SARAH PALIN EN FACEBOOK: ES UNA GUERRA, NO UNA CADENA DE CRÍMENES


 

¿Les cuento una cosa? Detesto al presidente de Estados Unidos. No sé si se lo había dicho ya, pero imagino que se me nota. Y cuando más lo detesto es cuando se trata de cuestiones sobre la guerra contra el islamismo, esa IV Guerra Mundial que sólo los tontos o los malvados se empeñan en negar. Durante la pasada campaña electoral, parecía que la cuestión central iba a ser la Guerra de Irak y no fue así porque estalló de pronto la crisis económica e Irak se convirtió de pronto en un tema sin el más mínimo interés en comparación con lo que estaba pasando en casa. Sin embargo, al ritmo que vamos, no sólo la Guerra de Irak, sino también la de Afganistán y, en general, toda la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos se va a convertir en el tema central de la actual presidencia. De momento, ya llevamos un atentado en suelo estadounidense (la masacre en Fort Hood del 5 de noviembre de 2009 con 12 muertos y 31 heridos) y un intento de atentado (el producido en el vuelo 253 de Northwest Airlines el 25 de diciembre de 2009) y el presidente de Estados Unidos… ¡parece más preocupado por respetar los derechos de los asesinos de sus compatriotas que de proteger a sus compatriotas amenazados! ¡Estoy indignado!

Una magnífica imagen que he tomado prestada del magnífico blog VotingFemale Speaks! (¡caramba, cuántos somos y qué entusiasmo tenemos!). Le acompaña el siguiente pie de foto: “Al Qaeda haría major rezando a Alá para que puedan evitar el tenérselas que ver con todo el poder y la determinación de Sarah Palin como comandante en jefe”. El texto de la imagen dice: “¿Es miedo eso que huelo? Bien, muy bien”.

Nota de Sarah Palin: ES UNA GUERRA, NO UNA CADENA DE CRÍMENES
Martes, 5 de enero de 2010

La reunión del presidente Obama con sus principales asesores de seguridad nacional no hace nada para cambiar el hecho de que la base de su enfoque sobre el terrorismo es fatalmente defectuosa. Estamos en guerra con los extremistas del Islam radical y el tratamiento de esta amenaza como una cuestión de aplicación de la ley es peligrosa para la seguridad de nuestra nación. Eso es lo que sucedió en la década de 1990 y ya vimos el resultado el 11 de septiembre de 2001. Ésta es una guerra contra el terrorismo  y no una “operación de emergencia en el extranjero”. Los actos de terrorismo son sólo eso, no “desastres causados por la mano del hombre”. El sistema no funcionó. Abdulmutallab era un niño privilegiado radicalizado y entrenado por yihadistas organizados, no un “extremista aislado” que viajó a una tierra de “aplastante pobreza”. Él es un enemigo de los Estados Unidos, no sólo otro acusado por crímenes.

Simplemente no tiene sentido tratar a un entrenado militante de Al Qaeda dispuesto a morir en el curso de la masacre de cientos de personas como un criminal común. Los informes indican que Abdulmutallab declaró que había muchos más como él en el Yemen, pero que dejó de declarar una vez que se le leyeron sus “derechos Miranda” [ver nota abajo]. Los asesores del presidente Obama claman sin convicción que Abdulmutallab podría estar dispuesto a aceptar un acuerdo de culpabilidad – bastante dudoso que usted puede llegar a un acuerdo con un atacante suicida. John Brennan, el máximo asesor del presidente en cuestiones de contraterrorismo, afirmó extrañamente que “no hay ventajas o inconvenientes” en el tratamiento de los terroristas como combatientes enemigos. Eso es absurdo. Hay un inconveniente muy grave a tratarlos como delincuentes: los terroristas invocan su “derecho” a guardar silencio y dejar de hablar. Los terroristas no nos dicen dónde fueron entrenados, en qué fueron entrenados, por quiénes fueron entrenados y quiénes fueron entrenados con ellos. Dar a terroristas extranjeros, entrenados en el extranjero el derecho a guardar silencio no hace nada para mantener a los estadounidenses a salvo de las amenazas terroristas. Sólo le da a nuestros enemigos el acceso a las salas de audiencia donde pueden hacer publicidad de su causa y a los abogados defensores que pueden manipular el proceso legal para obtener acceso a información clasificada.

El presidente Obama tenía razón al cambiar su política y decidir no enviar más detenidos a Yemen, donde podían ser liberados para reengancharse a su guerra contra Estados Unidos. Ahora debe recapacitar sobre su temerario plan para cerrar Guantánamo, empezar a tratar a los terroristas como enemigos de guerra y no presuntos sospechosos de haber cometido delitos y reconocer que la verdadera naturaleza de la amenaza terrorista requiere de un comandante en jefe, no de un profesor de Derecho Constitucional.

Sarah Palin

Nota: Los “derechos Miranda” son una advertencia que debe ser hecha obligatoriamente por cualquier cuerpo de policía de Estados Unidos a los sospechosos detenidos por un delito antes de ser interrogados y que consisten, básicamente, en la siguiente retahíla: “Usted tiene derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga o haga podrá y será usada en su contra ante un tribunal de justicia. Tiene derecho a un abogado. Si no puede permitirse uno, le será asignado de oficio. ¿Comprende estos derechos tal y como le han sido leídos?”.

Mi comentario

Es la primera nota del año de Sarah Palin y tal vez, junto con aquella famosa nota referida a los “death panels” del 7 de agosto de 2009, la más impresionante de todas por lo que demuestra de sensatez y sentido común. En ella, Sarah Palin no sólo nos señala la verdadera naturaleza del enfrentamiento que se está produciendo actualmente entre Estados Unidos como abanderado del mundo libre y los islamistas, sino que, y precisamente por comprender perfectamente esa naturaleza y lo que supone su amenaza, nos dice además cómo debemos enfrentarnos a él. Por supuesto, no con la ingenuidad y bobaliconería del presidente de Estados Unidos que, como los niños, cree que tapándose los ojos con las manos desaparecerán las cosas que le asustan, sino con la experiencia y la firmeza de una mujer que comprende que el mundo es como es y no como nos gustaría que fuera y que está dispuesta a afrontarlo mirándolo de frente, asumiendo que el Mal existe y que seguirá existiendo mientras quede un solo hombre sobre la faz de la Tierra. Bien por Sarah Palin que continúa ejerciendo de “voz de la conciencia” de sus compatriotas, no dejando de opinar ni una sola vez y haciendo de contrapunto de un presidente que a cada día que pasa demuestra el error, el inmenso error, de quienes le votaron pensando que sería un gran presidente (los que le votaron conociéndole es que no tienen perdón de Dios, ya que sabían perfectamente lo que hacían y entonces se merecen ir al Infierno de cabeza). Además, ¿qué confianza se puede tener en un presidente que se ha pasado la mayor parte de su vida renegando del país que le ha dado todo lo que tiene y que le ha elevado por encima de todos sus demás compatriotas? En mi opinión, lo que el presidente desearía en lo más íntimo de su corazón es unirse a los islamistas y clamar: Death to America! Y es que tantos años escupiendo sobre la bandera de las barras y las estrellas tienen que dejar un poso en el carácter de una persona y ese poso, amargo como todos los posos, no se borra con un pin en la solapa ni saludando afectando marcialidad al marine de la puerta de entrada.

Como quiera que este tema me lleva a mal traer (bastante tengo que soportar con el miserable cobarde de mi propio presidente), les voy a dejar con un texto que he leído ya muchas veces y que cada vez que lo releo no deja de sorprenderme y emocionarme de nuevo. Se trata del prólogo que el periodista británico Daniel Robert Snow escribió en 2005 para una obra de la editorial Dorling Kindersley titulada Battle (hay versión en castellano: Batalla. Pearson Alhambra, 2007). En él, he encontrado algo sorprendente en un joven periodista de 31 años: sensatez e inteligencia para comprender la guerra y a los hombres y mujeres de uniforme que dedican su vida al ejército y al servicio de sus comunidades, siquiera hasta el máximo sacrificio posible. Léanlo, si les place, y reflexionen tranquilamente sobre lo que han leído.

Últimamente está de moda denigrar la importancia de las batallas en los asuntos humanos. Muchos ya no ven lo decisivo de algunos de los grandes conflictos de la historia. Y es que la supervivencia final de cada civilización ha dependido de su capacidad para luchar contra otros y, principalmente, para ganar batallas, Si los griegos hubieran perdido en Salamina, en nuestras universidades ahora se estudiaría persa antiguo como medio para comprender la base de nuestra civilización. Si Carlos Martel y su ejército en Poitiers hubieran sido derrotados por los árabes, las catedrales europeas bien podrían ser mezquitas. Si un guerrero llamado Mahoma hubiera muerto por sus heridas durante la batalla entre dos pequeñas ciudades árabes, el mundo sería un sitio bien distinto. Las batallas, como Winston Churchil decía, son las “puntuaciones” de la historia. Cartago, Córdoba y Zhao fueron antaño poderosos estados pero fallaron en el examen sorpresa de la batalla y fueron confinados a la historia, mientras que naciones como Gran Bretaña, Francia, China y Estados Unidos fueron literalmente creadas a base de guerras, ya que sus fronteras, idiomas y sistemas de gobierno se forjaron y se pusieron a prueba gracias a los conflictos.

Todavía, a algunos de nosotros el mundo desarrollado nos afecta el horror de la guerra. Lo consideramos una aberración, un peligro que nuestros gobernantes deberían evitar. Lo que este libro ilustra de manera tan intensa es que, a lo largo de la historia, la guerra ha sido lo habitual. Los períodos de paz son, de hecho, algo excepcional, siempre frágiles y que raras veces duran más de una generación. Cuando grupos de humanos entran en contacto, surgen los conflictos. Estos se pueden resolver de forma pacífica o violenta. Como Mao Zedong dijo: “La política es una guerra sin efusión de sangre; la guerra una política con efusión de  sangre”.

La guerra es más antigua que la civilización; de hecho, es más antigua que la propia raza humana como bien muestran los restos de nuestros ancestros homínidos. La violencia es un rasgo de la naturaleza humana al igual que lo es criar a nuestros hijos. La arqueología nos muestra que la guerra era endémica incluso en los agrupamientos tribales más primitivos. Las sociedades posteriores no se han diferenciado mucho. Los espartanos vivieron en un estado perpetuo de conflicto al declarar anualmente la guerra a su clase de trabajadores esclavos, los hilotas. En los rituales aztecas para poner nombres a los niños se solía decir que estos “pertenecían al campo de batalla”. Durante milenios, cada sociedad de la tierra ha estado marcada por la guerra, desde los maoríes hasta los mesoamericanos, desde los habitantes de las Tierras Altas de Escocia hasta los jinetes de la estepa asiática.

(…)

Pero la historia militar no se reduce a las armas, comandantes y mapas. Ninguna historia bélica podría olvidarse de aquellos hombres, mujeres y niños que lucharon y murieron en estos conflictos. Este libro refuerza el impacto humano de la guerra con testimonios del frente, algunos con más de ml años de antigüedad. Ello nos recuerda que, por encima de todo, la guerra es humana, con todas las flaquezas y contradicciones que ello conlleva: episodios de valor, miedo, violencia y compasión. Además, la guerra es, sobre todo, caótica, variable, dependiente del azar y de factores como órdenes tergiversadas, la suerte o el instinto.

En las páginas siguientes verán el rostro de la guerra tal y como es, sin romanticismos ni glamur, con unos líderes que se muestran con sus virtudes y defectos y con la audible voz del soldado común. La guerra es una de las fuerzas motrices de la historia. Sin un buen conocimiento sobre ella, sería imposible entender cómo el mundo moderno es lo que es. Este libro nos hace darnos cuenta de que hasta las sociedades más avanzadas deben pelear en algún momento. Deberíamos agradecer que el mundo actual vea la guerra como una excepción, pero no debemos deducir que toda guerra sea inútil. Como Aristóteles señaló: “La guerra existe en vista de la paz”.

Difícil decirlo mejor. Gracias, Daniel. De todo corazón. Y gracias también a Sarah Palin por no cejar ni un instante en su lucha por nosotros y nuestra libertad. Que Dios les bendiga a los dos.

2 respuestas a SARAH PALIN EN FACEBOOK: ES UNA GUERRA, NO UNA CADENA DE CRÍMENES

  1. Santi dice:

    De acuerdo una vez más con Sarah Palin. Estamos en guerra con el terrorismo y en una guerra no se puede estar con medias tintas ni con comportamientos garantistas, hay que ganarla con todos los medios disponibles. Está en juego la sociedad occidental de libertades y valores que tantos siglos nos ha costado alcanzar, la civilización occidental.

    A mí cada vez se me parecen más Obama y Zapatero. Zapatero odia a España porque detesta sus valores y su historia, la cultura judeo-cristiana y greco-romana que son las bases de nuestra nación. Y al atacar esas bases, con su todas las civilizaciones son iguales no importa sus valores, lo que hace es destruir la nación de siglos que es España. Y ahí está en esa labor perfectamente premeditada y estudiada, hasta que se lo permitamos. Representa lo peor de la izquierda española que es de lo peor del mundo, y siempre ha sido así.

    Y Obama parece cortado por el mismo patrón. Es un calco pero mucho más peligroso porque tiene muchísimo más poder.

    Espero que la estupidez de los votantes occidentales de estos dos pueblos de paso a una mayor sensatez, que haga posible un cambio de gobernantes lo antes posible. Una sensatez que diera paso a Sarah Palin en EEUU y en España, ¿por qué no?, a Esperanza Aguirre.

  2. Santi dice:

    Porque señores, tenemos en España una derecha estúpida que se permitió apoyar a Obama en las últimas elecciones. Con honrosas excepciones, como nuestra Esperanza Aguirre que se fue a EEUU a apoyar con su presencia en un mitin electoral a McCain y Sarah Palin. Esperanza sí que no tiene ningún complejo y hace lo que le dictan sus ideas liberal-conservadoras (en sentido europeo). Por no decir de medios y periodistas calificados de derechas, que siguen erre que erre dando su apoyo a Obama. Como muestra hasta Carrascal en sus artículos le da jabón al demócrata y hasta le parece bien lo que va a hacer con la sanidad. ¿Se han vuelto locos? ¡Qué alguien me lo explique! ¡Viva la coherencia!

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