La estrella ascendente de Paul Ryan (II)


 

En la anterior entrada conocimos a Paul Ryan, el representante republicano por Wisconsin, y además de ver que es guapo (una amiga mía progre está harta de que saque “pedazos de tíos” en mi blog y que todos sean de derechas, pero así es la vida), vimos que tiene una buena cabeza. Ciertamente no se ha destacado nunca por su toma de postura en cuestiones sociales, pero teniendo en cuenta su admiración por Ayn Rand, de quien confiesa que si está metido en política es por ella, mucho me temo que si lo hiciera, sería para adoptar opiniones más bien libertarias que conservadoras, tal y como él mismo ha reconocido alguna vez.

Pues si ayer les dije que me recordaba a Reagan cuando era joven, en esta foto le veo un aire a lo Nicolás Sarkozy. En fin, que uno es dado a sacar parecidos a la gente y por lo general no acierto. Ustedes mismos.

De cualquier manera, lo que más nos interesa de él hoy es conocer sus opiniones en materia económica. Y para ello, tenemos que empezar a hablar de ese plan, el “Roadmap for America’s Future” del cual es autor.

Exactamente, el Roadmap (como lo vamos a conocer a partir de ahora para no hacernos pesados) es una propuesta legislativa que Ryan y la minoría republicana en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos presentaron en pasado 21 de mayo de 2008 para su tramitación (entonces se etiquetó como HR 6110 y se denominó oficialmente “Roadmap for America’s Future Act of 2008”) y que pretendía aportar una solución a los principales problemas económicos de la nación:

  • ­ Asegurar el acceso universal a la cobertura sanitaria.
  • Reforzar los programas Medicare (para las personas mayores), Medicaid (para las personas sin recursos económicos suficientes) y el resto de la Seguridad Social.
  • Reducir el peso de la deuda nacional.
  • Promover el crecimiento económico y la creación de empleo.

 Casi nada, ¿verdad? Pues no llegó al pleno de la cámara; los demócratas se la cargaron directamente en el comité. Pero eso no desanimó a Ryan quien, a finales de enero de 2010, presentó una nueva versión de su Roadmap, ya no como proyecto de ley, que recogía todas las variaciones que se habían producido hasta entonces en el panorama económico estadounidense.

¡Grrr, demócratas, esperad a que sea Secretario del Tesoro y veréis!, parece decir Ryan en esta foto. Por cierto, me gusta la corbata. Al fin alguien que se sale de la típica corbata lisa roja o azul. Tengo que ver si encuentro una igual.

En esencia, el Roadmap propone cambiar por completo el sistema impositivo estadounidense, corregir de una vez por todas las deficiencias del sistema sanitario y reformar todos los programas de gasto social. Y lo mejor de todo es que dichas propuestas no son meros cantos de sirena sino que han sido avaladas por un organismo tan capacitado e independiente como es la Congressional Budget Office (CBO) del Congreso de los Estados Unidos (un organismo del que Rillot nos ha hablado muchas veces pero que es la primera vez que aparece aquí), que dictaminó en su momento que la propuesta de Ryan era factible, que produciría un verdadero estímulo que redundaría en un alto índice de crecimiento económico de la nación y que provocaría que la Seguridad Social estadounidense fuera solvente por primera vez en muchas décadas, evitando su más que seguro colapso de seguir al paso que lleva. ¡Y todo ello sin necesidad de subir los impuestos o reducir los beneficios de los que disfrutan actualmente las personas acogidas a sus diferentes programas, fundamentalmente los jubilados! Y eso no lo digo yo, sino el organismo del Congreso de los Estados Unidos dedicado al análisis detallado de cualquier propuesta legislativa que se le plantee… ¿Y los demócratas no lo han querido discutir siquiera? No. Pero, ¿están locos esos demócratas? No, simplemente es que son así.

Tal y como dice el propio Ryan:

A lo largo de toda mi carrera en el Congreso he estado viendo como se deterioraba progresivamente nuestra situación económica y he notado que nadie estaba proponiendo soluciones por miedo a caer en la demagogia política. Si eso continua, tengo muy claro que caminamos como sonámbulos hacia una crisis fiscal en la que las alternativas serían peores y que podrían llevarnos más allá en el camino de convertirnos en un “estado del bienestar”.

Gracias en parte al desastre electoral de 2006, en el que los republicanos perdieron el control de ambas cámaras del Congreso, Ryan vio su papel dentro del partido potenciado hasta el punto de convertirse en el ranking member del comité de Presupuestos, lo que le permitió contar con la posibilidad de trasladar sus propuestas a la CBO para que las evaluasen. Así pues, decidió presentar una alternativa claramente conservadora a lo que estaba haciendo la actual administración con el fin de evitar la catástrofe a la que los Estados Unidos están abocados si continúan las cosas como hasta ahora:

En 2008, cuando presenté esto [el Roadmap], creía que teníamos diez años por delante antes de que fuera demasiado tarde para retroceder y poder mantener así lo que yo llamo la idea de gobierno limitado americano basado en la libertad, la libre empresa y una sociedad de emprendedores. Ahora, creo que tenemos la mitad de ese plazo a causa de la crisis económica en la que nos encontramos y a causa también de la agenda que Washington está desarrollando ahora mismo.

El Roadmap, pues, es más que una mera propuesta económica, ya que incluye en su texto una amplia muestra de sabiduría política que nos remite hasta Thomas Jefferson, John Locke o Émile Durkheim. Su idea central consiste en la asunción de que la expansión del estado del bienestar al estilo europeo en los Estados Unidos sería algo tan perjudicial que provocaría el desarraigamiento de lo que el Roadmap denomina orgullosamente “el carácter americano”, basado en la libertad y la responsabilidad personal.

Así pues, Ryan establece como primer punto que todos los problemas a los que se enfrentan los Estados Unidos hoy en día están interrelacionados y no se puede pretender abordarlos por separado: si alguien quiere acabar con la creciente deuda nacional, tendrá que hacerlo poniendo orden en Medicare; a la vez, si alguien quiere poner orden en Medicare, no lo podrá hacer si no reforma de una vez por todas y bien el sistema sanitario; y para reformar el sistema sanitario, hay que reformar también el sistema fiscal; y si se reforma el sistema fiscal, tendremos las bases puestas para espolear el crecimiento económico, lo cual nos permitirá contar con los ingresos suficientes como para pagar la creciente deuda nacional y conseguir que deje de ser eso: creciente.

Para cualquiera sin la cabeza de Ryan, la mera idea de tocar una sola de todas estas piezas del rompecabezas  que es la economía estadounidense sin causar un desastre mayor, produce vértigo. Sin embargo, Ryan logra que parezca hasta fácil. Y lo que es mejor, que lo entienda hasta un inepto en cuestiones económicas como yo. Pero aún así, su objetivo es muy ambicioso, tal y como reconoció Ramesh Ponnuru en National Review Online:

El representante Ryan es la imagen especular de la agenda de Obama. Intenta mover a los Estados Unidos dentro del libre mercado antes que en una dirección socialdemócrata y yo apoyo este objetivo; pero es tan transformativo, tan ambicioso, tan inmodesto. No creo que el público, o el sistema político, puedan soportar este tipo de cambio tan profundo.

Por supuesto, Ryan es optimista (a la fuerza ahorcan, digo yo) y cree que el Congreso tiene la capacidad de aprobar una propuesta de reforma tan audaz como lo es el Rodmap:

Yo creo que la respuesta es sí, si ganas el debate. Pero tienes que entrar en el debate para poder ganarlo.

Incluso ha previsto que su plan sea ejecutado en partes, lo que no supondría que fuera impracticable, sino meramente un poco más de tiempo y, eso sí, la necesidad de tomar prestado más dinero a corto plazo, que es lo que está incrementando la deuda nacional. El plan está diseñado para ser flexible  e incluso para aceptar alternativas válidas a sus propuestas.

No es un plan de tómalo o déjalo. No es ésa su intención. Es una visión, lo que en mi opinión necesitan los Estados Unidos al tiempo que mantienen sus promesas a las generaciones actuales que han construido sus vidas alrededor de estos programas.

La principal intención de la revisión del Roadmap que ha llevado a cabo este año, en realidad, es la de provocar un debate público entre los votantes acerca de la crisis nacional. El principal problema para llevar a cabo una reforma de este tipo es que a quien más asusta es a los mayores que, en general, son todos ellos votantes activos, mientras que los jóvenes, que tendrían que estar aún más interesados en ese debate porque afecta a su futuro, sencillamente no piensan en el momento de su jubilación y suelen votar mucho menos. Ryan es consciente de ello y por eso intenta que dicho debate llegue sobre todo a los más jóvenes, los que más tienen que perder, usando para ello herramientas como Facebook o Twitter, que más de uno ya nos ha demostrado la potencia que pueden tener.

Para Ryan, si los Estados Unidos siguen sin abordar los cambios necesarios, los jóvenes estadounidenses se encontraran con un país en el que “su mejor siglo habrá sido el anterior y no el presente. Ése es el camino que llevamos ahora mismo. Cuanto antes podamos ayudar a los estadounidenses a ver eso, antes podremos abordar el tipo de cambios que necesitamos para prevenirlo”.

Lo malo es que no es sólo contra los demócratas con quienes tiene que luchar, sino también contra sus propios compañeros de partido, asustados por la oposición encontrada en el bando demócrata (lógica por otra parte) y tan demagógica como siempre, pretendiendo que Ryan sencillamente quiere dejar a todos los jubilados sin seguro médico. Falso, pero efectivo porque en un año como éste, electoral y con buenas perspectivas para los republicanos, ¿quién va a querer meterse en un fregado como el de explicar a los votantes que ellos no van a suprimir en absoluto Medicare, pero sí que van a reformarlo para que sus nietos puedan disfrutar de él cuando les llegue el turno cuando los demócratas en el rally de enfrente están asegurando a voz en cuello que sí que lo van a suprimir y que sólo ellos les pueden garantizar esos beneficios por los que han estado trabajando durante toda su vida?

Una difícil elección porque si los republicanos quieren merecer alguna confianza como el partido que va a poner en práctica lo del gobierno limitado esta vez sí y no va a ser de nuevo el partido de más gobierno todavía, ésa es una propuesta que tienen que poner encima de la mesa y pelear por ella a cara de perro si hace falta antes de que esa catastrófica crisis final a la que Ryan le ha dado un plazo de cinco años se les eche encima y entonces ya no haya nada que reformar.

Y no son meras pesadillas después de haber cenado fuerte. El caso de Grecia ha hecho saltar todas las alarmas y España, que a punto estuvo en mayo pasado de seguir el mismo camino, las volvió  a hacer sonar. Grecia cayó con una deuda nacional del 113,4% del Producto Interior Bruto (PIB), un porcentaje que le impidió obtener dinero en los mercados internacionales ante la imposibilidad de que los inversores se creyeran que lo iba a devolver (cuando uno gana 20.000 € al año y debe 22.500 €, a ver quién es el guapo que le presta mil euros más). Según datos de la CBO, Estados Unidos superará ese porcentaje en 2026, llegando al 223% en 2040, 433% en 2060 y 716% en 2080, en que sencillamente el país estará en ruinas (cuando uno gana 40.000$ al año y debe 300.000$ lo suyo ya es de juzgado de guardia, ¿no?).

John Cochrane, catedrático de Finanzas en la Universidad de Chicago, declaró al respecto de la creciente deuda nacional estadounidense:

Uno no llega a ese punto. Mucho antes de alcanzar un porcentaje de varios cientos del PIB, los mercados internacionales dicen: “No, no lo vamos a hacer, no te vamos a prestar más” y entonces uno tiene una enorme crisis entre manos. Testigo: Grecia.

Para Cochrane, los inversores internacionales suelen fijarse un plazo de treinta años cuando compran bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Actualmente, estos inversores todavía confían en la capacidad de los Estados Unidos para hacer frente a sus obligaciones y creen también que el país encontrará la manera de superar sus dificultades, pero existe el riesgo de que la crisis estalle abruptamente si, por cualquier motivo, por ejemplo, China, una de sus mayores acreedores, pierde esa confianza en la capacidad de los Estados Unidos para salir de la crisis. No existe un límite concreto, un porcentaje que esos mismos inversores se marquen como el máximo asumible, sino que depende de muchas cosas. Por ejemplo, en 1945, ese porcentaje era del 121,7% y no pasó nada porque todos sabían que estaba causado por la guerra y que la guerra era algo temporal que terminaría pronto y los Estados Unidos volverían a la senda correcta y pagarían sus deudas.

Es cierto que los Estados Unidos aún pueden recurrir a la máquina de imprimir billetes, a diferencia de Grecia, pero aunque eso aliviaría el problema del pago de la deuda, provocaría a su vez una inflación tan descomunal que sería peor el remedio que la enfermedad. Y a efectos prácticos, el resultado sería el mismo: la bancarrota.

En su opinión, sólo existe una manera de evitar ese problema y es “convencer a los mercados de que tienes un plan y vas a corregir el problema tarde o temprano”. Ahora mismo, el único plan sensato (los de Obama no cuentan; no lo son) que hay sobre la mesa es el de Ryan. Tal vez el año que viene, con un Congreso republicano, sea el momento de que lo vuelvan a tomar en consideración. Ojalá.

 Por mi parte, en la próxima entrada les detallaré de una vez por todas en qué consiste el dichoso Roadmap. Tendremos gráficos y números, muchos números. Parecerá una mala copia de una entrada de Rillot, ya lo verán. Y a lo mejor hasta logramos entender algo. Dios lo quiera.

P.D. Ésta es mi entrada número 200. ¡Qué ilusión! A trancas y barrancas, pero sigo aquí. Y con más ánimos que nunca. Tengo que hablarles un día sobre el libro, que va avanzando, pero antes tengo que explicarles lo que opino sobre lo que han supuesto las primarias estadounidenses y terminar con el Roadmap. ¡Uf, esta semana va a ser muy intensa!

P.P.D. Es cierto que hubo un error a la hora de publicar mi colaboración en The Americano. Al artículo le faltan las últimas diez líneas. Cosas de los duendes de imprenta (o de algún demócrata infiltrado). Ya he avisado y se está en trance de corregirlo. Gracias por el aviso, amigos.

5 respuestas a La estrella ascendente de Paul Ryan (II)

  1. Violante dice:

    Lo vi con los otros Young Guns en Hannity primero y luego en Fox and Friends. Está guapísimo (aunque Eric Cantor me gusta más). A ti te recuerda a Reagan con toque Sarkozy. A mi me recuerda a los Kennedy (Jack y Bob, no el pobre Ted que ni sabía para donde iba) no solo en “looks”, pero también en retórica y body language.

    Si hago hincapié en lo que otros llamarían frivolidad, es porque en USA, ya sabemos,la sonrisa del politico le gana votos. Y la de éste combina bien con el Roadmap

  2. Conservadora dice:

    No sólo es guapo, es muy listo y con modo de hablar, respetuoso, filoso y suave que es, o debe ser ya, el terror de los periodistas de izquierda. No es del tipo de político que se amilana ante preguntas difíciles, enunciadas como quien no quiere decir. Las define en público primero, quitándoles todo el ornamento, para que todos vean de qué se trata, y procede a rematar al entrevistador certeramente sin inmutarse. Ese es el político que necesitamos los conservadores. Por cierto, como Sarah, que no pierde la sonrisa ni diciéndole al Presidente que es poco hombre.
    Saludos

  3. Sam dice:

    Comentando tu P.D., te leo casi desde que empezaste a publicar. No recuerdo cómo encontré tu blog, pero me he enganchado.

    Sigue ahí, yo seguiré leyéndote (desde la bonita isla de La Palma, en Canarias). Un cordial saludo.

  4. Santi dice:

    Animo con tu libro, Bob.

  5. […] en mi viejo (y querido) “Conservador en Alaska” en septiembre de 2010. Están aquí, aquí y aquí. Disfrútenlos. Me gusta:Me gustaBe the first to like this. Esta entrada fue publicada en […]

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