UN AÑO DE SARAH PALIN


 

Sí, ya sé que hoy es uno de enero y que no hay nadie que esté pegado al ordenador a estas horas, que están todos durmiendo la mona todavía o buscando desesperadamente las aspirinas para aliviarse la resaca, ja, ja, ja. El caso es que me hacía ilusión empezar el año publicando algo y pensando, pensando, me he acordado de un artículo que había enviado hacía tiempo a los de Semanario Atlántico y que estos nunca publicaron (y que le había prometido a Santi como respuesta a una pregunta que me hizo en su momento). Como a todo juntaletras. me fastidiaba la idea de que nadie lo leyera y puesto que me parece un artículo muy apropiado para empezar con buenos ánimos éste que sin duda va a ser un año decisivo para Sarah, no lo he dudado más. Aquí lo tienen. Confío en que les guste.

Si hubo una imagen que quedó grabada en las retinas de todos aquellos que seguimos la pasada campaña electoral en Estados Unidos fue la de la profunda tristeza de Sarah Palin en el estrado del Biltmore Hotel de Phoenix (Arizona), acompañando a John McCain mientras éste reconocía su derrota.

No es habitual que los políticos muestren sus emociones en público, al menos las auténticas, y es por eso que nos impresionó tanto la expresión de su rostro. Sarah estaba realmente triste y sabiendo como sabemos ahora lo que verdaderamente sucedió en el bando republicano durante la campaña, estoy convencido de que esa noche, una vez que por fin se quedó a solas con Todd, Sarah lloró amargamente. Y estoy convencido también de que sus lágrimas no eran de pena por haber perdido, sino de rabia por no haber ganado. Sarah es una deportista nata y sabe aceptar la derrota cuando el rival ha sido superior y no hay nada que objetar a su triunfo, pero otra cosa es cuando el rival ha ganado porque tu propio equipo no ha perseguido la victoria con todas sus fuerzas. En ese caso, las cosas son diferentes y si me dijeran que más de un jarrón voló por los aires esa noche destinado a la imaginaria cabeza de unos cuantos asesores de campaña de McCain, no me sorprendería lo más mínimo.

¿Qué se puede hacer cuando uno ha sido parte destacada de la campaña electoral peor dirigida de los últimos veinticinco años? Poca cosa. Si se trata de un político típico, lo mejor es salir de ahí lo antes posible, volver a tu pueblo y guardar un discreto silencio a la espera de que el tiempo haga su trabajo y nadie se acuerde ya de quién fue el candidato a vicepresidente por el Partido Republicano en 2008. Sin embargo, eso que es lo que haría un político típico, no es en absoluto lo que haría alguien como Sarah Palin, que no es realmente una política, sino una persona normal y corriente que por circunstancias de la vida se dedica a la política.

Es cierto que una vez terminada la campaña electoral, Sarah regresó inmediatamente a Alaska a continuar con su tarea de gobernadora del Estado. Y si bien antes he dicho que estoy convencido de que aquella noche del 4 de noviembre Sarah lloró por no haber ganado, también estoy convencido de que fue durante su viaje de vuelta a casa, mientras volaba cruzando Estados Unidos, cuando tomó la firme decisión de no permitir que esa experiencia acabara convertida simplemente en un mal recuerdo sino que iba a intentarlo de nuevo, pero esta vez ella sola, como lo ha hecho siempre que se ha presentado a unas elecciones. Había invertido tanto esfuerzo en esa campaña y seguro que hubiera estado encantada de haber invertido mucho más, de haber peleado hasta el último momento en estados en los que tal vez hubiera podido arrancar algún voto electoral más; de haberse reunido con la prensa todos los días de la campaña y no sólo para esas tres entrevistas televisadas de las cuales dos parecían preparadas ex profeso para su fracaso; de haber puesto las cartas sobre la mesa y haber sacado todos los trapos sucios de un candidato, el demócrata, que parecía el anuncio andante de una lavandería propiedad de la prensa tradicional… En definitiva, Sarah hubiera querido luchar hasta el final, pero los cabezas huecas que dirigían la campaña de McCain no parecían tener el más mínimo interés en ello. Y cuando en un equipo, sólo hay un jugador con ganas de seguir corriendo mientras todos los demás ya se están desatando las zapatillas, poco puede hacer éste por evitar la derrota.

Ha pasado algo más de un año desde esa noche de noviembre, posiblemente la más dura que haya tenido que afrontar Sarah en su vida pública. Pero como quiera que siempre es noche cerrada antes del amanecer más hermoso, incluso para Sarah ha llegado el nuevo día. Ha sido un año de mucho trabajo, un año en el que ha tenido que tomar muchas decisiones sin saber si eran acertadas o no, un año en el que quizás haya pensado más de una vez si no se estaría metiendo en un berenjenal del que igual no podrá salir luego, pero tal y como ya he dicho antes, Sarah no es una política típica, sino una persona normal y corriente que se dedica a la política. Y como que no lo es, no son las encuestas y las opiniones de los expertos de los medios de comunicación los que le dictan su devenir, sino su propia intuición y su fe en que el camino está ahí y sólo Dios sabe adónde la conducirá, pero ella tiene confianza y sabe que se hace camino al andar.

Ha pasado algo más de un año y han pasado muchas cosas en ese intervalo: Sarah ha vuelto a Alaska y ha dejado de ser su gobernadora, forzadamente, pero con la certeza de que cuando una puerta se cierra, otra se abre; Sarah ha soportado una campaña de acoso por parte de los medios de comunicación y de activistas políticos rivales que no ha tenido parangón en ningún momento de la historia de Estados Unidos, pero la ha resistido y hasta la ha silenciado en gran parte; Sarah ha puesto las bases de lo que algún día será su propia organización política, una organización compuesta por gente de su absoluta confianza y que trabajará por ella y no contra ella; Sarah está reuniendo a su alrededor un equipo de personas que comparten sus ideas y sus ganas de luchar por Estados Unidos y que la asesoran completando sus conocimientos; Sarah ha conservado la esperanza de tantos y tantos estadounidenses que confiaron en ella durante la pasada campaña electoral y supieron nada más verla que era una de ellos y ahora que está de nuevo lista para luchar siguen dispuestos a apoyarla de la misma manera que hace un año: con todo su corazón y todas sus fuerzas.

Es cierto que ha pasado un año y que ese año ha sido uno de esos que nunca se olvidan, pero también es cierto que es la adversidad lo que nos prueba y nos fortalece y Sarah es demasiado buena corredora de fondo como para no saber que en toda carrera siempre hay momentos de desfallecimiento y que sólo la voluntad de continuar hasta el final y mantener la vista fija en la carretera te permiten superarlos. Y como que lo sabe, no será con tonterías como una nueva calumnia aquí o un nuevo insulto allí con lo que lograrán doblegarla.

Fue el pasado 6 de noviembre cuando Sarah dio uno de sus contados discursos en Milwaukee (Wisconsin) en un acto a beneficio del Wisconsin Right to Life. Una de las asistentes a dicho discurso, K. Carpenter, una de las bloguistas de ese magnífico blog que es Conservatives4Palin, señaló que “su sonrisa había vuelto a ella y era más grande y más brillante que cualquier otra que le haya visto en mucho tiempo. Para mí, lo más llamativa de su aspecto eran sus ojos. Brillan de nuevo y su mirada revoloteaba alrededor de la sala. Se le veía saludable, feliz y llena de vida”.

Sí, es cierto. Sarah Palin ha vuelto a ser la que fue un 29 de agosto de 2008, cuando muchos de nosotros la descubrimos por primera vez y conocimos por fin a una persona como nosotros, que pensaba como nosotros y que prometía trabajar por nosotros. Y esa promesa suya nos llegó directamente al corazón y no tuvimos la más mínima duda de que era sincera. Y es ahora, después de todo un año, cuando Sarah ha vuelto y ha vuelto para ser ella misma y nunca más la segundona de nadie. Y nosotros también hemos vuelto. Con ella. A su lado. Juntos de nuevo. A ver quién nos para ahora.

2 respuestas a UN AÑO DE SARAH PALIN

  1. Santi dice:

    Veo, Bob, que empiezas con buen ánimo este nuevo año 2010. Y nada mejor que empezarlo colgando un nuevo artículo en tu cuidado blog sobre Sarah Palin. Gracias por este artículo que los del Semanario Atlántico incomprensiblemente soslayaron. Y sólo me queda decir amén a lo que pones en él. Ojalá sea así.

    P.D.: Se me hace extraño ver a Sarah con esa cara compungida, acostumbrados como nos tiene a esa sonrisa perpetua. Lo debió pasar francamente mal en esos días de derrota, que en realidad no fue suya si no de su equipo que maldirigió la campaña. Esperemos que en el 2010 todo sean alegrías para ella, para así poder lucir siempre esa magnífica sonrisa, una sonrisa que es ya “marca de la casa” Sarah Palin.

    ¡Felices Reyes!

  2. el primo tonto dice:

    No hay que empezar el año con buen ánimo. Felicidades.

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