NUEVOS TIEMPOS, NUEVAS CALUMNIAS: EL QUE TONTO VA A LA GUERRA, TONTO VUELVE DE ELLA (I)


 

Terminó la campaña electoral y el que Sarah saliera de ella con más popularidad que nunca y un cuantioso número de partidarios dispuestos a apoyarla en el futuro era algo que los demócratas no podían comprender. No podían, pero tampoco querían porque eso supondría para ellos el tener que enfrentarse al hecho de que la victoria de su candidato estaba lejos de haber sido tan aplastante como habían estado pronosticando desde el principio. Antes al contrario, los resultados electorales daban esperanzas a los republicanos de que  con un buen candidato en 2012, (republicano if possible porque llevamos una racha que ya, ya…) un candidato que hable claro y no se avergüence de los principios tradicionales republicanos de responsabilidad individual, libertad de elección y gobierno reducido, cambien las tornas y el landslide que tanto vaticinaron esos profetas se acabe produciendo, pero a la inversa, en el mejor estilo Reagan (bendita sea su memoria).

Es por ello que, muertos de miedo ante la espectacular irrupción de Sarah Palin en el firmamento político nacional, y conscientes de que es ella la persona que podría devolver al partido Republicano a la senda correcta, abandonando el estúpido mantra de esos malditos RINO de “abrirse al centro” (o sea, pasarse a la izquierda), los demócratas y sus simpatizantes están decididos a entorpecer en todo los posible la actuación de Sarah con la esperanza de que su futura candidatura a presidente de los Estados Unidos no llegue nunca a cuajar. Y para ello, han dado una vuelta de tuerca al viejo sistema de las Palin smears que tan buen resultado les dio durante la campaña electoral. Y digo “buen” porque aunque es cierto que ni una sola era verdad (y eso es algo que podemos decir muy alto después de habernos pasado estos últimos meses repasándolas una por una), sin embargo cumplieron con su objetivo de dejar una mala impresión de Sarah en el ánimo de la gente corriente, ésa que sólo lee los titulares de los periódicos y cree a pies juntillas que el actual presidente de los Estados Unidos no sólo traerá la paz al mundo sino que también les curará la halitosis. Para ellos, Sarah es una peligrosa extremista (de derechas porque si lo fuera de izquierdas, como el presidente, sería meritorio) de ideas antediluvianas y aferrada a su religión y a sus armas.

Sin embargo, como quiere que este tipo de personas son votantes demócratas sin remedio (casos perdidos, vamos), poca importancia tiene en mi opinión lo que piensen de Sarah. Al contrario, la gente que se preocupa por leer algo más que los titulares de los periódicos, la página de deportes y su horóscopo, y que además es consciente de que la prensa en la actualidad miente nueve de cada diez veces (y la décima no lo hace porque con los resultados del beisbol no se juega que si no…), buen cuidado tienen ellos de procurarse información veraz por otros medios, fundamentalmente por Internet (este blog por ejemplo, modestia aparte).

Pero me estoy distrayendo. A lo que íbamos: ¿y que han pensado los malos para continuar con su operación de acoso y derribo a Sarah? Pues continuar calumniándola, pero ahora aprovechando las posibilidades que les brinda la legislación estatal de Alaska para ello. Me explico: recordemos que cuando Sarah fue nombrada gobernadora de Alaska en diciembre de 2006, una de sus primeras medidas fue la de reformar la legislación referida a lo que podían y no podían hacer los miembros del gobierno para así cortar de una vez por todas con tantos y tantos escándalos de corrupción como se habían dado durante el mandato de sus antecesores, especialmente Frank Murkowski. El resultado de esa iniciativa fue la Alaska Executive Branch Ethics Act (Ley Ética del Poder Ejecutivo de Alaska). Uno de los mecanismos previstos por esa ley son las ethics complaints (quejas sobre ética), quejas escritas que pueden ser presentadas por cualquier alasqueño ante el State Personnel Board (Junta de Personal del Estado) cuando crean que un miembro del gobierno de Alaska ha cometido una impropiedad en el ejercicio de su cargo. Dichas quejas son oportunamente investigadas por el State Personnel Board (Junta de Personal del Estado), quien dictamina finalmente si hay motivo cierto de queja o no (recordemos el Troopergate y la ethics complaint que presentó Sarah en contra de sí misma).

Pues bien, éste es el sistema elegido por los demócratas  para continuar presionando a Sarah. Una catarata de ethics complaints presentadas por los motivos más ridículos (algo ya esperado tratándose de demócratas lo de hacer el ridículo) y que, hasta el momento, han acumulado el increíble resultado de diecisiete ethics complaints presentadas y estudiadas y diecisiete ethics complaints rechazadas. ¡Genial! Pero cuidado porque si bien Sarah está siendo exonerada de todas y cada una de las acusaciones vertidas contra ella, eso no quiere decir que no esté pagando un precio por ello: el primero, económico, porque el total de dinero que le ha costado hasta el momento su defensa legal (llevada en todos los casos por el abogado Thomas V. Van Flein, a quien ya conocemos) es de 500.000$, una cantidad tan elevada que le ha obligado a fundar el Alaska Fund Trust (su enlace está aquí y permanentemente en la columna de al lado en la sección “Apoyo a Sarah”) para intentar pagar su deuda con las aportaciones de sus partidarios; y segundo, moral, porque pese a que ninguna de esas trece quejas haya prosperado, muchas personas se quedan simplemente con el titular: “Palin acusada de falta de ética de nuevo”, sin molestarse en sabe cuál ha sido el resultado de esa queja y si ha sido admitida o rechazada. Pero como ya he dicho antes, esas personas no creo que puedan ser nunca partidarias de Sarah, sino más bien del Gran Hermano de Orwell (reencarnado por fin para ellos en el actual presidente de los Estados Unidos), esclavos natos orgullosos de serlo sólo porque la libertad les da tanto miedo que antes preferirían estar muertos que ser libres. Pues muy bien; allá ellos. Pero nosotros no le tenemos miedo a la libertad y antes al contrario la ansiamos y estamos dispuestos a luchar lo indecible por ella.

Antes he dicho que Sarah lleva acumuladas dieciséis ethics complaints, pero no es exacto porque el número real es de veintiuna, pero es que cuatro de ellas todavía están pendientes de resolución (además de otras dos que se presentaron ante otras instancias diferentes del State Personnel Board y que fueron rechazadas también). En la próxima entrada vamos a repasarlas todas y veremos también la opinión que les empieza a merecer a los alasqueños esta persecución. Les adelanto que no es positiva precisamente.

Goosing

Esta foto es de una aparición de Sarah en el Saturday Night Live. Pero me imagino que Sarah se pone igual de contenta cada vez que se entera de que han desestimado una nueva ethics complaint. Supongo que además estará pensando: ¡Toma McLeod! (en la próxima entrada les explicaré quién es la chiflada esa).

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