EL MOVIMIENTO TEA PARTY: MAIN STREET SE ECHA A LA CALLE EN BUSCA DE… ¿SARAH PALIN? (y III)


 

¿Y Sarah Palin qué?

La relación de Sarah Palin con el movimiento Tea Party no es una relación oficialmente establecida por más que Sarah haya expresado en diversas ocasiones su simpatía y su comprensión de los motivos que lo animan. Pero es que el movimiento Tea Party es un movimiento muy peculiar; tanto que los propios participantes en las protestas no sienten que formen parte de uno (de hecho, estoy seguro de que, junto a una mayoría de conservadores, hay muchos votantes demócratas e independientes entre ellos). Y el propio movimiento es algo que escapa a las etiquetas porque no son una opción política, sino la expresión de un malestar por el rumbo que desde hace algunos años está tomando el gobierno federal hacia un mayor intervencionismo en todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos y que no les complace en absoluto. Así que, de imaginarse que son un mustang en busca de un vaquero que lo dome y le ponga su hierro, nada de nada.

Tea Party protest 3

Una participante en una Tea Party protest en Nashville (Tennessee) exhibe una pancarta diciendo: “Recuerda: discrepar es patriótico”. Un lema muy adecuado para lo que es el espíritu del movimiento. Las ovejas, al corral; ellos son estadounidenses, es decir, los ciudadanos más libres del mundo.

Ya hemos visto antes que algunos de los coordinadores del movimiento Tea Party  (y seguro que muchos de sus partidarios) tienen reproches que hacer tanto a los demócratas ahora en el poder como a los republicanos que lo ocuparon durante los últimos ocho años. También hemos visto lo poco simpático que les cae un personaje como Michael Steele, el chairman del GOP, que prácticamente fue declarado persona non grata cuando se ofreció a echar una parrafada durante la “Marcha sobre Washington”. Sin embargo, todos tienen claro que no es simplemente a base de protestas y marchas como van a conseguir cambiar las cosas, sino que su actuación en la calle tiene que tener una vertiente política para llegar a fructificar. Pero cuando uno ya no se fía de ningún político porque todos parecen (y lo peor es que lo son) iguales, ¿en quién se fija? Pues en aquellos políticos que siempre han sido vistos con recelo por parte del establishment y hasta repudiados por él porque no han logrado dominarlos nunca. ¿Y quién es el político más odiado (y con razón, añadiría yo) por el establishment de ambos partidos en Estados Unidos? No hay ninguna duda: Sarah Palin.

Durante la reciente gira del Tea Party Express (recordemos, el convoy de autocares que recorrió parte de Estados Unidos haciendo un llamamiento a todos para que se unieran a la “Marcha sobre Washington” del 12 de septiembre), los organizadores hicieron un esfuerzo para que Sarah Palin se uniera a la gira o al menos estuviera presente durante su última parada en Washington, DC. No pudo ser, sin embargo. Como dijo Joe Wierzbicki, uno de los responsables del Tea Party Express:

We’ve been in touch with her people, letting her know the response that we’ve gotten. She’s very suportive of the movement.

Nos hemos puesto en contacto con su gente, haciéndole saber todo el apoyo que hemos recogido. Ella apoya sinceramente el movimiento.

Es cierto que algunos políticos conservadores, tales como Newt Gingrich, se han mostrado firmes partidarios del movimiento Tea Party, pero hasta ahora nadie ha logrado hacerse todavía con la cabecera. Sin embargo, puestos a escoger alguno, no hay duda de que Sarah Palin es la gran favorita aunque la mayoría está de acuerdo en que “todavía tiene que ganarse el puesto”.  El mismo Wierzbicki continúa diciendo:

Right now there’s a handful of people who strike a chord with the tea party base, and she is certainly one of those people. Whether or not she emerges as one of those leaders, that’s between her and the American people.

Ahora mismo hay un puñado de personas que pueden tocar la fibra sensible de la base del movimiento Tea Party y ella es ciertamente una de esas personas. Si finalmente emerge o no como una de esos líderes, eso es algo entre ella y los estadounidenses.

De hecho, en las Tea Party protests no es nada extraño el oír a la multitud corear: “¡Sa-rah, Sa-rah, Sa-rah!” o llevar puestas camisetas en las que se lee: “Draft Sarah Palin 2012” (Nomina a Sarah Palin en 2012). Es un estado de ánimo, pero en absoluto una opinión mayoritaria todavía. Así, Sal Russo, otro organizador del Tea Party Express, señala:

She could be the kind of person that becomes the leader of the Tea Party movement, but she hasn’t done anything yet to assume that role.

Ella podría ser la clase de persona que acabe convirtiéndose en la líder del movimiento Tea Party, pero todavía no ha hecho nada para asumir ese rol.

No es que sea algo urgente que el movimiento nombre de forma más o menos oficial a un dirigente, pero sí que es una cosa que muchos de sus participantes empiezan a pensar que es necesario si no quieren acabar viendo frustradas sus expectativas. Así, Tom y Susan Mendez, dos activos participantes del movimiento, opinan que corren el riesgo de que su mensaje no llegue nunca a los políticos de Washington:

This movement needs direction. They’re not getting the message from us, so they need to get the message from someone. Maybe Sarah Palin.

Este movimiento necesita un dirigente. Ellos [los políticos] no están captando el mensaje de nosotros, así que necesitarán captarlo de otra persona. Tal vez de Sarah Palin.

¿Está dispuesta Sarah Palin a ayudar a todas esas personas a llevar su mensaje a Washington? Tal vez Sarah les haya respondido ya a través de lo que fue la última parte del discurso pronunciado en Hong Kong el pasado 23 de septiembre, apenas 11 días después de la “Marcha sobre Washington”. Entonces fue esto lo que dijo sobre ellos:

When members of America’s greatest generation – the World War II generation – lose their homes and their life savings because their retirement funds were wiped after the financial collapse, people feel a great anger. There is suddenly a growing sentiment to just “throw the bums out” of Washington, D.C. – and by bums they mean the Republicans and the Democrats. Americans are suffering from pay cuts and job losses, and they want to know why their elected leaders are not tightening their belts. It’s not lost on people that Congress voted to exempt themselves from the health care plan they are thrusting on the rest of the nation. There is a growing sense of frustration on Main Street. But even in the midst of crisis and despair, we see signs of hope.

In fact, it’s a sea change in America, I believe. Recently, there have been protests by ordinary Americans who marched on Washington to demand their government stop spending away their future. Large numbers of ordinary, middle-class Democrats, Republicans, and Independents from all over the country marching on Washington?! You know something’s up!

These are the same people who flocked to the town halls this summer to face their elected officials who were home on hiatus from that distant capital and were now confronted with the people they represent. Big town hall meetings – video clips circulating coverage – people watching, feeling not so alone anymore.

The town halls and the Tea Party movement are both part of a growing grassroots consciousness among ordinary Americans who’ve decided that if they want real change, they must take the lead and not wait to be led. Real change – and, you know, you don’t need a title to do it.

The Tea Party Movement is aptly named to remind people of the American Revolution – of colonial patriots who shook off the yoke of a distant government and declared their freedom from indifferent – elitist – rulers who limited their progress and showed them no respect. Today, Main Street Americans see Washington in similar terms.

When my country again achieves financial stability and economic growth – when we roar back to life as we shall do – it will be thanks in large part to the hard work and common sense of these ordinary Americans who are demanding that government spend less and tax less and allow the private sector to grow and prosper.

We’re not interested in government fixes; we’re interested in freedom! Freedom! Our vision is forward looking. People may be frustrated now, but we’re very hopeful too.

And, after all, why shouldn’t we be? We’re Americans. We’re always hopeful.

Thank you for letting me share some of that hope, and a view from Main Street with you. God Bless You.

(Cuando los miembros de la generación más grande de Estados Unidos – la generación de la Segunda Guerra Mundial – pierden sus casas y los ahorros de toda su vida debido a que sus fondos de jubilación fueron eliminados tras el colapso financiero, la gente siente una gran ira. Hay un sentimiento creciente de repente de “echar a los vagos a patadas” de Washington, DC – y por vagos quieren decir republicanos y demócratas. Los estadounidenses sufren recortes salariales y pérdidas de empleos, y quieren saber por qué sus líderes electos no están apretando el cinturón. No ha pasado desapercibido a la gente que el Congreso votó a favor de eximirse del plan de salud que están forzando al  resto de la nación. Hay un sentimiento creciente de frustración en el ciudadano corriente. Pero incluso en medio de la crisis y la desesperación, vemos signos de esperanza.

De hecho, es un cambio radical en Estados Unidos, creo. Recientemente, ha habido protestas por parte de los estadounidenses comunes y corrientes que marcharon en Washington para exigir a su gobierno que deje de hipotecar su futuro. ¿Un gran número de personas corrientes, de clase media, demócratas, republicanos e independientes de todo el país marchando sobre Washington!  ¡Uno entonces sabe que está pasando algo!

Estas son las mismas personas que acudieron a los ayuntamientos este verano para hacer frente a sus funcionarios elegidos que estaban en sus casas descansando lejos de la capital y tuvieron que enfrentarse a la gente que representan. Reuniones en la sala del ayuntamiento – clips de video que circularon cubriéndolo todo – con gente vigilantes, sintiéndose que ya no volverían a estar solos nunca más.

Los ayuntamientos y el movimiento Tea Party son parte de una creciente toma de conciencia entre los estadounidenses comunes y corrientes que ha decidido que si quieren un verdadero cambio, deben tomar la iniciativa y no esperar a ser conducidos a él. El cambio real – y, ustedes lo saben, uno no necesita de un título para hacerlo.

El movimiento Tea Party se bautizo muy apropiadamente para recordar a la gente de la revolución norteamericana – de los patriotas coloniales que se sacudieron el yugo de un gobierno lejano y declaró su libertad de la indiferente – elitista – clase gobernante que limitaba su progreso y no les mostró ningún respeto. Hoy en día, los estadounidenses corrientes ven Washington en términos similares.

Cuando mi país alcance de nuevo  la estabilidad financiera y el crecimiento económico – cuando volvamos a la vida como vamos a hacer – será en gran parte gracias a la ardua labor y el sentido común de los estadounidenses comunes y corrientes que exigen que el gobierno gaste menos y recaude menos impuestos y permita al sector privado crecer y prosperar.

No estamos interesados en los apaños del gobierno, ¡estamos interesados en la libertad! ¡Libertad! Nuestra visión es hacia el futuro. Las personas pueden sentirse frustradas ahora, pero también muy esperanzadas.

Y, después de todo, ¿por qué no deberíamos? Somos americanos. Siempre tenemos esperanza.

Gracias por dejarme compartir parte de esa esperanza y la visión de una estadounidense corriente con ustedes. Que Dios les bendiga.)

Que cada uno saque sus propias conclusiones, pero yo, por mi parte, si fuera un teapartier (si es que se puede decir así) sentiría que puedo confiar en Sarah Palin para que mi voz no quede ahogada por las habituales toses y carrasperas que afectan de repente a los politicastros (de ambos partidos, ¿eh?) de Washington cada vez que alguien les obliga a oír algo que no les gusta lo más mínimo.

Una respuesta a EL MOVIMIENTO TEA PARTY: MAIN STREET SE ECHA A LA CALLE EN BUSCA DE… ¿SARAH PALIN? (y III)

  1. Santi dice:

    Creo que tendrían que cambiarle de nombre a ese movimiento cívico-reivindicativo llamándolo Sarah Party.

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