennsylvania con casi doscientos cincuenta mil. La menos poblada era Georgia, con tan sólo 23.000 habitantes.

Sin embargo, estas trece colonias no eran las únicas colonias británicas en Norteamérica. Había otras siete más: Terranova, Rupert’s Land (la zona alrededor de la bahía de Hudson), Nueva Escocia, la isla del Príncipe Eduardo, Florida Oriental, Florida Occidental y la provincia de Quebec, pero no tomaron parte en el conflicto fundamentalmente por falta de agravios al ser sus circunstancias particulares diferentes a la del resto de colonias, salvo en el caso de Nueva Escocia, poblada por colonos de Nueva Inglaterra, pero que por tratarse de una base de la Royal Navy era muy difícil que una rebelión prosperara en ella. Es de destacar el caso de la provincia de Quebec, poblada mayoritariamente por católicos franceses que preferían el gobierno de la lejana Gran Bretaña al de los cercanos (y anticatólicos) protestantes de Nueva Inglaterra, sobre todo una vez que el parlamento británico reconoció su confesión (Acta de Quebec, 1774), lo que irritó aún más al resto de colonos.

Tampoco es tan malo, ¿verdad?


Sobre el tiroteo de Arizona

13/01/2011

 

No tenía la intención de comentar nada sobre el tiroteo de Arizona. Me enteré en su momento del suceso y lo primero que pensé, aparte de sentirlo por las víctimas, fue que otro loco andaba suelto. Luego, más tarde, me enteré de que uno de los heridos, Gabrielle Giffords, era una congresista demócrata (una blue dog, de los demócratas más moderados precisamente) y una cuyo escaño, el de la octava circunscripción electoral de Arizona, había sido incluido por Sarah Palin en su campaña de “Take back the 20!”, aunque había logrado la reelección, algo que tanto me daba porque mi opinión seguía siendo la misma: el tipo aquel, un tal Jared Lee Loughner, estaba loco y era una lástima que el primer tiro no se lo hubiera pegado a sí mismo.

Luego, las cosas empezaron a desmadrarse. Los bufones de la izquierda vieron la ocasión para sembrar cizaña y empezaron primero acusando al movimiento Tea Party casi de haber provocado la matanza para pasar acto seguido a hacerlo con Sarah Palin. Al movimiento Tea Party le tocó la china porque el tipo ése parece ser que había acudido a algún acto organizado por ellos y sentía una vaga simpatía por ellos… ¡como tantos miles y miles de estadounidenses normales y corrientes que no por ello se sienten tentados de descerrajarle un tiro a una congresista por muy demócrata que ésta sea! Por favor, es como pretender que todos los asistentes al cine son asesinos potenciales sólo porque John Hinckley Jr. atentó en 1981 contra Ronald Reagan, pretendiendo llamar así la atención de la actriz Jodie Foster a la que vio en la película Taxi Driver, lo cual es ridículo. Además, por lo que he podido saber, el tal Loughner arrastraba problemas mentales desde mucho antes de que existiera el Tea Party, causados sin duda por el abuso del alcohol y las drogas, como lo prueba el hecho de que sus amistades señalaran que en 2006 su personalidad cambió por completo hasta el punto de obligarle a abandonar el instituto a lo que siguió la comisión de algunos delitos menores (fundamentalmente vandalismo) por los que tuvo que rendir cuentas ante la policía y la justicia aunque nunca llegó a recibir tratamiento médico. ¡Ah, por cierto! Loughner intentó enrolarse en el ejército y fue rechazado por drogadicto. ¡Bien por el ejército que todavía sabe distinguir a los buenos! Por supuesto, la izquierda estará en contra de que se interrogue a los pretendientes a ingresar en el ejército si han consumido drogas (para los izquierdistas, un drogadicto debería ser nombrado directamente coronel y si encima es homosexual, general de tres estrellas), como no tuvo más remedio que reconocer Loughner, pero en este caso el sistema funcionó y de maravillas y hay que reconocerlo.

En cuanto a Sarah Palin, ésta recibió lo suyo cuando alguien recordó aquella campaña de “Take back the 20!” y se dio cuenta de que la congresista Giffords era una de esas veinte. De ahí a recordar la controversia sobre las “dianas de Sarah Palin” (que no son dianas) y pretender que ésta se dedicaba a mandar mensajes subliminales señalando objetivos para que alguien los baleara había sólo un paso y qué bufón de la izquierda (y hasta unos cuantos de la derecha, lamentablemente, como David Frum aquí) se resistiría a la tentación de emprenderla contra ella. Ninguno, por supuesto.

El resultado ha sido (y todavía lo está siendo) una de las más repulsivas campañas de descrédito que jamás haya podido ver nadie. Una campaña que deja en mantillas todo lo que sucedió durante la pasada campaña electoral presidencial con las Palin smears, lo que sucedió posteriormente con todos aquellos “asesores de campaña de McCain” tal locuaces y que hablaban y no paraban sobre lo muy perjudicial que fue Palin para la campaña republicana y lo que sucedió tras su dimisión como gobernadora de Alaska. Incluso lo que pueda suceder a partir de ahora porque mayor ignominia que ésta es sencillamente inimaginable. La izquierda ha batido todos los registros durante estos últimos días y lo único que me consuela de todo esto es que, siendo esos tipos como son, sencillamente incapaces de controlarse, acaben provocando una reacción tan adversa entre los estadounidenses que todavía tienen dos dedos de frente que el daño que se causen a sí mismos sea peor que el puedan causarle a Sarah. De hecho, un reciente sondeo de CBS News (que, recordemos, cuando hace un sondeo político ya parte de entrada con un 25% a favor de la postura de la administración Obama) señala que sólo un 32% del público está de acuerdo con el punto de vista izquierdista sobre el suceso, o sea que el agrio ambiente existente actualmente en el panorama político estadounidense influyó en los sucesos de Arizona, votando en contra de esa idea no sólo el 69% de los republicanos sino también el 49% de los demócratas y el 56% de los independientes, lo cual ya es más que significativo, ¿no?

De cualquier forma, tal y como ya les he dicho, no es mi intención entrar más en este tema. Por mi parte, dejando aparte la mayoría de medios de desinformación estadounidenses, que ya sabemos todos de qué pie cojean, por lo que se refiere a mi país, España, tanto los asquerosos El País como Público pueden publicar lo que quieran e irse al infierno, cosa que acabará sucediendo tarde o temprano, por descontado. Sobre lo de las “dianas de Sarah Palin” (que no son dianas), ya traté ese tema en alguna de mis entradas anteriores, concretamente el 4 de marzo y el 30 de septiembre del año pasado (ver aquí y aquí también; en ambos casos, busquen la cita hacia el final de la entrada). No voy a entrar en más discusiones principalmente por un motivo: CON LA IZQUIERDA NO SE PUEDE DISCUTIR PORQUE SON INMUNES A LOS RAZONAMIENTOS. La izquierda es una secta, la izquierda siempre ha soñado con sustituir a la religión organizada (sobre todo a la cristiana) y para ello se han inventado su propia religión, el progresismo, hecha a partes iguales de feísmo (adoran todo lo que degrada al ser humano), socialismo (se las pirran cuando oyen hablar de “redistribuir la riqueza”), infantilismo (se creen realmente que el hombre es bueno por naturaleza y que es la sociedad quien lo vuelve malo) y crueldad (quien no comparte sus puntos de vista es un “enemigo del género humano”), aderezado con todo el fanatismo que pueda uno imaginarse y que llega hasta el punto de que Aleksander Soljenitsin, el autor de Archipiélago GULAG, recogía la gran cantidad de presos que había en el GULAG que, sabiendo que habían sido condenados injustamente, se empeñaban en convencerse a sí mismos de que Stalin tendría sus razones para ello y que lo que tenían que hacer es portarse bien porque Stalin sabía lo que se hacía.

Es por ello que cuando me hablan de dar la “batalla de las ideas” me siento escéptico porque: 1) en el otro campo no hay ni una sola idea que discutir a menos que sean esas cuatro ideas fijas (con categoría de dogma) que ya les he mencionado antes; 2) aunque accediera a dar esa batalla, ¿para qué iba a servir cuando en el otro campo la norma es no dejarse convencer ni cayéndose del caballo camino de Damasco, tan cerrados como son ellos?; y 3) mi tiempo es limitado y lo necesito para otras cosas mucho más agradables (escribir este blog, por ejemplo) que darle cien razonamientos a alguien que avergüenza al género humano abjurando de su capacidad de raciocinio para que encima reaccione insultándome diciéndome que soy un fascista y que él no habla con fascistas y que toma nota de mi nombre para la lista negra y hasta me pondrá una cruz bien grande (pero en su caso no se trata de una diana, ¿eh?).

Pues eso, visto todo lo que ha sucedido estos últimos días me reafirmo en mi opinión de que es inútil dar la batalla de las ideas si lo que se pretende es recuperar a los izquierdistas para el sentido común. Porque esos son sencillamente irrecuperables. Ni discusiones, ni técnicas de desprogramación, ni trasplante de cerebro ni gaitas. La batalla de las ideas se puede dar para ayudar sobre todo a los jóvenes, a los que todavía no han sido ganados por la secta, los que todavía tienen un futuro por delante y  están interesados en conocer la verdad antes de decidir si se venden a Satanás y a todas sus pompas en forma de alto cargo en el gobierno socialista de turno o bien se aferran a su condición de seres racionales y se conforman con ser unos meros mandados el resto de su vida, pero eso sí, humanos.

Y es que lo peor del caso de Loughner es que, en mi opinión, ese tipo está más cerca de la izquierda que de la derecha, lo que aún tendría gracia si no fuera tan triste todo lo que ha sucedido. Loughner se registró por primera vez para votar en 2006 y lo hizo como independiente. Votó en las elecciones de 2006 y de 2008, pero no lo hizo en las de 2010 cuando, si tan apasionado era del Tea Party como aseguran algunos, debería haberlo hecho por encima de todo, ¿no? En su perfil en YouTube señalaba como lecturas favoritas el Mi lucha de Hitler, pero también el Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Sus amigos lo describen como nihilista y ateo, con un claro disgusto hacia la religión, algo que lo iguala más con la izquierda que con la derecha, especialmente la del Tea Party. Por fin, uno de esos amigos, Zach Osler, declaró que Loughner “no veía la televisión, le disgustaban las noticias, no escuchaba las tertulias políticas en la radio, no tomaba partido, no estaba en la izquierda, no estaba en la derecha”, pero que en cambio toda clase de teorías conspirativas (por ejemplo, creía que los atentados del 11-S fueron organizado por el propio gobierno estadounidense) le afectaban profundamente. Por otra parte, parecía estar especialmente disgustado con la congresista Gabrielle Giffords, puesto que otro amigo suyo, Bruce Tierney, le había oído expresar su desagrado por ella a quien consideraba “falsa”, una opinión que se acrecentó en él a partir de 2007, después de acudir a un acto público en el que participaba ella y haber obtenido una respuesta en su opinión insatisfactoria a una pregunta que le hizo: “¿Qué es el gobierno cuando las palabras ya no tienen significado?” (vaya preguntita, ¿no?).

De cualquier manera, quien debía decir la última palabra sobre toda esta cuestión es la propia afectada, Sarah Palin, quien ha demostrado durante estos últimos días su inteligencia al haber sido capaz de sobrellevar toda esta avalancha de acusaciones sin haber dado ni un paso en falso. Fue justamente ayer cuando publicó en su página de Facebook (¡ah, qué gran lectura todas las mañanas nada más llegar al trabajo!) una nueva nota sobre todo el asunto que les traduzco acto seguido. Nada de lo que pueda decir yo valdrá la pena ante sus propias palabras. Y como quiera que ha publicado también la nota en video, les pongo aquí el video para que lo vean. Háganlo porque vale la pena.

La perdurable fuerza de los Estados Unidos.
Miércoles, 12 de enero de 2010

Al igual que millones de estadounidenses supe de los trágicos acontecimientos de Arizona el sábado y mi corazón se rompió por las víctimas inocentes. No hay palabras para llenar el hueco dejado por la muerte de un inocente, pero sí para llorar por las familias de las víctimas al tiempo que les expresamos nuestra simpatía.

Estoy de acuerdo con los sentimientos compartidos ayer en la bella misa católica celebrada en honor de las víctimas. La misa ayudará a iniciar un proceso de curación para las familias afectadas por esta tragedia y para nuestro país.

Nuestra excepcional nación, vibrante de ideas y de su intercambio y debate apasionado, es una luz para el resto del mundo. La congresista Giffords y sus electores estaban ejerciendo su derecho a intercambiar ideas ese día para celebrar los valores básicos de nuestra República y reunirse pacíficamente para pedir a nuestro gobierno. Es imperdonable e incomprensible por qué un solo hombre malvado se cobró la vida de ciudadanos pacíficos ese día.

Hay una ironía agridulce en el hecho de que la fuerza del espíritu americano brilla con más fuerza en tiempos de tragedia. Lo vimos en Arizona. Lo vimos en la tenacidad de aquellos que se aferran a la vida, la compasión de aquellos que mantuvieron vivas a las víctimas y en el heroísmo de los que dominaron un pistolero loco.

Como muchos, he pasado los últimos días reflexionando sobre lo que pasó y orando por orientación. Después de esta terrible tragedia he escuchado, desconcertada al principio, con preocupación a continuación, y ahora con tristeza las declaraciones irresponsables de personas que intentan atribuir las culpas de este terrible acontecimiento.

El presidente Reagan dijo: “Debemos rechazar la idea de que cada vez que una ley social es vulnerada, el culpable es la sociedad en lugar del transgresor de la ley. Es hora de restaurar el precepto estadounidense de que cada individuo es responsable de sus actos”. Actos monstruosos de criminalidad son sólo eso. Comienzan y terminan con los criminales que los cometen, no colectivamente con todos los ciudadanos de un estado, no con los que escuchan las tertulias de la radio, no con los mapas de las circunscripciones electorales en disputa utilizados en ambos lados de la cámara, no con los ciudadanos temerosos de la ley que respetuosamente ejercer sus derechos garantizados por la Primera Enmienda en los actos de campaña, no con los que votaron orgullosamente en las últimas elecciones.

Las últimas elecciones fueron sobre todo acerca de asumir la responsabilidad por el futuro de nuestro país. El presidente Obama y yo podemos no estar de acuerdo en todo, pero sé que se uniría a mí en resaltar la salud de nuestro proceso democrático. Hace dos años su partido obtuvo la victoria. En noviembre pasado, ganó el otro. En ambas elecciones se oyó la voluntad del pueblo estadounidense y la pacífica transición del poder demostró una vez más la fuerza perdurable de nuestra República.

El debate público vigoroso y enérgico durante las elecciones es una de nuestras tradiciones más preciadas. Y después de las elecciones, nos damos la mano y volvemos al trabajo, y a menudo ambas partes encuentran un terreno común de vuelta en Washington, D.C. y en otros lugares. Si no le gusta la propuesta de una persona para el país, usted es libre para debatir sobre esa propuesta. Si no le gustan sus ideas, usted es libre de proponerlas mejores. Pero, sobre todo a pocas horas de la tragedia, los periodistas y los expertos no deberían fabricar un libelo sangriento que sólo sirve para incitar al odio y a la violencia que pretenden condenar. Eso es censurable.

Están aquellos que afirman la retórica política tiene la culpa por el acto deleznable de este trastornado, aparentemente apolítico, criminal. Y afirman que el debate político de alguna manera se ha excitado más recientemente. Pero, ¿cuándo se excita menos? ¿En esos “días tranquilos”, cuando las figuras políticas, literalmente, resolvían sus diferencias con duelos de pistolas? En un mundo ideal todos los discursos serían civiles y cordiales todos los desacuerdos. Pero nuestros Padres Fundadores sabían que no estaban diseñando un sistema para hombres y mujeres perfectos. Si los hombres y las mujeres fueran ángeles, no habría necesidad de gobierno. El genio de nuestros Fundadores fue diseñar un sistema que ayudó a resolver los inevitables conflictos causados por nuestras imperfectas pasiones de una manera civil. Por lo tanto, tenemos que condenar la violencia si nuestra República va a perdurar.

Como he dicho durante la campaña para otros en marzo pasado en Arizona durante unas primarias muy excitadas: “Sabemos que la violencia no es la respuesta. Cuando “tomamos nuestras armas” estamos hablando de nuestro voto”. Sí, nuestros debates están llenos de pasión, pero resolvemos respetuosamente nuestras diferencias políticas en las urnas –tal y como hicimos hace dos meses y tal y como nuestro República nos permite hacerlo de nuevo en las próximas elecciones, y en las siguientes. Eso es lo que somos como estadounidenses y la manera como pretendemos ser. El discurso público y el debate no es un signo de crisis, sino de nuestra fuerza duradera. Es parte del por qué los Estados Unidos son excepcionales.

Nadie debería ser impedido de hablar y de hablar en pacífica disidencia, y ciertamente no debemos ser atemorizados por los que abrazan el mal y lo llaman bien. Y no seremos detenidos de celebrar la grandeza de nuestro país y nuestras libertades fundamentales por los que se burlan de su grandeza siendo intolerantes con las diferentes opiniones y que tratan de amordazar la disidencia con sus estridentes gritos de insultos imaginados.

Pocos días antes de que le dispararan, la congresista Giffords leyó la Primera Enmienda en el piso de la Cámara. Fue un momento hermoso y más que simplemente “simbólico”, como algunos afirman, que la Constitución fuera leída por nuestro Congreso. Estoy segura de que sabía que la lectura de nuestra sagrada carta de la libertad era algo más que “simbólica”. Sin embargo, menos de una semana después de que la congresista Giffords reafirmara nuestras libertades protegidos, otro miembro del Congreso anunció que iba a proponer una ley que penalizaría una expresión que encontraba ofensiva.

Es en la hora en que nuestros valores son retados que debemos permanecer resueltos a proteger esos valores. Recordemos cómo los acontecimientos del 11-S desafiaron nuestros valores y tuvimos que luchar contra la tendencia a comerciar con nuestras libertades a cambio de una seguridad percibida. Igual que hoy en día.

Honremos las preciosas vidas truncadas en Tucson, orando por ellos y sus familias y valorando su recuerdo. Oremos por la plena recuperación de los heridos. Y oremos por nuestro país. En momentos como este necesitamos la guía de Dios y la paz que Él proporciona. Necesitamos fuerza para no dejar que los actos al azar de un criminal se vuelvan contra nosotros mismos o debiliten nuestros sólidos fundamentos o proporcionen un pretexto para acallar el debate.

Los Estados Unidos deben ser más fuertes que el mal que vimos aparecer la semana pasada. Somos mejores que los estúpidos que nos apuntan con el dedo que tuvimos que sufrir a raíz de la tragedia. Vamos a salir de esto más fuertes y más unidos en nuestro deseo de participar pacíficamente en los grandes debates de nuestro tiempo, para abrazar con respeto nuestras diferencias de una manera positiva y unirnos en el conocimiento de que, a pesar de nuestras ideas pueden ser diferentes, todos debemos luchar por un futuro mejor para nuestro país. Que Dios bendiga a los Estados Unidos.

Sarah Palin

Mi opinión: insuperable. Las palabras perfectas en el momento adecuado. Sarah tiene el don de saber cuándo hablar y cuándo callar, y cuando tiene que hablar lo hace con todo el acierto de quien tiene realmente algo que decir. Lástima que tantos otros no tengan siquiera el don de saber callarse. ¡Con la falta que les hace! Y es que la expresión “libelo sangriento” parece que ha levantado ampollas entre los libelistas sangrientos esos que todos hemos visto durante estos últimos días. Me recuerda a aquello de “comités de la muerte”, ¿se acuerdan ustedes? De cualquier forma, aquí termina todo este asunto que nunca debería haber llegado a este blog porque Sarah Palin nunca debería haber sido relacionada con él. Y punto final. Por mi parte, sigo apoyando a Sarah Palin, el movimiento Tea Party y la Segunda Enmienda.

Por cierto, tengo que contarles cómo va lo de mi libro. Va bien, pero es un gran trabajo. Y es que me da mucho miedo no estar a la altura. Que no lo estaré, por descontado. Pero haremos una prueba. Les dejaré leer la versión definitiva del primer capítulo. Pero a cambio me tienen que decir qué les parece, ¿vale? 


America by Heart. Un resumen (IV)

10/01/2011

 

Me pregunta nuestro amigo Santi si he vivido en los Estados Unidos. Pues no, no he tenido esa suerte. Pero no descarto hacerlo algún día si logro encontrar una manera de ganarme la vida allí. Creo que en ese caso me iría a Texas; en Alaska hace demasiado frío y total… para lo que le queda a Sarah para ser ella la que se mude a Washington, D.C. Por cierto, y hablando de Alaska, aquí van algunas pinceladas más sobre el censo de 2010: Alaska tiene 710.231 habitantes (ha ganado un 13,3% con respecto al anterior censo de 2000), una densidad de población de 1,2 personas por milla cuadrada (que viene a ser unas 0,7 personas por kilómetro cuadrado) y en Wasilla residen ahora mismo 9.236 personas. ¡Gracias a Trig ya están más cerca de las 10.000!

Una foto de Sarah Palin sin gafas. De las pocas que hay. Y desafiando a los elementos. Y diciéndome: “¡Bob, eres un gallina! ¿Cómo pones esa cara con el buen día que hace hoy? Si sólo estamos a -20º C…”. Lo dicho, cuando pueda me las piro a Texas.

Capítulo III: America the Exceptional (Estados Unidos, los excepcionales)

Sarah comienza este capítulo reconociendo a su pesar un hecho: actualmente, si uno intenta decir algo bonito sobre los Estados Unidos es tildado rápidamente de fanático, uno de esos que, tal y como dijo alguien, se aferran a sus armas, su Dios y su país. Y no sólo eso, sino que ni siquiera se le concede el beneficio de la duda de que los Estados Unidos puedan estar equivocados; simplemente es que son malos.

Recordando lo que pasó este verano pasado en Arizona cuando se aprobó una ley que permite a los agentes de policía preguntar a los sospechosos de vulnerar la ley sobre su situación legal en el país en caso de tratarse de personas extranjeras, Sarah se sorprende de la reacción de la administración Obama, de quienes se supone que conocen la ley mejor que un particular, quien puede malinterpretarla, que poco tardó en iniciar una nueva ronda de autoflagelación delante de mandatarios extranjeros como los chinos o los mexicanos, conocidos todos ellos por su inmaculado respeto a los derechos humanos en sus respectivos países.

Y es que ni siquiera los Estados Unidos pueden estar siempre equivocados. Alejándose tanto del patrioterismo como de la constante denigración, Sarah aboga por un punto medio que permita a los estadounidenses reconocer y sentirse orgullosos de la grandeza de su patria sin por ello cerrar los ojos ante sus debilidades.

No siempre fue esto así en el Partido Demócrata. En el discurso inaugural del presidente Kennedy, éste, aunque no llegó a pronunciar la expresión “excepcionalismo americano”, mantenía su espíritu, pero es que cualquiera se imagina ahora a un demócrata haciendo lo mismo cuando la norma es, por el contrario, asumir que los Estados Unidos son peores que otro país y además hipócritas, irresponsables y necesitados siempre de enmienda, tal y como hace vergonzosamente Obama por todo el mundo desde que asumió el cargo. Y para Sarah, los Estados Unidos están hartos ya de eso y buscan líderes que se enorgullezcan de su país cada día y no sólo cuando su marido gana unas elecciones (y todos sabemos a quién se refiere, ¿verdad?).

¿Qué hace excepcional a los Estados Unidos? Para Sarah, la respuesta está clara: la Décima Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Ésa que dice que los poderes no delegados a los Estados Unidos (o sea al gobierno federal) por la Constitución ni prohibidos a los estados por ésta misma están reservados a los estados y al pueblo. Y ésa es la base de todo: nosotros (los estados y los ciudadanos) damos el poder al gobierno federal y no al revés. Nosotros somos soberanos. ¿Su aplicación práctica? Que el mejor gobierno es el que está más cerca de sus gobernados.

Sarah recuerda entonces los tiempos en que Alaska aún no era un estado, carecía de representación en Washington, D.C. y el gobierno federal regía sus destinos desde lejos, perjudicándoles en algunos casos, como cuando promulgó una ley llamada la “ley Jones” cuya consecuencia fue incrementar el coste de los bienes destinados a Alaska, perjudicándoles. Y para ilustrar el caso, cita un fragmento de un discurso de 1955 pronunciado por un demócrata alasqueño, Ernest Gruening, en el que éste comparaba la situación de Alaska entonces, sometida a impuestos sin contar a cambio con representación política, con la vivida en tiempos de la Revolución Americana, clamando porque Alaska se convirtiera de una vez en un estado con todos los derechos.

Es la Décima Enmienda la que hace a los Estados Unidos lo que son al maximizar la libertad de sus ciudadanos y restringir el poder del gobierno distante, tal y como reconoció Thomas Jefferson en 1791, algo que está amenazado hoy en día cuando el gobierno federal aspira a ocupar cada vez más parcelas de poder.

Con la expresión “excepcionalismo estadounidense”, Sarah entiende el reconocimiento de que los Estados Unidos atesoran una serie de valores y cualidades dignos de ser preservados y que les convierten en un modelo para el mundo, pero ello sin pretender ser mejores que los demás o arrogarse el derecho a decir a los demás lo que tienen que hacer o cómo vivir sus vidas. La misma concepción que desarrollan Richard Lamy y Ramesh Pannuru en un artículo de National Review que constituye su primera cita. Además, esa idea es más vieja que los propios Estados Unidos, pues los Padres Peregrinos que llegaron en el siglo XVII ya la traían con ellos cuando hablaban de fundar “una ciudad sobre una colina” que sería “la luz del mundo”.

Curiosamente, el primero en reconocer ese excepcionalismo fue un europeo, Tocqueville, en su libro Democracia en América de 1835, fundamentándolo entonces en sus costumbres (sobre todo en su herencia religiosa), su ley (especialmente su apego al federalismo) y las propias características del territorio estadounidense. Y además de eso, su pasión por gobernarse a sí mismos, sin esperar a que ninguna autoridad central les diga lo que tienen que hacer.

Cierto que a regañadientes, pero incluso otros países, tal y como reconoce el sociólogo Charles Murray, no han tenido más remedio que admitir que los Estados Unidos son diferentes, siquiera por su eterno optimismo, su ausencia de envidia ante el éxito de otros, lo que les permite celebrar ese éxito en lugar de sentirse resentidos, y el firme convencimiento por parte de los estadounidenses de que sólo ellos deciden su propio destino, algo que a los intelectuales europeos les pone frenéticos.

La humildad es una virtud, dice Sarah, porque reconocer esto no tiene que llevar a la arrogancia tampoco. Es simple justicia. Y si los Estados Unidos han sido buenos para los propios estadounidenses, también lo han sido para el resto del mundo. Y fue Ronald Reagan quien dejó claro en una carta escrita personalmente de su puño y letra a Leonid Brezhnev en 1981, la siguiente cita, que los Estados Unidos jamás pedirán perdón por su liderazgo del mundo.

Lamentablemente, los dirigentes estadounidenses actuales ya no creen en ese excepcionalismo, sino que piensan en los Estados Unidos como en un país más. Obama piensa que todos los países son excepcionales, lo que es lo mismo que creer que ninguno lo es, algo que Sarah ilustra con una cita de la película de dibujos animados Los increíbles (sí, sí, la sabiduría salta donde uno menos se la espera).

Así, por ejemplo, Sarah recuerda que en los Estados Unidos no hubo impuesto sobre la renta hasta 1861 y que aún entonces fue una medida temporal para ayudar a costear la Guerra de Secesión. Así fue y en 1871 desapareció, pero volvió en 1913 cuando la Decimosexta Enmienda lo autorizó definitivamente.

Y encima, todo lo hacen en nombre de una buena causa: asegurar a los que no tienen seguro, por ejemplo. Sarah recuerda entonces su lucha por evitar que los dólares del famoso Plan de Estímulo de Obama socavaran el autogobierno de Alaska. Así, aceptó la parte del plan correspondiente a la construcción de infraestructuras y el suministro de atención sanitaria a los más desfavorecidos, pero rechazó el resto porque implicaba ceder su soberanía al gobierno federal. Los legisladores estatales gritaron y amenazaron, pero ella se mantuvo firme, sólo para ver cómo una asamblea estatal controlada por los republicanos se saltaba su veto y aceptaba esos fondos y con ellos el control de sus asuntos por parte de Washington, D.C.

La lucha es difícil, reconoce Sarah, sobre todo cuando los partidarios del “gran gobierno” han trabajado tanto para igualar el concepto de “derechos de los estados” con algo que suena muy racista y muy segregacionista. Lo que subyace bajo esta ofensiva es la creencia de que los estadounidenses son niños y deben ser tratados como tales durante toda su vida, indicándoles constantemente qué es lo que más les conviene. Una nueva cita de una revista, The Freeman, conteniendo el texto de una resolución adoptada por la asamblea legislativa de Indiana en 1947, clamando por la reducción del gobierno federal y la devolución de su soberanía a los estados nos lleva a unos tiempos en que todos pensaban así. Por supuesto, Washington no hizo caso y no fue hasta 1982 cuando Ronald Reagan lo recordó durante una visita a Indiana, al tiempo que reconocía la justicia de su petición.

Otro aspecto del “excepcionalismo estadounidense” en peligro es la pérdida de confianza en el mercado libre y el trabajo duro. Ahora la moda es pedir ser como Europa con su sanidad gratuita, su mes de vacaciones cada año, sus beneficios sociales… y su desempleo de dos cifras y un estado en bancarrota como es el caso de Grecia, Portugal… ¡y España! (Sí, amigos, Sarah nos cita, pero maldita la gracia que me hace).

Para Sarah, todo esto no es más que otro ejemplo de la distancia entre las elites intelectuales y los ciudadanos. Para ella, la base de la prosperidad de los Estados Unidos reside en la capacidad del sistema de permitir a cada uno perseguir su sueño en una nación de soñadores dispuestos a luchar por hacerlos realidad, donde todo el mundo ansía mejorar su suerte y por ello no odian a quien lo ha logrado sino que, antes al contrario, lo admiran y lo toman como ejemplo. Y es eso precisamente lo que ha evitado las luchas de clases en los Estados Unidos: la voluntad de prosperar de todos, trabajando duro y aprovechando sus oportunidades.

Citando a Paul Ryan, el congresista republicano por Wisconsin, Sarah comprende que los Estados Unidos no quieren un gobierno que les diga que ése es su lote en la vida y que se conforme con él porque lo que los estadounidenses quieren de verdad es un gobierno que les ayude a conseguir un lote mejor. Y ello sin olvidarse de los que no tienen suerte, que merecen disponer de una red por si acaso, pero anteponiendo la libertad de intentarlo a las excusas para no tener que hacerlo. ¿Un ejemplo? La película de Will Smith En busca de la felicidad, la historia de Chris Gardner, quien se elevó de la miseria a la riqueza al más puro estilo estadounidense: trabajando duro, durísimo y nunca olvidando cuál era su objetivo. Otra cita: una de su propio marido, Todd, cuando repite constantemente a sus hijos que Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos. Y una tercera: la del fundador de la NBC, David Sarnoff, recordando que nadie nos debe nada y que, en consecuencia, uno no puede estar esperando a que alguien (el estado, generalmente) le dé lo que debe conseguir por su cuenta.

La perseverancia combinada con la libertad económica puede hacer milagros. Es la esencia del sueño americano: cualquier cosa puede suceder. Es cierto que se puede fracasar, pero también que uno puede recuperarse de un fracaso e intentarlo de nuevo. Y la función del gobierno federal debe ser la de asegurarse de que las condiciones son iguales para todos, que el campo de juego está nivelado y no cómo está haciendo ahora, favoreciendo a unos en detrimento de otros.

La toma de control de la industria automovilística, el rescate bancario, etc… Todo eso hace que ese campo de juego no esté nivelado y que el libre mercado esté en peligro, suplantando la política a las buenas ideas, el trabajo duro y la perseverancia.

Sarah sabe de ello. En Alaska se las tuvo tiesas con las grandes compañías petroleras, pero pudo con ellas. Justo lo contrario que en Washington, D.C, hoy en día. Cuando más poder económico y más industrias posea el gobierno federal, más política entra en juego y menos libre mercado. Y bajo esas condiciones, quienes ganan siempre son los grandes y quienes pierden, los pequeños.

A Sarah le disgusta que los grandes de Wall Street se hayan ido de rositas de esta crisis y nos habla de que una cosa es ser pro-mercado y otra ser pro-negocios. Un gobierno sensato promueve el mercado libre y no escoge ganadores y perdedores entre los diferentes negocios. Y lo ilustra con una cita de Luigi Zingales, un economista de la Universidad de Chicago que abunda en el mismo tema.

Y otro economista: Milton Friedman, quien incluso hizo una serie de televisión titulada Libertad de elegir, igual que su famoso libro, donde uno de los ensayos que dio a conocer fue uno de Leonard Read titulado “Yo, el lápiz”, donde con el relato del proceso de fabricación de un simple lápiz ilustra de qué manera la libertad económica nos favorece a todos y cómo la intromisión del gobierno nos perjudica. Y eso es algo que los socialistas jamás han podido (o querido) entender: que en una economía libre, los particulares cooperan entre ellos. Es la famosa “mano invisible” de Adam Smith en que miles y miles de decisiones individuales se complementan unas a otras. Un hecho que ahora, cuando el capitalismo vuelve a estar en la picota y la libertad económica cuestionada, no deberíamos olvidar y estar dispuestos a recordar ante quien sea.

Que así sea.

Y para el próximo día, creo que voy a darles mi opinión sobre los tristes sucesos de Arizona. Llevo unos días siguiéndolos atentamente y cada vez siento más ganas de vomitar. ¡Ja! ¿En serio alguien se creía que Obama iba a “mooooderaaaarseeee” después de los resultados electorales de noviembre? ¡Pero si es un agitador nato! Y a fe que lo está demostrando.