VOCES QUE MERECE LA PENA ESCUCHAR (I): RUSH LIMBAUGH


 

Tal y como les había anunciado, comienzo esta nueva temporada de “Conservador en Alaska” con la esperanza de que sea tan apasionante como las anteriores y que pueda seguir contando con la compañía de todos aquellos de ustedes que me han seguido hasta el día de hoy (y a lo mejor de alguno más, que hay sitio para más). De verdad que sus comentarios de estos últimos días han sido una bendición para mí. No saben ustedes el bien que me han hecho ofreciéndome su amistad en estos momentos en que me siento tan descorazonado. Gracias, mil veces gracias. Que Dios les bendiga a todos.

Hacía tiempo que se lo tenía prometido, ¿verdad? Pues lo prometido es deuda y aquí tenemos a nuestro héroe de hoy: el locutor de radio estadounidense Rush Limbaugh. La foto es del que creo yo que fue su momento de más éxito en los últimos años: la CPAC de febrero de 2009 en Washington, donde pronunció un discurso que llegó a toda la nación y que levantó más de una ampolla entre propios y extraños.

La vida a veces se complace en jugarle una mala pasada a los que se las dan de sabios y se atreven a hacer pronósticos tales como que alguien no tiene talento para la radio, por ejemplo, y que lo mejor que podría hacer es dejar el micrófono y pasarse al departamento comercial y vender anuncios. Eso es precisamente lo que le dijo la dirección de la KQV, una emisora de Pittsburgh (Pennsylvania), a finales de 1974 a un joven Rush Limbaugh, su disc jockey nocturno. Ciertamente, muy poco futuro debía de tener cuando en 2001, ese mismo Limbaugh firmó un contrato por ocho años por un total de 240 millones de dólares, renovado en 2008 por otros ocho años, ahora por un total de 400 millones, y eso sin contar que en 2002, la revista especializada Talkers le declaró el mejor locutor de radio de talk show de todos los tiempos. Y es que afortunadamente, nuestro destino no está escrito porque si lo estuviera…

Rush Hudson Limbaugh III nació en 12 de enero de 1951 en Cape Girardeau (Missouri), hijo de Rush Hudson Limbaugh, Jr., un abogado y antiguo piloto de combate veterano de la II Guerra Mundial y de Mildred Carolyn Limbaugh (de soltera Armstrong), un ama de casa. En 1967, a los dieciséis años, Limbaugh tuvo su primer trabajo en una emisora de radio local, algo que le marcó porque pronto decidió que eso era lo que quería hacer en la vida, abandonando incluso sus estudios universitarios después de tan sólo dos semestres en la facultad porque, tal y como reconoció su madre no es sólo que “lo suspendió todo”, sino que “simplemente no parecía estar interesado en otra cosa que la radio”.

Contando finalmente con la aceptación paterna, Limbaugh se mudó a Pennsylvania donde en 1972 encontró su primer trabajo serio como disc jockey en la WIXZ, una emisora local de McKeesport, pasando al año siguiente a la KQV, ya en Pittsburgh, donde sus jefes confiaron tanto en él como para hacer la predicción que ya hemos visto. Después de esto, Limbaugh trabajó donde pudo, siempre en la radio, hasta que finalmente en 1979 aceptó un puesto como director de promoción del equipo de beisbol de los Kansas City Royals, de Kansas City evidentemente.

No fue hasta 1984 cuando regresó a los micrófonos en la KFBK de Sacramento (California), ya como locutor de un programa de comentario político tan sui generis en aquel entonces que no contaba con ningún invitado y se basaba exclusivamente en sus comentarios sobre la actualidad para llenar todo el tiempo de emisión. Para sorpresa de todos, su programa alcanzó suficiente éxito como para que la WABC (la cadena de radio propiedad de la ABC) se fijara en él y le ofreciera incorporarse a su cadena con un programa de alcance nacional que desde entonces no ha hecho más que ganar oyentes y convertirse en el programa de comentario político más escuchado de todo Estados Unidos, abriendo el  camino para que otros locutores conservadores siguieran su camino, aprovechando sobre todo que en 1987 se derogó la llamada Fairness Doctrine (doctrina de la imparcialidad) que obligaba a que todas las emisoras de radio reservaran un tiempo de emisión para que se pudiera replicar a cualquier opinión controvertida que emitieran, algo que tiene poco de imparcialidad cuando uno no puede dar su opinión sin que inmediatamente tenga que esperar la respuesta del correspondiente “comisario político” del Ministerio de la Verdad orwelliano. Y es que como dijo en su momento un editorial de The Wall Street Journal: “Ronald Reagan derribó este muro (la Fairness Doctrine) en 1987 (…) y Rush Limbaugh fue el primer hombre en proclamarse liberado de la Alemania Oriental de la dominación de los medios de comunicación liberales”. Y luego se preguntan algunos que porqué amamos tanto a Reagan los que amamos la libertad.

El programa de Limbaugh, The Rush Limbaugh Show, es un programa de tres horas diarias que se emite en directo y que mantiene prácticamente la misma estructura desde su primer programa el 1 de agosto de 1988. Consiste fundamentalmente en el comentario por parte de Limbaugh de las noticias del día, intercalándose entre ellas anuncios, algunos de verdad y otros de broma, llamadas telefónicas por parte de los oyentes y una variedad de pequeñas comedias que no dejan de recordarme a las del glorioso Grupo Risa en “La Mañana de Federico” en es.radio. Pocas veces aparecen invitados, pero aparecen (Sarah Palin, por ejemplo, ha aparecido dos veces: una en octubre de 2008, durante la campaña electoral, y otra en noviembre de 2009, durante su gira de promoción de Going Rogue). El programa empieza a mediodía en horario de la Costa Este y que se emite tanto por AM como por FM a través de más de 590 emisoras.

Muchas han sido las controversias en las que se ha visto envuelto Limbaugh durante todos estos años, sobre todo porque él no es hombre de medir sus palabras y cuando quiere decir algo, lo dice y sanseacabó. Una de las más conocidas, por lo relativamente reciente que es, es aquella en la que Limbaugh, en enero de 2009, preguntado por un medio de comunicación sobre si podría enviarles en 400 palabras sus deseos para la que iba a ser próxima presidencia de Obama, éste contestó directamente en antena diciendo: “No necesito 400 palabras, necesito cuatro: yo espero que fracase”, explicando luego que no quería “la absorción por parte del gobierno federal de todo lo que pudiera del sector privado, desde el negocio bancario hasta la industria de las hipotecas, el negocio automovilístico, la atención sanitaria. No quiero que el gobierno se encargue de todas estas cosas. No quiero que esto suceda”. Y continuó diciendo: “¿Por qué es injusto que diga que espero que el liberalismo fracase? El liberalismo es nuestro problema. El liberalismo es lo que nos ha conducido tan cerca del precipicio aquí”. Por supuesto, los demócratas pusieron el grito en el cielo, pero a lo más que consintió Limbaugh en precisar fue en decir que lo que esperaba ver era el fracaso de la política de Obama, no el del propio Obama. Y a otra cosa, mariposa.

Comentarios como éste y una intervención de lo más esperada en la Conservative Political Action Conference (CPAC) de marzo de 2009 en Washington, le valieron el ser calificado por Rahm Emanuel, el jefe de Gabinete de la Casa Blanca y eminencia gris del presidente Obama, como la auténtica cara y el verdadero representante del Partido Republicano. Pero no fue sólo Emanuel quien se mostró en desacuerdo con él; por desgracia, dentro del Partido Republicano tiene también sus detractores y uno de ellos fue el propio Michael Steele, su chairman, que calificó su discurso como “incendiario” y “feo”, aunque ante las protestas que se despertaron en sus propias filas no tuvo más remedio que arriar velas y telefonear al propio Limbaugh para disculparse. Y es que si Steele fuera un poco más “incendiario” y “feo” en sus palabras contra el gobierno federal, otro gallo le cantaría a ese fracaso andante.

Como podemos ver, Limbaugh no es alguien que deje precisamente indiferente a quien le escuche. Y, sin embargo, sus opiniones políticas no son nada radicales como podría pensarse. De hecho, la mejor persona para dejar claras cuáles son éstas es sin duda el propio Limbaugh, quien así lo hizo en un artículo que publicó en The Wall Street Journal en 2005 y en el que decía lo siguiente:

Amo ser un conservador. Nosotros, los conservadores estamos orgullosos de nuestra filosofía. Al contrario que nuestros amigos liberales, que están constantemente buscando nuevas palabras para ocultar sus auténticas creencias y están en un perpetuo estado de reinvención, nosotros, los conservadores, no nos avergonzamos de nuestros ideales. Nosotros estamos seguros de nuestros principios y enérgicos a la hora de hacerlos avanzar. Creemos en la libertad individual, el gobierno limitado, el capitalismo, el poder de la ley, la fe, una sociedad ciega a los colores y la seguridad nacional. Apoyamos la elección de escuela, las zonas industriales, los recortes de impuestos, la reforma del estado del bienestar, las iniciativas basadas en la fe, el discurso político, los derechos de los propietarios y la guerra contra el terrorismo. Y en lo más íntimo de nuestro ser abrazamos y celebramos el documento de gobierno más magnífico que jamás haya ratificado nación alguna –la Constitución de los Estados Unidos. Junto con la Declaración de Independencia, que reconoce nuestro derecho natural dado por Dios a ser libres, es el fundamento sobre el cual ha sido construido nuestro gobierno y nos ha permitido florecer como pueblo.

Evidentemente, Limbaugh es conservador a machamartillo, algo de lo que se enorgullece ya desde la primera página de su primer libro, The Way Things Ought To Be (El modo como deberían ser las cosas), aparecido en 1992, seguido un año después por otro, igualmente número uno en la lista del The New York Times, titulado See, I Told You So (Mira que te lo dije). Y no sólo se confiesa como tal sino que no tiene ningún reparo en emprenderla contra aquellos de sus colegas en los medios de comunicación que, bajo el disfraz de la objetividad, lo que hacen es favorecer las opiniones políticas liberales. Para Limbaugh, el Partido Republicano, su partido, está en serio peligro desde hace años y sólo la decidida adopción de los principios tradicionales conservadores puede asegurar su supervivencia frente a las hordas de republicanos moderados que lo único que hacen es el caldo gordo a su gran rival, el Partido Demócrata, a los que invitó directamente a abandonar el partido, si tan a disgusto se hallaban en él.

En el artículo de The Wall Street Journal de 2005, Limbaugh se definía como conservador y explicaba a todos los lectores cuál era su filosofía política, una filosofía que compartimos con él todos los buenos conservadores, tanto estadounidenses como europeos. En la práctica, esa filosofía se ha visto plasmada en las diferentes posturas que ha ido adoptando a lo largo de los años sobre uno u otro tema, según fueran apareciendo en la actualidad política. Así, por ejemplo:

  • Sobre la cuestión del cambio climático, Limbaugh ha defendido repetidamente la opinión que duda de que su causa sea meramente la acción del hombre, destacando que la evidencia científica no apoya esta presunción. Por supuesto, todo esto lo dijo a su estilo, asegurando que el tan cacareado “consenso científico” sobre este asunto no era más “que un puñado de científicos organizados alrededor de una propuesta política”.
  • Sobre el feminismo, Limbaugh es más que crítico, habiendo acuñado el término “feminazi” (aunque él atribuye su paternidad a otra persona) para referirse a una par de docenas de las más destacadas dirigentes feministas, atribuyéndoles como único interés en la vida “el que se produzcan todos los abortos posibles”, algo que uno no puede dejar de pensar si no será realmente cierto a la vista de lo que está sucediendo, por ejemplo, en España.
  • Sobre los negros (que me niego a llamar “afroamericanos”, como pretende lo políticamente correcto), Limbaugh opina que están quedándose atrás socialmente, a diferencia de otras minorías raciales, porque son sistemáticamente adiestrados desde su más tierna infancia en el odio a Estados Unidos.
  • Limbaugh también se opone a la amnistía en lo que se refiere a la inmigración ilegal y es partidario de la pena de muerte.
  • ¡Ah, y lo mejor de todo! Limbaugh es un ferviente partidario de Sarah Palin, a quien ve como el futuro del Partido Republicano y la única posibilidad de salvación del país antes de que los okupas esos de la Casa Blanca se lo carguen del todo.

Por supuesto, un locutor de radio con estas características se convierte inmediatamente en objetivo de sus rivales, tanto políticos como profesionales. Como quiera que, profesionalmente, no es muy convincente que lo único que pueden alegar es que no les gusta lo que dice, algunos grupos se han dedicado a acusarle además de falsedad en sus comentarios, tal como hicieron en 1994 unos tipos de la izquierda agrupados bajo las siglas FAIR (Fairness and Accuracy In Reporting, ecuanimidad y precisión en las informaciones); Al Franken, un mal comediante reconvertido en político, que escribió en 1996 un libro titulado Rush Limbaugh is a Big Fat Idiot and Other Observations (Rush Limbaugh es un gran gordo idiota y otras observaciones); el grupo Media Matters for America o los científicos partidarios del cambio climático Michael Oppenheimer  y David Wilcove en una réplica a su libro The Way Things Ought To Be titulado The Way Things Really Are (El modo como son realmente las cosas).

Afortunadamente, a Limbaugh todo eso le trae al fresco y seguro que piensa eso tan castizo de ¿ladran?, luego cabalgamos. Ciertamente es una personalidad tan exuberante que debe ser difícil convivir con él, pues se ha casado y divorciado ya tres veces. Además, sorprendentemente para un locutor de radio, en 2001 sufrió una grave y extraña enfermedad llamada AIED (Autoimmune Inner Ear Disease, enfermedad autoinmune del oído interno) que le causó la pérdida en sólo tres meses de la audición completa de su oído derecho y casi toda la de su oído izquierdo. Sometido rápidamente a una intervención quirúrgica para insertarle lo que se llama técnicamente un implante coclear, Limbaugh ha logrado recuperar suficiente audición como para continuar trabajando, lo que es una bendición para todos sus oyentes y una maldición para los de la Casa Blanca, que seguro que lo escuchan cada día. Y es que si no, ¿cómo iban a enterarse de lo que pasa realmente en Estados Unidos? ¿Por sus propios medios de agit-prop? ¡Ay, qué risa, tía basilisa!

Y hasta aquí, esta entrada dedicada al más grande de todos. En la próxima, Glenn Beck.

4 respuestas a VOCES QUE MERECE LA PENA ESCUCHAR (I): RUSH LIMBAUGH

  1. Conservadora dice:

    Mientras más lo escuho más me gusta Rush. ¿Recuerdas cuando dijo que las feministas eran unas fracasadas que no tenían nada que hacer el sábado por la noche? Este hombre está lleno de amor por su país y de auténtica generosidad con todos. No lo mencionaste, pero es famoso por su filantropía también. Y con su astucia característica, inmediatamete detectó la joya que es Sarah para la verdadera libertad.

  2. Santi dice:

    Debe de ser muy bueno este tal Rush, un conservador sin pelos en la lengua y sin complejos, como debe ser. Yo, evidentemente, no le oigo porque no puedo, pero seguro es un grande de la radio, de los que enganchan. Sólamente con ver lo que gana se deduce que es una estrella de las ondas. Y además apoya a nuestra Sarah Palin, otro punto fundamentental a su favor. Gente como Rush Limbaugh hace mucha falta en EEUU y en cualquier parte del mundo.

    Si encima le gusta a Conservadora, que tiene la suerte de poder escucharle, eso es la prueba del siete de su valía. De Conservadora me fio. No se hable más.

    Y, una por enésima vez, ¡ánimo Bob!

  3. manu dice:

    por fin por fin por fiiin jejej muy bueno amigo no es porq uno pueda saber d la gente ya q eso se consigue en la red sino es tu stilo d scribir y decirlo claro y con orgullo felicidades….
    esperando por laas entregas no desanimes

  4. Manu dice:

    che no pusiste nada de Rand Paul , por lo menos no lo e visto seria interesante que subas cosas sobre el y su padre , siendo que ambos son grandes politicos y ejemplos de honorabilidad y decencia .En especial el Dr Ron Paul del cual e leido mas

    saludos

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