UN POCO DE SABIDURÍA POPULAR: QUIEN DICE DE MÍ, MÍRESE A SÍ (IV)


 

Sarah recortó los fondos estatales destinados a ayudar a las escuelas de niños discapacitados de Alaska

Parece una copia de mi entrada anterior: la cruel Sarah de corazón de piedra (como todos esos malditos republicanos, dicho sea de paso), preocupada sólo por atesorar cuanto más dinero mejor como si fuera la versión femenina y alasqueña de Tío Gilito, recortó los fondos destinados a la educación de los probrecitos niños discapacitados. Pero como quiera que existe la justicia poética (esto me suena), ahora resulta que es ella misma la que tiene un hijo discapacitado. Justo castigo a su maldad… ¡Oh, cuántas tonterías! ¿Pero es que la izquierda no puede descansar de su estupidez ni siquiera una hora al día?

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La calumnia surgió casi simultáneamente en diversos basuriblogs, tales como DailyKos el 3 de septiembre, el blog de The Washington Monthly del 4 de septiembre y el blog de The Huffington Post de esa misma fecha. Todos ellos recogían la noticia y detallaban que el recorte había sido de un 62%, casi nada. Finalmente, ese mismo 4 de septiembre, la CNN aireaba el asunto por toda la nación durante una entrevista con Nicolle Wallace, asesora de campaña de McCain.

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Otra periodista carroñera a la que evitar a partir de ahora. Y lo peor es que, tal y como están las cosas en las escuelas de Periodismo actualmente, igual fue la primera de su promoción.

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Y en este caso, la verdad también está ahí afuera al alcance de quien quiera encontrarla. Para empezar, diremos simplemente que en 2008 Sarah incrementó considerablemente los fondos destinados a Educación, incluyendo los correspondientes a la educación de los niños discapacitados. Más en concreto, esta partida, englobada bajo el nombre de “intensive needs” (necesidades intensivas) y que se refiere a niños cuya educación requiere procedimientos especiales que suponen un alto coste económico, pasó de 26.900 dólares por niño a los 73.840 dólares previstos en 2011, lo que casi triplica la cifra en tan sólo tres años. Y, de hecho,  la propuesta original de Sarah era aún superior a la finalmente adoptada, ya que ella pretendía que se llegara hasta los 77.740 $ en ese mismo año 2011, un 175% de incremento, algo recogido en el Anchorage Daily News, el diario favorito de los alasqueños que odian a Sarah que también los hay. Tal y como declaró Carl Rose, el director ejecutivo de la Association of Alaska School Boards (asociación alasqueña de juntas escolares), se trataba de un “historic event” (acontecimiento histórico) que aportaría seguridad a los presupuestos de los diferentes distritos escolares de Alaska.

Pues sí que es mala Sarah, sí… ¡Anda que si llega a ser buena! Para rematar aún más la faena y darles a los de la izquierda mentirosa en toda la cresta, añadiremos también las declaraciones de Eddy Jeans, del Alaska Department of Education and Early Development, declarando que el dinero disponible para los niños discapacitados no ha dejado de crecer desde que Sarah fue nombrada gobernadora, pasando de un total de 203 millones de dólares en 2006 hasta los previstos 279 millones de dólares en 2009.

Así pues, los que claman indignados porque Sarah redujo los fondos en un 62% deberían, para empezar, ir al oculista y luego a la escuela para que les enseñen de nuevo a leer y a comprender lo que leen. La tan cacareada reducción del 62% existe realmente en el presupuesto para “special schools”, pero es que bajo este concepto no se engloban las escuelas para niños discapacitados, que son “special needs”, un concepto distinto. Como dice Eddy Jeans otra vez:

I don’t even consider the special schools component [part of]our special needs funding.

(Ni siquiera considero las special schools parte de nuestra partida de special needs).

Y es que cada una de ellas tiene su propia partida presupuestaria, abarcando la de “special schools” a escuelas especiales tales como la academia militar para jóvenes. Y es que encima ese descenso del 62% es falso porque no existe tal, sino que simplemente Sarah traspasó la partida correspondiente a la escuela militar de jóvenes a otra partida diferente, dando lugar pues a esa disminución del 62% en el total, que sólo existe en la cabeza de los bobos de la izquierda llenos de odio, rencor y mala baba.

¡Señor, Señor, qué triste es ser izquierdista (o sea, tonto sin remedio)!

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