SARAH PALIN vs. OBAMACARE


 

La tormenta política del verano en Estados Unidos ha venido provocada por la presentación en el Congreso de la propuesta gubernamental de reforma de la Sanidad, la famosa HR 3200, cuyo objetivo declarado es el de crear en Estados Unidos una Seguridad Social al mejor (¿peor?) estilo europeo, pero cuyo otro objetivo, éste ya no tan declarado, es el de acabar con los seguros privados de salud… ¡e incluso con los propios pacientes como medio de reducir gastos! Como no podía ser menos, una de las personas que más se ha destacado en su lucha contra este proyecto siniestro ha sido Sarah Palin.

Obamacare

La principal virtud de Sarah: su cercanía a la gente corriente. Todos sabemos que es como nosotros y precisamente por eso la queremos tanto. Ya estamos hartos de tantos malditos políticos que se creen de una casta superior. ¡Ay, si yo tuviera una escoba!

La propuesta de reforma: la HR 3200

Estrictamente llamada “America’s Affordable Health Choices Act of 2009”, pero más conocida por su denominación técnica, HR (de “House of Representatives”) 3200, esta propuesta de ley es la respuesta gubernamental a una de las promesas sobre cuestiones de Sanidad más relevantes hechas por el entonces candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, quien, durante la pasada campaña electoral, se comprometió de la siguiente manera (ver la fuente, su programa electoral, aquí):

“Making sure every American has access to high quality health care is one of the most important challenges of our time. The number of uninsured Americans is growing, premiums are skyrocketing, and more people are being denied coverage every day. A moral imperative by any measure, a better system is also essential to rebuilding our economy — we want to make health insurance work for people and businesses, not just insurance and drug companies”.

(“Asegurar que cada estadounidense tiene acceso a la asistencia médica de alta calidad es uno de los desafíos más importantes de nuestro tiempo. El número de estadounidenses no asegurados crece, los precios de las primas se disparan y cada día se niega la cobertura a más personas. Además de un imperativo moral, se mire como se mire, un mejor sistema también es esencial para reconstruir nuestra economía — queremos hacer que los seguros médicos funcionen para la gente y las empresas, no sólo para las compañías farmacéuticas y aseguradoras”).

Para ello, el ya entonces presidente de Estados Unidos se comprometió oficialmente (ver la fuente, su programa de gobierno, aquí):

“[I]s committed to working with Congress to pass comprehensive health reform in his first year in order to control rising health care costs, guarantee choice of doctor, and assure high-quality, affordable health care for all Americans.

(“[A] trabajar con el Congreso para aprobar una reforma completa de la Sanidad durante el primer año para controlar los crecientes costes de la asistencia médica, garantizar la elección de médico y asegurar una asistencia médica asequible y de alta calidad para todos los estadounidenses.”)

En consecuencia, los legisladores demócratas se pusieron manos a la obra y el resultado fue esta propuesta de reforma, un mamotreto de exactamente 1.018 páginas que pueden ustedes leer completo aquí y cuyo alcance, a grandes rasgos, consiste en la creación de un seguro médico “público”, gestionado por una agencia gubernamental de nueva creación (y como tal, fuera del control del Congreso), que, compitiendo con los seguros médicos privados, permita proporcionar una asistencia médica básica a todos los estadounidenses, especialmente a los 46 millones que no están cubiertos ahora mismo por ningún seguro (sobre la falsedad de tal afirmación me remito a esta entrada de Rillot en su blog “Sarah Palin en Español”, donde deja claro el motivo de que esas personas no tengan seguro médico: sencillamente porque no les da la gana), así como permitir contener los gastos cada vez mayores que implica actualmente la Sanidad estadounidense que, a través de los programas gubernamentales Medicaid y Medicare, supone ya una sexta parte del total de la economía estadounidense.

¿Proporcionar cobertura médica a más gente y a menor coste? Parece una contradicción, ¿verdad? Y ése es precisamente el sentido de un estudio redactado por la Oficina Presupuestaria del Congreso y enviado el pasado 15 de junio pasado al Comité de Salud, presidido por el difunto senador Edward Kennedy, que evaluó el coste de la reforma en un billón de dólares como mínimo. Una perspectiva que puso a muchos congresistas y senadores demócratas a temblar, temiendo que sus votantes (les recuerdo que el año que viene tocan elecciones, las del midterm), después del esfuerzo que han hecho para transigir con el rescate bancario primero, el automovilístico después y el plan de estímulo para terminar, se cierren ahora en banda y digan que hasta aquí hemos llegado. Por su parte, el Partido Republicano, coherente con su estrategia de dura oposición que tan buenos resultados le está proporcionando, puso el grito en el cielo al conocer esta previsión, devolviendo a muchos a los primeros años de la década de los 90, cuando lo que se discutía en Washington no era el Obamacare sino el Hillarycare, otra reforma de la Sanidad igualmente ambiciosa e intervencionista y que acabó en agua de borrajas.

Sin embargo, no es el coste real de la reforma lo peor que se puede reprochar a la propuesta demócrata, sino los propios fundamentos sobre los que se ha construido toda ella. Así, la primera persona que dio la voz de alarma a este respecto fue la representante republicana por Minnesota, Michele Bachmann, quien, en la sesión de la Cámara de Representantes del 27 de julio, intervino para hablar no sobre el coste económico de la propuesta, como estaban haciendo todos hasta entonces, sino sobre otro coste, el moral, del que nadie parecía haberse apercibido todavía. Su intervención fue tan reveladora y la considero de tal importancia que he decidido ofrecerles directamente las imágenes correspondientes así como una traducción al español de sus palabras:

La intervención de Michele Bachmann en la Cámara de Representantes. Para leer su transcripción en inglés y comprobar así la corrección de mi traducción, haga clic aquí.

“Necesitamos saber lo que la gente que asesora al presidente de Estados Unidos piensa y cree sobre la reforma de la asistencia médica, Sr. Speaker. Escuchar las auténticas palabras del asesor del presidente creo que es muy ilustrativo.
Esta mañana he leído una columna escrita por Betsy McCaughey y me gustaría citarla por extenso a partir de ahora. Esto es de una columna fechada el 24 de julio de 2009. La Sra. McCaughey escribió lo siguiente. Dijo: “Las leyes sobre Sanidad que salen del Congreso pondrían las decisiones sobre su cuidado en las manos de personas designadas por la Presidencia. El gobierno decidirá, no la gente, no sus médicos, lo que nuestro plan [de salud] cubrirá, cuánto margen de maniobra tendrá nuestro médico y lo que los ancianos acabarán obteniendo finalmente de Medicare”.
Pero lo que es aún más importante, Sr. Speaker, son las propias palabras de los asesores del Presidente sobre la asistencia médica. Aquí están las palabras de uno de sus principales asesores, el doctor Ezekiel Emanuel, hermano del jefe de Gabinete de la Casa Blanca. Él ya ha sido designado para ocupar dos puestos clave: uno es el de consejero sobre política sanitaria en la Oficina de Gestión y Presupuestos, el otro es como miembro del Consejo federal sobre Investigación de Eficacia Comparada.
Esto es lo que Sr. Emanuel ha escrito y cito textualmente: “Las vagas promesas de ahorro procedentes del recorte de gastos, dando prioridad a la prevención y al bienestar, instalando archivos médicos electrónicos y mejorando la calidad son simplemente el envoltorio del control de costes, más propio del mero espectáculo y las relaciones públicas que del verdadero cambio” .
¿No es ésta precisamente la manera como los demócratas han afirmado que vamos a encontrarnos con 500.000 millones de dólares en ahorro? El propio asesor del Presidente dice que esto es sólo el envoltorio, esto es sólo un papel bonito, no es de aquí de donde el verdadero ahorro va a salir. El ahorro, como escribe el asesor del presidente, requerirá cambiar la manera cómo los médicos piensan acerca de sus pacientes. “Los médicos se toman el juramento hipocrático demasiado en serio”, escribe. Vaya, escúcheme, Sr. Speaker, esto es lo que el asesor del Presidente escribe, que los médicos se toman el juramento hipocrático demasiado en serio “como un imperativo para hacer todo por el paciente sin tener en cuenta el coste o sus consecuencias sobre otros”.
Pero esto es lo que la gente quiere que su médico haga. Pero Emanuel quiere que los médicos miren más allá de las necesidades de su paciente y consideren la justicia social, tal como si el dinero estaría mejor gastado en otra persona. Ésta es una noción horrorosa para los médicos de nuestro país, pero es una noción horrorosa para cualquier estadounidense porque los médicos creen, como los estadounidenses creen, que justicia social es la que se reparte a cada paciente cada vez.
Pero el asesor del Presidente, el doctor Emanuel, cree que el comunitarismo debería guiar las decisiones sobre quién consigue cuidados. Él dice que la asistencia médica debería estar reservada para los no discapacitados. Así que ojo si es usted discapacitado. Los cuidados deberían estar reservados a los no discapacitados, no proporcionados a aquellos que están “irreversiblemente” impedidos de convertirse en ciudadanos participativos. “Un ejemplo obvio,” dijo él, “es no garantizar los servicios médicos a pacientes con demencia”.
Nosotros perdimos por demencia a mi suegro hace tan sólo 2 meses. Agradezco a Dios que los doctores fueran capaces de aliviar los síntomas de mi pobre suegro al final de su vida a la edad de 85 años.
Por lo visto, bajo el plan de asistencia médica de los demócratas, mi suegro no habría recibido los cuidados médicos de tanta calidad que recibió durante sus últimos dos meses de vida. O si usted es una abuela con Parkinson o un niño con parálisis cerebral, ojo también
De hecho, los asesores del Presidente defienden la discriminación contra pacientes ancianos. Escribe: “A diferencia de la asignación por el sexo o la raza, la asignación por la edad no es una discriminación injusta. Cada persona vive etapas diferentes de la vida más bien que una única edad. Incluso si alguien de 25 años recibe prioridad sobre las personas de 65 años, todos los que ahora tienen 65 años han tenido antes 25”.
Estas leyes, que están siendo tramitadas apresuradamente por el Congreso ahora mismo, tal vez incluso aprobadas esta misma semana, van a recortar más de 500.000 millones de dólares de Medicare en los próximos 10 años, cargando sobre las espaldas de nuestras respectivas legislaturas estatales la tarea de cubrir los huecos que se produzcan. Sabiendo lo impopulares que son estas reducciones, el director de Presupuesto del Presidente, Peter Orszag, ha urgido al Congreso a renunciar a su propia autoridad sobre Medicare a favor de una nueva burocracia designada por el Presidente que no será responsable ante los ciudadanos.
Aquí está el siguiente asesor del Presidente, el doctor David Blumenthal. Él recomienda que retrasemos la marcha de la innovación médica a fin de controlar el gasto en Sanidad. Ustedes me oyeron bien. Dijo que van a retrasar la marcha de la innovación médica para controlar el gasto en Sanidad. Él lleva largo tiempo abogando por el control gubernamental sobre los gastos de Sanidad, aunque admite que ello implicará que se produzcan mayores esperas y se reduzca la disponibilidad de nuevos y caros tratamientos y dispositivos médicos, pero es que él considera discutible si la pronta y rápida atención médica que reciben los estadounidenses se merece su coste.
Sr. Speaker, los estadounidenses tienen que despertar y leer lo que el presidente y sus asesores dicen. Podría asustarlos lo bastante como para correr al teléfono y llamar a sus representantes”.

La batalla estaba pues en todo su fragor en Washington cuando de pronto cierta mujer que no habla mucho realmente (aunque los demás sí que hablan sobre ella y generalmente de oídas cuando no falsamente), hizo pública su opinión al respecto y con ello se encontró de pronto en el centro del debate. Su primera declaración fue tan escueta como una nota de 316 palabras, pero lo que decía esa nota reveló a los estadounidenses la verdad que se escondía entre esas 1.018 páginas que el presidente de Estados Unidos estaba obsesionado con hacer aprobar lo antes posible. Esa persona era Sarah Palin y si la propuesta de reforma está moribunda ahora mismo es en gran parte gracias a ella, algo de lo que es dolorosamente consciente el presidente de Estados Unidos. ¿Cómo lo hizo? Mañana lo veremos.

Una respuesta a SARAH PALIN vs. OBAMACARE

  1. Santi dice:

    Eso, cómo lo hizo. Espero tu explicación de mañana. Esta Sarah no deja de sorprenderme.

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