ES MITT ROMNEY EL PRINCIPAL RIVAL DE SARAH PALIN? (II)


 

Los habituales de este blog ya conocen mi costumbre de ofrecer a mis lectores todos los datos posibles antes de darles mi opinión. En el caso de Mitt Romney, esto me llevó a dedicar una entrada completa a repasar su biografía. Releyendo lo que he escrito, comprendo que más de uno pueda pensar que ese tipo no me cae bien. Sin embargo, no es exactamente así y es por ello que quiero dedicar esta entradilla a aclarar mi postura.  Para mí, Romney es un buen republicano y un buen conservador y daría cualquier cosa menos mi ejemplar de Going Rogue porque fuera él el presidente de Estados Unidos en lugar de ése que ustedes ya saben. Sin embargo, si bien reconozco su valía, entiendo que no es ni el republicano ni el conservador por el cual yo me comprometería sin dudarlo. Ese honor (aunque el honor sea mío más bien) se lo reservo a Sarah Palin. Y ahí está el meollo de la cuestión: desde que concluyó la pasada campaña electoral, Romney se siente tan desbancado por ella que no puede soportarlo y se le nota a la legua lo resentido que está. Nadie niega su excelencia, pero lo que no le vamos a perdonar de ninguna manera es que él se la niegue a Sarah sólo porque no tiene el pedigree que tiene él. Todos los que amamos a Sarah la amamos sobre todo porque vemos en ella precisamente a alguien como nosotros, alguien que nos demuestra cada día que pasa que todos podemos llegar lejos en la vida sin necesidad de haber nacido en una familia rica y poderosa y que el único precio que tendremos que pagar por ello es el de nuestro propio esfuerzo. La arrogancia de Romney acabará volviéndose en su contra y eso no le va a gustar porque aún podría jugar un importante papel en la política estadounidense. ¡Ah, vanidad de vanidades!

El gran hombre y su esposa, Ann, durante un acto de la anterior campaña electoral en New Hampshire. Y mira que me parece buen tipo, pero qué le vamos a hacer. Pienso que se cree con derecho a la grandeza y eso no lo puedo tolerar. Sencillamente, no soporto a los elitistas. Y es que yo soy uno más del montón… como Sarah, por ejemplo.

Nota del autor: Tenemos un nuevo amigo, se hace llamar Moli de Getafe y está muy interesado en la jerga política estadounidense. En concreto, siente curiosidad por los RINO (Republican In Name Only, republicanos sólo de nombre). Como quiera que me entusiasma el hacer nuevos amigos, le doy la bienvenida y le ofrezco otro ejemplo de jerga para que pueda estampársela en la frente a esos conocidos tan poco recomendables que tiene. Toma nota, Moli: DIABLO (Democrat In All But Label Only, Demócrata en todo salvo en la etiqueta). ¿Que qué es peor? Pues yo creo que el segundo porque si bien un RINO es un republicano que de republicano tiene poco, es un republicano en el fondo de su corazón y lo suyo tiene remedio. Pero es que un DIABLO es un agente provocador; un enano infiltrado con la secreta intención de causar el mayor daño posible. Y ése sí que no tiene remedio porque es malo de solemnidad. Así que ya sabes, Moli; cuídate mucho de ambos, pero especialmente de los últimos.

Romney y Palin, la política en tiempos del Tea Party

Hoy no es día de andarse con rodeos así que, si me lo permiten, les daré ipso facto la respuesta a mi pregunta del título: “¿Es Mitt Romney el principal rival de Sarah Palin?” Y la respuesta es que sí en tanto que si las primarias republicanas empezaran hoy mismo, Romney sería el rival a batir en el caso de que Sarah Palin decidiese finalmente presentarse ella también. Ahora bien, si entendemos mi anterior pregunta en el sentido de si Romney puede vencer a Palin en la disputa por la nominación republicana, la respuesta es que no. Y un no rotundo. Y los motivos que tengo para asegurarlo se resumen en uno: Romney es el candidato inoportuno en el momento equivocado. Veamos por qué.

Siguiendo con mi voluntad de ir al grano, les diré que estoy convencido de que la oportunidad de Romney de ser (o como mínimo de aspirar a ser) presidente de Estados Unidos la tuvo durante las pasadas elecciones de 2008 y la desperdició (y estrepitosamente además puesto que ni siquiera logró ser el candidato del Partido Republicano). Ahora ya es tarde para él y, al igual que McCain tuvo realmente su oportunidad en 2000 (y él también la desaprovechó), cualquier intentona posterior que pueda realizar está condenada al fracaso.

Dejemos aparte a McCain, que no viene al cuento y al que he mencionado exclusivamente a efectos de poder hacer una comparación, y centrémonos pues en Romney. ¿Por qué digo que tuvo su oportunidad en 2008 y ésta no se va a volver a repetir? Pues sencillamente porque Estados Unidos en 2012 (y, de hecho, ya mismo) es un país radicalmente distinto al que fue en 2008. Y lo es a causa de dos acontecimientos: el primero, que por primera vez en su historia los estadounidenses se enfrentan a la posibilidad cierta de que su país se “suicide” gracias a que, por primera vez en su historia también, el gobierno está en manos de una facción que odia profundamente todo lo que ha hecho grande a Estados Unidos. El segundo, que frente a esa amenaza, la gente normal y corriente, el pueblo llano, se ha unido de manera espontánea y ha salido a la calle a expresar su rechazo frontal a los planes del gobierno.

La unión de la gente y su voluntad manifiesta de querer seguir siendo como lo han sido hasta ahora es la esencia del Tea Party, un movimiento que supone una verdadera revolución en el panorama político estadounidense tan sólo comparable a la que supuso la primera en 1776. Eso es lo que ha pasado desde 2008 y que aún hoy en día se sigue minusvalorando por parte de muchos o incluso negando su existencia siquiera. Romney es uno de esos que lo minusvaloran y, como tal, será barrido de la escena política por el maremoto que se va a producir más pronto que tarde y si no al tiempo. Y lo peor de todo es que cuando sea barrido, seguirá sin comprender qué es lo que le ha pasado porque está fuera de su capacidad de comprensión. Romney es un político clásico de antes del Tea Party y en los tiempos del Tea Party ya no hay sitio para él.

Pero, ¿qué es realmente el Tea Party? Ya sabemos que supone una verdadera revolución y que aún está en sus primeras fases, ¿pero de dónde ha salido? La verdad es que nadie sabe muy bien de dónde ha salido, ni siquiera yo, pero es caso es que lo ha hecho. La irritación producida por la anterior campaña electoral, donde el juego sucio por parte de los medios de comunicación tradicionales fue más allá de todos los límites y consideraron su propio partidismo como algo tan meritorio que ni se molestaban en disimularlo; la victoria de un candidato, el demócrata, que de algún modo parecía obligado que venciera y que, por tanto, no fue sometido ni de lejos al mismo escrutinio que, por ejemplo, la candidata a vicepresidente por el Partido Republicano, con lo que no hubo manera de disipar las muchas dudas que su programa electoral generaba en el común de los ciudadanos; la arrogante manera de tomar el poder por parte del nuevo presidente y su administración, además de sus nada ocultas intenciones de “aprovechar la crisis” para cambiar Estados Unidos en un sentido que nadie tenía muy claro cuál podía ser pero que se sospechaba que iba a serlo justo en la dirección opuesta a lo que son actualmente y que así va confirmándose a cada día que pasa… Juntas todas esas cosas, unidas a un momento en el que las nuevas tecnologías han hecho posible la intercomunicación por todo el país de personas y organizaciones, sobre todo de las que se sitúan políticamente en la oposición a la nueva administración, han dado lugar a un gran movimiento popular que se opone frontalmente a las intenciones gubernamentales de invadirlo todo y dejar a sus gobernados sin la capacidad de tomar sus propias decisiones, un pecado mortal en el país precisamente de la libre iniciativa.

Así pues, el gobierno está en la Casa Blanca, los legisladores en el Capitolio, pero los ciudadanos están enfadados, han salido a la calle y será difícil sacarlos de allí. El Tea Party no es una organización en el sentido estricto del término sino más bien una organización de organizaciones unidas todas ellas por unos valores comunes que están dispuestos a defender contra viento y marea. Unos valores que, es cierto, son eminentemente conservadores: gobierno reducido, mínimo intervencionismo estatal en la economía, reducción de impuestos, impulso del libre mercado, etc. Es cierto que están en contra de la nueva administración demócrata, pero no por ello los del Tea Party pueden ser tildados automáticamente de republicanos. De hecho, los políticos republicanos reciben tanta leña o más que los demócratas ya que todos nosotros consideramos peor a un político republicano que traiciona sus valores que a  uno demócrata que, al fin y a la postre, nunca ha compartido esos valores y no hay nada que reprocharle en realidad (la prueba está en Florida, donde la disputa entre Marco Rubio y Charlie Christ está más que viva). En realidad, el movimiento se considera a sí mismo ajeno a todo tipo de etiquetas, contando entre sus filas tanto con votantes republicanos como demócratas y hasta independientes y si los valores que defiende caen dentro de lo que ha sido tradicionalmente el programa republicano no es extraño porque estos son los valores que ha defendido el Partido Republicano desde que lo fundara Lincoln en 1854 y que han hecho grande a Estados Unidos, al menos hasta que a los republicanos les dio un ataque de estupidez hace unos años.

Todos conocemos con más o menos detalle los movimientos de Sarah Palin desde que dejó el cargo de gobernadora de Alaska. Y lo que más nos ha llamado la atención a los que la seguimos con asiduidad es la manera como se ha desentendido del que aún es su partido, el Republicano. De hecho, cualquiera podría pensar que Palin es una independiente que busca crear su propio partido. Nada más lejos de la realidad; Palin no tiene la intención de crear un tercer partido, tal y como ya dijo en Nashville durante la Iª Convención Nacional del Tea Party, pero no porque sea una leal republicana sino porque es que es algo completamente innecesario. Y es que el secreto ahora para quien quiera labrarse una carrera política y no encuentre eco en los partidos tradicionales no está en crear uno nuevo con lo que eso supone de tiempo, dinero y esfuerzo, sino en tomar el control de uno ya constituido. Eso es mucho más rápido y fácil y tal y como nos han demostrado ya los demócratas, mucho más efectivo. En el caso republicano, las elecciones del midterm pueden suponer un vuelco en la orientación del partido si los candidatos respaldados por el Tea Party (y por Sarah Palin también) resultan ser los vencedores en las diferentes elecciones, desbancando a los otros, los detestados por el movimiento por haber traicionado los principios que juraron defender en su momento y haberse convertido en parte del problema y no de la solución. Y es que los del Tea Party no es sólo que estén enfadados sino que son muy conscientes de su fuerza y están dispuestos a hacerla valer.

¿Quién quiere al Tea Party? Pues cada día más estadounidenses se acercan a él y eso que sólo hace un año que está presente. En una reciente encuesta realizada por Wenzel Strategies (ver aquí), la conclusión es que el 56% de los estadounidenses en edad de votar tienen una opinión favorable del movimiento por sólo un 30% que la tiene negativa, siendo un 44% los que tienen una visión “muy positiva” por un 23% que la tiene “muy negativa”. Y todo ello a pesar de haber sido atacado duramente, acusándosele de ser un montaje financiado por oscuros intereses opuestos a la reforma de la Sanidad. Estudiando más a fondo dicha encuesta resulta que los votantes republicanos son los más favorables al movimiento con un 84%, seguido de los independientes con un 58% y de los demócratas con un 28%.

Otro apartado interesante de esa encuesta es la que señala que en las próximas elecciones, de todos los encuestados que tienen una opinión “muy favorable” del Tea Party solamente un 19% de ellos votará por el candidato a la Cámara de Representantes actualmente en el cargo mientras que un 54% votará por su rival y un 27% aún no lo tiene decidido, algo en consonancia con el misérrimo porcentaje del 12% de aprobación que ostenta el Congreso, a tres puntos de su mínimo histórico del 9% de 2007, y que puede ser indicativo de que se está gestando un verdadero terremoto electoral para dentro de unos meses.

Como vemos, el Tea Party está más que harto de la “politics as usual” y están dispuestos a pasar cuentas a los que llevan practicándola desde hace tanto tiempo. Por desgracia para Romney, él entra dentro de esa consideración y aunque no tiene ningún conflicto con el Tea Party, a cuyos miembros calificó de “valientes” en un discurso hace pocos meses, su candidatura nunca será apoyada por ellos ya que Romney es el “elegido” por parte del establishment republicano, el llamado más popularmente “Beltway GOP” (por el cinturón de circunvalación que rodea Washington, DC), a quien aterroriza Sarah Palin con su independencia, su firmeza de carácter y su historial de enfrentamientos (triunfales) con los intereses creados, especialmente si son los de su propio partido (que se lo pregunten a los del Partido Republicano de Alaska, la mitad del cual acabó en la cárcel o en la calle durante su mandato como gobernadora). El abrazo de los prebostes del Partido Republicano a Romney es un abrazo mortal que a él le gustará recibir porque son sus pares y es con ellos con quienes se siente a gusto y no con Joe el Fontanero o Tito el Constructor (recuerden a estos dos personajes que se hicieron tan populares durante las últimas elecciones), pero que al estadounidense común y corriente le va a sentar como un tiro porque ante la duda de votar por más de lo mismo o por alguien como Sarah Palin, tan ducha ella en usar la escoba para barrer la escoria de la administración pública, no creo que tenga que pensar mucho para decidirse.

Mañana seguiré con mi análisis y ahondaremos en lo que diferencia a Mitt Romney de Sarah Palin.

2 respuestas a ES MITT ROMNEY EL PRINCIPAL RIVAL DE SARAH PALIN? (II)

  1. el primo tonto dice:

    El término DIABLO no lo había oído. Interesante. Por aquí donde habito esta lleno de ellos, yo los llamo hooligans. Son esos que si te ven poco progre te tirarán por el balcón. Así que la mejor medicina contra ellos es “la reducción al absurdo” o “el argumento cornudo”. Me encanta cuando han llegado a un punto sin salida y “… la culpa es de Bush…” o el calentamiento global, a eso siempre hay que apostilla “como el terremoto de Chile o Haiti”.

  2. Santi dice:

    Este no tiene nada que hacer frente a Sarah. Le falta carisma y cercanía al pueblo, que es el que vota.

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