LOS ÚLTIMOS COLETAZOS DE LA CAMPAÑA ELECTORAL: UNA PRESENCIA Y UNA AUSENCIA


 

Cuando planee la anterior serie sobre la campaña electoral, me pareció lógico el concluirla con los resultados electorales y, si acaso, un resumen de la actuación de Sarah y sus consecuencias prácticas, es decir, el “efecto Palin”. Así lo hice y con eso y el artículo de Yuval Levin para la revista Commentary, que ampliaba el otro de Michelle Easton que había utilizado para demostrar la existencia del “efecto Palin”, pensé que la serie quedaba completa.

Sin embargo, conforme repasaba la actuación de Sarah con posterioridad al fin de la campaña electoral, comprendí que me había precipitado porque alguna de sus actividades durante los meses siguientes estaban todavía demasiado vinculadas a la campaña como para pasarlas por alto. En concreto, me refiero a la invitación de que fue objeto para asistir a la cena anual del Alfalfa Club que, en mi opinión, fue motivada por el hecho de haber sido ella, y no el recién nombrado presidente de Estados Unidos, la verdadera sensación de la campaña electoral y ahora que todo había terminado, los del establishment, que sabían mejor que nadie que todas las tonterías que se habían dicho sobre ella no eran más que eso: tonterías, estaban realmente interesados en conocerla. La otra actividad a la que me voy a referir es la reunión anual de la Conservative Political Action Conference (CPAC), aunque en este caso Sarah fue noticia por su renuncia a acudir. Siempre es difícil adivinar cuáles son las verdaderas intenciones de los organizadores de un acto cuando invitan a alguien a acudir (o no lo invitan, lo que también tiene su interés), pero en mi opinión, en este caso se trataba de “lanzar” oficiosamente la candidatura de Sarah a las elecciones presidenciales de 2012, algo a lo que ella no estaba en absoluto dispuesta ya que es prerrogativa suya el decidir no sólo si lo hará, sino también, si lo hace, el modo en que lo hará público.

Así pues, en un caso tenemos un reconocimiento de la elite política de Washington hacia Sarah, en el sentido de que estaban impresionados (algunos más favorablemente que otros) y querían echarle un vistazo de cerca, además (imagino yo) de comprobar con sus propios ojos si sabía distinguir el cuchillo de la carne del de pescado (o si la paleta alasqueña esa sacaría un cuchillo Bowie del bolso y pretendería cortar las tajadas del solomillo ella misma). En el otro, tenemos un intento de forzar la mano de Sarah y ponerla en una situación en la que ella no quiere estar, al menos de momento. Muy acertada su actuación en ambos casos: en una, demostrando una elegancia y un savoir faire que dejó gratamente impresionados a todos esos empingorotados de Washington (el guante de seda); en la otra, demostrando que ella es dueña de su propio destino y que no está dispuesta en absoluto a ser manejada por nadie, por muy buenas intenciones que tenga ese alguien (el puño de hierro). En conjunto, una combinación sensacional que no deja de acrecentar nuestra admiración por esta mujer. ¡Tres hurras por Sarah! ¡Hip, hip, hurra! ¡Hip, hip, hurra! ¡Hip, hip, hurra!

La presencia: la cena del Alfalfa Club

¡Que no! ¡Lo juro! De verdad que no es broma… Realmente existe un club que se llama así. El Alfalfa Club es un exclusivísimo club de Washington que fue fundado en 1913 para celebrar el cumpleaños del general norteamericano Robert E. Lee (1807-1870), comandante en jefe del ejército de Virginia del Norte durante la Guerra de Secesión (1860-1865). En justa correspondencia a sus orígenes, este club no admitió negros entre sus miembros hasta una fecha tan tardía como 1970 (se resistieron todo lo que pudieron, ¿eh?) ni mujeres hasta 1994 (en eso se resistieron un poco más).

El caso es que este club, de alrededor de 200 miembros y llamado así en referencia a la planta homónima de la cual se dice que es capaz de alargar y retorcer sus raíces lo que haga falta con tal de apagar su sed (imaginamos que en consonancia con alguno o algunos de sus miembros fundadores que también debían ser capaces de las mayores heroicidades por un bourbon), sólo tiene un objeto social: celebrar anualmente, el último sábado de enero, un banquete al cual suele asistir el presidente de Estados Unidos, a quien se le pide que pronuncie un discurso (jocoso, ya que a pesar de tratarse de influyentes hombres de negocios y políticos, esta cena se ve más bien como una ocasión para reírse todos un poco).

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La llegada de Sarah a la cena del Alaska Club. Bonito vestido, pero es una lástima no tener una foto mejor.

La cena es exclusiva para los miembros, quienes tienen el derecho de invitar por su cuenta a dos personas cada uno. La prensa tiene absolutamente prohibida su asistencia y no crean, la vigilancia es realmente seria y todavía no se les ha colado ningún intrépido reportero, por lo que es imposible saber algo de los discursos de los oradores. Menos mal que siempre hay algún asistente que se va de la lengua o saca una foto a escondidas y así el resto de mortales nos enteramos de algo de lo que se cuece en un Olimpo tan particular.

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Sarah durante el banquete. A su derecha, Barbara Bush, esposa de Bush 41, preguntándose molesta porqué le han dado a Sarah la pechuga y a ella sólo el muslo; a su izquierda, un camarero atento a que no le falte la bebida a nadie (digo yo que es un camarero porque igual es un potentado pretendiendo saludar a Sarah y ya la hemos liado. ¡Ah, eso de ir todos vestidos de etiqueta tiene esas cosas! Bien sabía G.K. Chesterton lo lioso que podía llegar a ser. Ojalá que no faltara ningún cubierto al terminar).

La cena fue, pues, el 31 de enero pasado y Sarah acudió a ella invitado por Fred Malek, un millonario conservador algo excéntrico, de esos que tienen su propio blog y se lo pasan pipa escribiendo en él (existen tipos así, ciertamente; si yo les contara). Sarah no tuvo ocasión de hablar, pero su presencia fue muy destacada por las noticias que se han filtrado hasta ahora. Aunque asistía el presidente de Estados Unidos, Sarah recibió tantas visitas durante las pausas entre plato y plato (y entre Tom Collins y Dry Martini, imagino yo porque de un club que honra a la alfalfa por su habilidad a la hora de echar un trago qué se puede esperar) como él. De hecho, Sarah no tuvo ningún reparo en ir a saludarlo y hasta felicitarlo por su victoria (Sarah es muy educada, algo que no abunda en la izquierda), pero ya les digo que ella también fue objeto del interés de muchos de esos ricachones. Sarah llevaba un elegante vestido de satén negro con un chal a juego y el pelo suelto, apareciendo realmente elegante y atractiva, lo que resaltaría aún más dado que, junto con el presidente, ella era sin duda la persona más joven del sarao. La opinión general es que su presencia en la cena fue un doble éxito: primero, por haber sido invitada (como dijo Letitia Baldrige, relaciones públicas y experta en etiqueta que fue en su momento Social Secretary y Chief of Staff de Jacqueline Kennedy, su invitación fue “un golpe de efecto” porque “es algo a lo que todo el que es alguien en la política quiere ser invitado”; segundo, por haber hecho un buen papel, lo que la confirma en su posición de “persona a la que conviene seguir y ver qué hace con el tiempo” que le ha asignado discretamente el club (el establishment, si lo prefieren) y que es, en mi opinión, lo que significa realmente esta invitación.

Como coletilla a este apartado, les transcribo la entrada correspondiente al 10 de febrero del blog de Fred Malek, titulada “Inauguration, Alfalfa, McCain and Palin”. Recuerden que Malek fue el “encargado” (“Haz que parezca idea tuya, Freddie”, imagino que le dijeron sus compadres) de invitar a Sarah a la cena. Estas son sus impresiones sobre Sarah:

“The night before, last reported by Roxanne Roberts of the “Washington Post”, Marlene [his wife] and I hosted a small dinner at our home for my Alfalfa guests and a few other friends. Here is what impressed me most over the weekend:

– The warmth John McCain showed toward Sarah Palin when she arrived at my home Friday night. It was the first time they had been together since the election, and their good feelings toward each other were evident.
– The gracious and engaged Sarah Palin was with everyone. It was great to see her in deep conversations with people like Alan Greenspan, Madeleine Albright, Walter Isaacson, and Mitch McConnell. For sure, nothing shallow about this lady.
– The celebrity treatment Sarah received from the highly sophisticated crowd at Alfalfa. There were as many or more people lined up to meet her as there was for President Obama.
– Sarah’s singular focus on her job as Governor of Alaska. She left Anchorage on a 2:30 a.m. flight Friday so as not to miss a day on the job, and she singled out people to meet who could be impactful to Alaska, including President Obama.
– Sarah’s grace and charisma reminded me of why she had been selected as John McCain’s running mate.

(La noche antes, tal y como relata Roxanne Roberts del Washington Post, Marlene [su esposa] y yo fuimos los anfitriones de una pequeña cena en nuestra casa para mis invitados al Alfalfa y otros pocos amigos. He aquí lo que me impresionó más durante el fin de semana:

– El cariño que John McCain mostró hacia Sarah cuando ella llegó a mi casa el viernes por la noche. Era la primera ocasión que se encontraban de nuevo desde las elecciones y los buenos sentimientos del uno hacia el otro eran evidentes.
– Lo amable y participativa que estuvo Sarah Palin con todos. Fue fantástico verla enzarzada en sesudas conversaciones con gente como Alan Greenspan [antiguo chairman de la Reserva Federal], Madeleine Albright [antigua secretaria de Estado bajo la presidencia de Bill Clinton], Walter Isaacson [antiguo presidente de la CNN y antiguo editor de Time] y Mitch McConnell [líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes]. Pueden estar seguros de que no hay nada superficial en esta dama.
– El tratamiento de celebridad que recibió Sarah del sofisticadísimo público del Alfalfa. Había tantas o más personas esperando para conocerla como las había para el presidente Obama.
– La especial atención que presta Sarah a su trabajo como gobernadora de Alaska. Salió de Anchorage en un vuelo el viernes a las 02:30 AM para no perder ni un solo día de trabajo y escogió a las personas con las que quería reunirse que pudieran tener alguna influencia en Alaska, incluyendo al presidente Obama.
– La elegancia y el carisma de Sarah me recordaron porqué había sido seleccionada como la candidata vicepresidencial de  John McCain).

En definitiva, una muesca más en el revólver de Sarah. Y sin pretenderlo casi. Esperen a que se decida a desenfundarlo de verdad.

La ausencia: la CPAC

La Conservative Political Action Conference (CPAC) o, en español, la Conferencia de Acción Política Conservadora, es una conferencia anual que se celebra desde 1973 y que está organizada por la American Conservative Union, una organización dedicada a la difusión de las ideas conservadoras, la Young America’s Foundation, una organización de jóvenes conservadores, y la revista conservadora Human Events, la misma revista que elige cada año al “Conservador del Año”, habiendo sido el último de ellos la propia Sarah. Oficialmente no está afiliada al Partido Republicano y además admite la presencia de otros grupos y partidos en su seno. El festejo este año tuvo lugar durante los días 26 a 28 de febrero en Washington y la lista de oradores era de lo más atractiva porque incluía discursos de Rush Limbaugh, el popular locutor de radio y comentarista político, y Ann Coulter, la siempre feroz y muy divertida comentarista política. Para compensar, incluía también discursos de Mitt Romney y Mike Huckabee, quienes ya están abiertamente lanzados en su carrera por obtener la nominación republicana a las elecciones presidenciales de 2012.

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Rush Limbaugh repartiendo estopa a diestro y siniestro (aunque mucho más a siniestro que a diestro). Hay que ver lo que puede llegar a hablar sin parar este hombre… ¡y sin teleprompter, ja, ja, ja! Como debió de rabiar uno que yo me sé.

Precisamente por eso mismo fue de lo más inteligente que Sarah no acudiera. Para evitar que todo el mundo la pusiera en la línea de partida junto a Romney y Huckabee. Sarah no tiene ninguna necesidad de embarcarse ahora en una carrera electoral, supuestamente para las primarias republicanas, ni de que la embarquen. No lo necesita porque la base conservadora no la va a olvidar de ninguna manera, algo que sí que podría pasar muy fácilmente con cualquiera de los otros dos, que por eso necesitan echar algo de gasolina a su hoguera so pena de verla reducida a unas meras brasas mortecinas.

Además, después del escándalo que montaron los demócratas después del discurso de Rush Limbaugh (que simplemente dijo lo que pensamos muchos: que ojalá el presidente fracase en sus intentos de transformar Estados Unidos en una triste copia de cualquier agotado y cobarde país europeo), pretendiendo convertir la CPAC en poco menos que un mitin nazi, doblemente mejor para Sarah que no anduviera por ahí. De otra manera, la estarían atizando día sí y día también (aunque poca diferencia habría porque la verdad es que ya lo hacen igualmente). De cualquier forma, lo mejor es que sea la propia Sarah quien decida cuáles deben ser sus pasos. Es inteligente, es fuerte, es valiente… que sea ella misma quién escoja sus batallas, ¿no?

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