UN POCO DE SABIDURÍA POPULAR: AL EMBUSTERO, NI VERLO QUIERO (I)


 

Sarah Palin es miembro (o al menos simpatizante) de la John Birch Society

Después de haber repasado las calumnias referidas a la vida privada de Sarah, vamos a hincarle el diente a las que se relacionan con el tiempo que desempeñó el cargo de alcaldesa de Wasilla. No son demasiado imaginativas y resultan muy sencillas de refutar, pero tienen su aquel. Y alguna de ellas es de las más populares aún hoy en día (y lo seguirá siendo hasta el 2012, si es que se da el caso de que Sarah se presente a las elecciones presidenciales de ese año). Sea como fuere, no podemos obviar ninguna porque mi principal intención a la hora de iniciar esta serie fue la de dejar testimonio en algún lugar de la blogoesfera hispanoparlante para que quien busque la verdad pueda hallarla.

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Esta calumnia no fue ideada directamente como tal, sino que vino inducida por una fotografía de Sarah cuando era solamente concejal de Wasilla que, facilitada por la propia familia Heath (la familia de Sarah), fue publicada en el New York Times (¡puaj!) el 13 de septiembre de 2008 para ilustrar uno de sus infectos artículos sobre ella. (¡Maldita sea! ¿Dónde habré puesto el Primperan?).

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El artículo de marras. Basura, of course. No se merece ni un triste comentario.

Desk

Y hela aquí la dichosa foto. Venía en el artículo de arriba. Sarah Palin en 1995, a poco de ser alcaldesa ya. ¿Saben qué? Tengo una amiga que se parece mucho a ella. Nunca me había fijado y ahora que lo he hecho, creo que la voy a querer más.

La foto es una foto como cualquier otra en la que Sarah luce su sempiterna sonrisa, pero como quiera que siempre los hay que gustan de buscarle tres pies al gato, a alguien se le ocurrió darle la vuelta a la foto para ver qué estaba leyendo Sarah en ese preciso momento y que parece un periódico o algo así. Y aquí se armó la de Troya porque el papel en cuestión, que lleva un encabezamiento que reza “Con-Con Call”, fue identificado como un ejemplar del America Opinion Magazine, en concreto de su número del 19 de septiembre de 2005, la publicación oficial de la John Birch Society (JBS), con lo que se dedujo inmediatamente que Sarah debía ser una miembro del grupo (una “John Bircher”, como se les conoce popularmente) o, como mínimo, una simpatizante.

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Ya tenemos la foto al revés, el “Con-Con Call” delante y toda la izquierda coreando entusiasmados: ¡Sarah es una bircher, Sarah es una bircher…! Penoso, realmente.

¿Y qué es la JBS? ¿Es grave, doctor? ¿Es contagioso? ¿Tiene remedio? Pues la JBS es una sociedad conservadora estadounidense, la verdad es que muy conservadora, fundada en Indianápolis en 1958. Considerada como perteneciente a la derecha más radical del país, la JBS defiende a ultranza los derechos individuales, la propiedad privada y la economía de libre mercado (no me extraña que a la izquierda le dé escalofríos), además de oponerse a que los Estados Unidos formen parte de la ONU o de cualquier otra organización internacional que pueda asimilarse a un gobierno mundial. Por descontado, su anticomunismo es feroz y no se corta ni un pelo a la hora de proclamarlo. ¡Seguro que están encantados con el actual presidente de los Estados Unidos!

El artículo que supuestamente estaba leyendo Sarah en 2005 es una reimpresión de un artículo publicado en marzo de 1995 por un tal Don Fotheringham en The New American, una publicación también de la JBS y la antecesora del America Opinion Magazine. El artículo exhibía una foto del entonces gobernador de Utah, Mike Leavitt, quien había lanzado la propuesta de una convención constituyente (la dichosa Con-Con) que reformara la Constitución como medio para quitar poderes al gobierno federal para devolvérselo a los estados. En su artículo, el autor no se fiaba ni un pelo de las verdaderas intenciones de Leavitt y sostenía aquello que en su momento hiciera famoso Aznar: “La Constitución, ni tocarla” (¡Cielos, ahora resultará que Aznar es también un John Bircher, jua, jua, jua!).

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El intento de convertir a Sarah en una John Bircher (lo que para los izquierdistas sería casi como haberla descubierto poniendo a secar en el tendedero de su casa un capirote del Ku-Klux-Klan) no prosperó entre otras cosas porque la propia JBS rechazó rotundamente la posibilidad de que Sarah hubiera estado involucrada alguna vez en el grupo, además de dejar claro que no necesitaba ser miembro ni simpatizante para poder leer sus publicaciones. Así, el entonces presidente, John McManus, hizo las siguientes declaraciones:

Any attempt to link her to the John Birch Society would be ridiculous.

(Cualquier intento de vincularla a la John Birch Society sería ridículo).

Por otra parte, el entonces portavoz de Sarah, Michael Goldfarb, declaró:

This photo from the early to mid 90s shows the Governor having her photo taken in front of a three ring binder of information from local citizens presented regularly to Wasilla council members by the town clerk. These binders featured material given by members of the public to all council members.

(Esta foto de principios a mediados de los 90 muestra a la gobernadora haciéndose una foto delante de un portafolio de tres anillas con información procedente de conciudadanos que se presentaba regularmente a los miembros del consejo municipal de Wasilla por el oficinista municipal. Estos portafolios reunían material aportado por miembros del público a todos los miembros del consejo municipal).

Y el presidente de la JBS recalcaba además:

We sent thousands of copies of that newsletter out to all kinds of people trying to forestall the constitutional convention. The plan at that time was for us to send copies of that newsletter to county commissioners, mayors, state legislators, local officials.

Enviamos miles de ejemplares de esa publicación a toda clase de personas intentando impedir la convención constituyente. Nuestra intención entonces era la de enviar un ejemplar de la publicación a todo comisionado del condado, alcaldes, legisladores estatales, directivos municipales.

Y hasta aquí llegó el asunto. No dio para más. Estoy un poco decepcionado, la verdad. En fin, otra vez será.

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