EL PARTIDO REPUBLICANO EN LA ENCRUCIJADA (I)


 

Después de un par de semanas marcadas por la resaca del discurso de Sarah Palin en Hong Kong y el anuncio de la próxima aparición en las librerías de su autobiografía, además de la publicación de un nuevo par de notas suyas en Facebook, una sobre la guerra en Afganistán y la errónea manera en que el gobierno de Estados Unidos la está enfocando (ver aquí) y otra sobre el tema de la independencia energética y un posible descarte del dólar por parte de los países productores de petróleo como moneda común para fijar su precio (ver aquí), no tengo la menor duda de que la situación para ella ha dado un giro a su favor. Hong Kong ha supuesto un punto de inflexión y a partir de ahora resulta muy difícil ya para cualquiera pretender sostener con un mínimo de seriedad la opinión de que es tonta.

 

La reacción de Sarah Palin al enterarse de que al presidente de Estados Unidos acababan de concederle el Premio Nobel de la Paz. Imposible contenerse. Si resulta tan increíble que hasta el propio galardonado ha reconocido que no se lo merece. Ante semejante arranque de sinceridad, esperamos ansiosos leer la noticia de que reconoce también que no se merece el puesto que ocupa y dimite ipso facto, pero no creemos que llegue a tanto. Un poco de falsa modestia, bueno… pero un rasgo tal de honradez, ¡jamás! Como ya dije en mi otro blog en Semanario Atlántico (ver aquí), a ese tipo lo harán santo antes que a Juan Pablo II.

Y mientras el presidente de Estados Unidos  se prepara para recoger su inmerecido premio y así de paso tener la excusa para emprender una nueva gira por esa Europa ahíta y decadente que tanto ama como buen snob que es, Sarah Palin sigue haciendo de hormiga hacendosa, al revés que la cigarra laureada del presidente, y construyendo paso a paso lo que serán los cimientos que algún día, confiemos que del año 2012, soportarán el edificio de su candidatura presidencial.

Fue en mi penúltima entrada, la última que dediqué al tema del discurso de Sarah en Hong Kong, donde expliqué lo que en mi opinión suponía el susodicho discurso: la “muerte” por estrangulamiento de la falsa Sarah Palin, ésa que tan bien caricaturizó Tina Fey y que fue publicitada a bombo y platillos por casi todos los medios de comunicación durante la pasada campaña electoral. Después de su discurso, nadie con dos dedos de frente puede seguir sosteniendo que Sarah Palin no está capacitada intelectualmente para ocupar el puesto de presidente de Estados Unidos; otra cosa es que le falte alcanzar aún el necesario dominio de los detalles de algunos temas en concreto, pero eso, una vez demostrada su capacidad, no es más que cuestión de tiempo. No es que yo albergara la más mínima duda al respecto, pero siempre había quien pretendía que si bien tal vez no fuera todo lo tonta que dicen los medios de comunicación, tampoco existía ninguna prueba fehaciente de lo contrario. Pues bien, a estas alturas, poco más de dos meses después de su dimisión como gobernadora de Alaska, ya tenemos esas pruebas. Y superan sobradamente todas las expectativas. No es sólo que con su seguimiento de la actualidad política de su país plasmado en sus notas de Facebook haya suficiente evidencia de que se trata de una mujer inteligente y perspicaz, sino que el discurso de Hong Kong, por la amplitud de temas tratados en él y la audiencia a la que se dirigía, un millar de los hombres de negocios mejor informados sobre economía y política del mundo, bien puede ser considerado como un examen final de curso aprobado con una A alta. Y la lectura de su autobiografía dentro de poco más de un mes nos revelará muchas más cosas sobre ella. Especialmente, confío en que nos aclare muchas de las cosas extrañas que sucedieron durante la pasada campaña electoral y sirva también para poner a más de un antiguo asesor de campaña de McCain en su sitio (que no puede ser otro que en el cubo de la basura con los desperdicios más apestosos como pueden ser, por ejemplo, los periódicos tradicionales y la guía de televisión).

De entre todos los temas que trató en su discurso, me gustaría llamar la atención sobre tres párrafos en concreto en los que Sarah se refería a su postura política general, a su modo de ver la política, definiéndose a sí misma como una “common-sense conservative”, una definición tan plena de referencias chestertonianas que no pudo dejar de producirme un enorme placer cuando la leí. En concreto, los tres párrafos a los que me refiero son los siguientes:

You can call me a common-sense conservative. My approach to the issues facing my country and the world, issues that we’ll discuss today, are rooted in this common-sense conservatism… Common sense conservatism deals with the reality of the world as it is. Complicated and beautiful, tragic and hopeful, we believe in the rights and the responsibilities and the inherent dignity of the individual.

We don’t believe that human nature is perfectible; we’re suspicious of government efforts to fix problems because often what it’s trying to fix is human nature, and that is impossible. It is what it is. But that doesn’t mean that we’re resigned to, well, any negative destiny. Not at all. I believe in striving for the ideal, but in realistic confines of human nature…

The opposite of a common-sense conservative is a liberalism that holds that there is no human problem that government can’t fix if only the right people are put in charge. Unfortunately, history and common sense are not on its side. We don’t trust utopian promises; we deal with human nature as it is.

(Ustedes pueden llamarme una conservadora con sentido común. Mi aproximación a los problemas a que se enfrentan mi país y el mundo, temas que vamos a discutir hoy, tienen sus raíces en este conservadurismo con sentido común (…) El conservadurismo con sentido común brega con la realidad del mundo tal y como es. Complicado y hermoso, trágico y lleno de esperanza, creemos en los derechos y las responsabilidades y la dignidad inherente de la persona.

No creemos que la naturaleza humana sea perfectible; sospechamos de los esfuerzos del gobierno para arreglar los problemas porque a menudo lo que está tratando de arreglar es la naturaleza humana y eso es imposible. Es lo que hay. Pero eso no quiere decir que estamos resignados a, bueno, un destino negativo. En absoluto. Creo en la lucha por los ideales, pero dentro de los límites reales de la naturaleza humana…

Lo contrario de un conservador con sentido común es un liberalismo que sostiene que no hay ningún problema humano que el gobierno no puede arreglar sólo con poner a las personas adecuadas a cargo de él. Lamentablemente, la historia y el sentido común no están de su lado. No confiamos en las promesas utópicas; nosotros bregamos con la naturaleza humana tal y como es.)

Un conservadora con sentido común… Parece una buena definición. Entre otras cosas porque ni siquiera parece una definición; al menos, no al estilo de “neocons” (a los que nunca he llegado a apreciar mucho porque me parecían tipos imbuidos del típico fanatismo de los conversos y que podían hacer más mal que bien, aparte de que exhibían una fuerte tendencia al intervencionismo estatal en todos los aspectos de la vida que me repelía) o de “compassionate conservatives” (que siempre he detestado porque parece implicar que, hasta entonces, los conservadores eran unos crueles desalmados sin el más mínimo rastro de compasión), por citar las dos definiciones más populares (o impopulares, mejor dicho) últimamente.

Para mí, un conservador es un conservador y no hay más que decir porque tampoco es necesario. Desde que Abraham Lincoln fundara el Partido Republicano en 1854 y lo dotará de un ideario basado en el respeto por la libertad individual, la responsabilidad personal y la economía de libre mercado, además de su rechazo frontal del esclavismo (que el Partido Demócrata defendía a uñas y dientes, recordemos), todo el mundo ha tenido claro en Estados Unidos qué implicaba ser conservador durante los últimos ciento cincuenta años. Y de hecho, el sentido común se le daba por supuesto. Sólo la deriva ideológica de estos dos últimos decenios en que la izquierda ha ido ganando posiciones a base de demagogia a granel, ha podido resquebrajar la hasta entonces sólida alianza forjada por Ronald Reagan y que dominó de tal modo el panorama político de Estados Unidos que aún hoy en día la mayoría de los estadounidenses se definen a sí mismos como conservadores. Y ello a pesar de toda la parafernalia mediática del actual presidente de Estados Unidos que pretende que Estados Unidos abomina del conservadurismo cuando de lo único que abomina es del charlatanerismo como empieza a demostrarse poco a poco, ahora que la actual administración tiene que demostrar con hechos concretos lo que hasta entonces no eran más que bonitas palabras. De momento, el plan de reforma de la Sanidad ya no es más que un montón de palabras que no es que se las ha llevado el viento precisamente, sino que ha sido Sarah Palin a golpes de Facebook.

El sentido común es un excelente sentido que  debería ser reconocido como el sexto y desarrollado en todas las personas a través de la buena educación de los jóvenes y el mejor ejemplo dado por sus mayores, y aplicado a la política con preferencia a cualquier ideología. Porque las ideologías, cualquier ideología, no deja de ser un vano intento de adaptar el mundo a una idea y no las ideas al mundo. Por eso, Sarah reconoce que el mundo es como es y no como quisiéramos que fuera y que la gente también es como es y pretender que sea de otra manera es algo cuya imposibilidad ya se demostró con la caída de los regímenes comunistas de casi todo el mundo (faltan China, Corea del Norte y Cuba, que todavía tiran para desgracia de sus ciudadanos). Y es que, tal y como reconoció en su momento un dirigente de la fenecida URSS, el comunismo fracasó sencillamente porque no se avenía con la naturaleza humana. Y es que ésa y no otra es la clave de cualquier actuación política exitosa: no pretender lo que no puede ser. O como decía aquél: “Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”. Si Sarah Palin tiene asumida esta gran verdad, sólo con ello ya tiene muchas posibilidades de que un futuro gobierno suyo sea fructífero porque sabrá dar respuesta a las necesidades de sus compatriotas sin perder de vista la realidad y no se embarcará en actuaciones imposibles de justificar más que en la mente desquiciada de tantas sabihondos ansiosos de modelar un mundo a su imagen y semejanza, es decir, perfectamente deforme.

Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa pedimos a nuestros dirigentes sino que gobiernen la nave del Estado con sensatez? Nadie quiere otra cosa. Y si alguien la quiere, tal vez sea uno de esos que deben ser mantenidos a toda costa lejos del timón para evitar que se regodeen en el naufragio del barco, aun si eso implica su propio ahogamiento.

Así pues, creo que la definición lanzada por Sarah al ruedo político, “un conservadurismo con sentido común”, está llamada a tener éxito. Y lo más curioso de ella es que no sólo le sirve para despegarse de aquellos izquierdistas que la han tildado repetidamente de extremista de derechas sino también de su propio partido, el Republicano, tan confuso y desorientado aún a día de hoy y con el que cada vez parece tener menos relación. Algo que no deja de ser sorprendente si tenemos en cuenta que actualmente Sarah es su mejor activo. Ya sabemos que Sarah no es plato del gusto de la actual dirección del GOP, algo que viene de los tiempos de Sarah en Alaska cuando se enfrentó al GOP de su estado y lo venció. Sarah es una pesadilla para el establishment, cualquier establishment. Y como que ya sabe de qué va la historia porque ya la ha vivido una vez, parece que ha optado por ser una republicana de a pie en lo que se refiere a la organización del partido, limitándose a tener el carnet y estar al corriente de pago de las cuotas, pero manteniéndose aparte de la dirección del partido y casi creando el suyo propio. Entonces, ¿está Sarah pensando en lanzar una candidatura independiente en 2012? ¿O al menos está esperando a que las elecciones de noviembre del año que viene pongan a una mayoría de “palinistas” en el poder para lanzar su ofensiva sobre el partido y lograr su control para que la respalde sinceramente y sin temor a una traición? ¿O más sencillamente, acaso Sarah se ha desentendido por completo del partido y actúa por su cuenta sin importarle lo que puedan pensar los capitostes del mismo? En mi opinión, esta última respuesta es la que tiene más visos de ser real. ¿Los motivos? Se los contaré en mi próxima entrada.

Una respuesta a EL PARTIDO REPUBLICANO EN LA ENCRUCIJADA (I)

  1. Santi dice:

    ¡Oh el sentido común! ¡Lástima que en la mayoría delos casos sea el menos común de los sentidos! Interesante autocalificación de Sarah como conservadora con sentido común, que quiere decir, en mi modesta opinión, que hay que anteponer el sentido común a la ideología política. Nunca tiene que ocurrir, como pasa con la izquierda, que la ideología prevalezca y la realidad se ignore o manipule.

    Espero que gane Palin la batalla en su partido, porque con partido o sin partido detrás, ella lo conseguirá en 2012. Aunque deseo que el partido Republicano la respalde como un solo hombre, las cosas serían así más fáciles para nuestra Sarah.

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