UN POCO DE SABIDURÍA POPULAR: ANTES SE COGE AL MENTIROSO QUE AL COJO (I)


 

Calumnias sobre la vida privada de Sarah

La primera calumnia sobre Sarah que vamos a refutar en esta serie es una propia de la “prensa del corazón” (que generalmente del corazón tiene poco y suele apuntar más abajo, a la entrepierna). Esta calumnia pretendía que Sarah le fue infiel a su marido, Todd, con un antiguo socio de éste. ¡Ja, ja, ja, qué estupidez!

palin-smear-stick

Por lo que he podido sacar en claro, la calumnia tuvo su origen en la revista National Enquirer, una de las revistas de cotilleos más populares de Estados Unidos, de esas que se compran en los supermercados, en su número correspondiente al 15 de septiembre de 2008, cuando apenas hacía 15 días que Sarah había sido presentada a la opinión pública como la candidata de John McCain a la vicepresidencia.

enquirer

La portada de la revistucha ésa. Además del supuesto adulterio, otras calumnias aderezan el plato. ¿A qué juntaletras de tres al cuarto se le pudo ocurrir semejante mamarrachada?

En su artículo, el National Enquirer (o el Basura a go-go, más bien), se hacía eco de una fuente anónima que, en mi opinión, debió de tratarse de la misma persona que por aquel entonces escribía un blog llamado “Alaskan Abroad”, el cual publicó una entrada dando detalles del supuesto escándalo. Este blog ya hace tiempo que ha desaparecido, pero queda constancia en muchos sitios de la red de lo que apareció publicado en su momento.

alaskanabroad
Un ejemplo de lo que Sarah, muy acertadamente llama “bored, anonymous, pathetic bloggers who lie” (aburridos, anónimos, patéticos bloguistas que mienten”).

Según estas dos fuentes, la revista y el blog, la supuesta infidelidad de Sarah tuvo lugar alrededor de 1996, cuando ésta tenía 32 años y acababa de ser elegida alcaldesa de Wasilla. Por aquel entonces, su marido, Todd, estaba asociado con un amigo, casado también (en el blog aparece el nombre de “Brad Hampton”, pero el Enquirer no da ninguno y el dado en el blog es falso ya que el verdadero nombre del socio de Todd era Brad Hanson), para llevar juntos la representación de la marca de motos de nieve Polaris, teniendo una tienda llamada “Valley Polaris” abierta al público en Wasilla. Siguiendo con la historia, Sarah y Brad coquetearon tan abiertamente que Todd, cuando se dio cuenta y se vio en trance de parecerse sospechosamente a un alce, le dio una zurra a Hampton (esto último según el Enquirer; en el blog no aparece violencia), disolvió la sociedad y vendió los derechos de representación, mientras que el ex-socio se mudaba de ciudad, trasladándose a vivir a Palmer. Al menos, el blog deja claro que, pese a todo, Sarah y Brad no llegaron nunca a consumar su relación, lo cual es una lástima porque le quita toda la gracia al asunto; en lugar de sexo y apasionados encuentros furtivos a medianoche, amor platónico y un par de cursis haciendo manitas en el porche. Claro que también le libró al autor de una demanda por difamación, que bien le hubiera podido caer si no hubiera hecho esa salvedad.

 Los portavoces de la campaña de McCain no tardaron en hacer una declaración conforme todo el asunto era falso y ahí pareció quedar la cosa, sobre todo porque el propio Brad Hanson, que por aquel entonces residía en la ciudad de Palmer, de cuyo ayuntamiento era concejal, fue el primero en calificar toda la historia como ridícula y confirmar su amistad con los Palin.

Sin embargo, al mismo tiempo que se mareaba la perdiz con todo este asunto, algunos bloguistas demócratas descubrieron que otro amigo de Todd Palin, Scott Richter, acababa de divorciarse recientemente (presentó la demanda de divorcio en julio de 2008, de común acuerdo con su esposa y sin la intervención de ningún abogado por ambas partes, siéndoles concedido en menos de dos meses), así que empezaron a husmear en esa dirección a ver qué descubrían. En pocos días, saltó la noticia, una variante del “caso Hampton”: el nombre de Sarah aparecía en las actas del divorcio de Richter como la causante de dicho divorcio en su condición de ex-amante de éste“. Genial, ¿no? El que la sigue, la consigue, debieron de pensar ellos.

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Tras lanzar nuevamente la misma calumnia, ahora en una nueva y mejorada versión, los medios de (des)información se echaron como fieras sobre las actas del divorcio de Richter, alertados sobre todo por el hecho de que el propio Richter había presentado recientemente (el 3 de septiembre de 2008) una solicitud en la Corte Suprema de Alaska pidiendo que todo lo relacionado con su divorcio fuese considerado confidencial y se impidiese el acceso público a las actas (para quien quiera ver dicha solicitud, existe una copia aquí). Dicha petición fue denegada al día siguiente por la Corte Suprema al considerar que carecía de base legal, por lo que finalmente las actas del divorcio de Richter pudieron ser consultadas, comprobándose que no aparecía el nombre de Sarah ni el de Todd en ninguna de las 98 páginas de que consta. Tan sólo aparecen en la solicitud de confidencialidad motivada por el hecho de que los medios de (des)información estaban utilizando las actas para obtener datos sobre el domicilio particular, lugar de trabajo y números de teléfono de Richter y así poder ponerse en contacto con él para preguntarle por los Palin, a ver si le podían sonsacar algo. En la solicitud aparece bien claro que es “amigo de los Palin” y que su única intención es la de proteger la intimidad de su vida privada y la de su hijo de 11 años. O sea, que de adulterio nada de nada.

Qué poco emocionante, ¿verdad? Claro que hay que tener la mentalidad siniestra, retorcida y hasta antinatural de los medios de (des)información para comprender cómo una majadería semejante pudo llegar siquiera a la portada del Enquirer (que tampoco es que se luzca mucho más con el resto de lo que suele publicar). Para ellos, aquello era una verdadera intriga, no una simple exigencia de respeto por la vida privada de alguien, porque qué motivo podía tener Richter para hacer esa petición de confidencialidad ante la Corte Suprema si no era el de ocultar algo que no quería que se supiese (lo cual es cierto, no quería que se supiesen sus números de teléfono para que no le diesen el tostón todo el santo día). Y si había algo que no quería que se supiese, lógicamente tenía que ver con Sarah Palin y no con él, sobre todo ahora que se sabe que los Palin y él habían sido amigos (a ningún juntaletras de esos se le puede ocurrir que uno tiene derecho a su intimidad y a no tener que ver sus asuntos revueltos por tipos semejantes). Y si tenía que ver con Sarah Palin, era porque ésta aparecía en la demanda de divorcio como “la otra”, la que había arruinado el matrimonio de Richter (está claro que para esos tipos entre un hombre y una mujer sólo puede haber sexo y más sexo). Y si ella era “la otra”, entonces Sarah Palin es una adúltera, una casquivana y una pendona (¡ahora resulta que ellos son los mayores defensores de la moral tradicional!). Y si Sarah Palin es una adúltera, una casquivana y una pendona, es además una hipócrita y ninguna persona decente en este país puede votarla, etcétera, etcétera, etcétera. Sí, ya… Y si los cerdos volaran, no serían cerdos sino golondrinas, ¿verdad? ¡Demonios, qué mente más enfermiza tienen los tipos estos! ¿Cómo lo habrán hecho? Continuaremos viendo más ejemplos de ello, lamentablemente.

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