EL TICKET McCAIN – PALIN: LA CAMPAÑA ELECTORAL (quinta parte)


 

Los resultados electorales

El 4 de noviembre de 2008, martes of course, tuvo lugar la jornada electoral, la 56ª consecutiva desde el nacimiento de Estados Unidos. La verdad es que poca confianza podíamos tener los partidarios de Sarah después de la avasalladora campaña electoral desarrollada por los demócratas, la cual se había sustentado principalmente en la habilidad para el bla-bla-bla de su candidato, el apoyo fervoroso e incondicional de los medios de (des)información y el desastre que había supuesto el segundo mandato de George W. Bush (el 43), que había hastiado por igual a demócratas y republicanos.

Los dos candidatos habían apostado fuerte por un mensaje de cambio, más creíble en nuestra opinión el del candidato republicano que el del demócrata, ya que John McCain ofrecía un cambio en la manera de hacer política en Washington y como garantías de que no hablaba por hablar presentaba su propio historial de senador muy dado (tal vez demasiado) a llegar a acuerdos con los demócratas (“bipartidismo” se llama ahora esa figura) y la elección como candidata a vicepresidente de una persona, la gobernadora de Alaska Sarah Palin, que no había tenido reparos en enfrentarse a su propio partido en aras de esa misma reforma, demostrando que ese cambio era posible y que bastaba para ello con voluntad, coraje y sentido común.

En cambio, el candidato demócrata hablaba de un cambio que nunca quiso definir muy bien, un cambio que era el medio y el fin simultáneamente, un cambio “cósmico”, religioso prácticamente y que, como en todas las religiones, creaba devotos y hasta fanáticos, llegando a convertir la campaña electoral casi en una guerra de religión en la que todo valía con tal de aplastar al adversario, incluso la mentira descarada.

Los resultados electorales no es que estuvieran cantados; había dudas y un atisbo de esperanza. Ciertamente existía la posibilidad de una sorpresa, pero ésta era bastante remota y al final no se produjo. Los votantes demócratas acudieron en masa a votar, pero muchos republicanos no lo hicieron, decepcionados con la tibieza del mensaje de McCain. En consecuencia, no fue una larga y reñida noche electoral porque los resultados tardaron poco en ser lo bastante relevantes como para darse prácticamente por definitivos: los demócratas ganaban y los republicanos perdían.

resultados

Los estados en azul representan estados ganados por el candidato demócrata. Los estados en rojo son los ganados por el republicano. Los números indican la cantidad de votos electorales asignados al ganador (recordemos que el ganador en cada estado se lleva todos los votos correspondientes a ese estado, con la excepción de Nebraska, donde se reparten proporcionalmente con un resultado de 4 a 1 a favor de los republicanos.

En cifras, el candidato demócrata se hizo con 69.456.897 votos, el 52,92% del censo electoral, mientras que el republicano se hizo con 59.934.814 votos, el 45,66%. No fue una derrota estrepitosa, en absoluto. E incluso teniendo en cuenta el apoyo masivo de los medios de (des)información al candidato demócrata, con juego sucio incluido, además de la abrumadora superioridad económica de que disfrutaron los demócratas y el lógico hartazgo después de ocho años de presidencia republicana (¿o medio demócrata?), uno se esperaba una auténtica catástrofe, pero no fue así. Curioso, ¿verdad? Visto en votos electorales, sin embargo, el resultado es más llamativo: los demócratas obtuvieron la victoria en 28 estados (además del distrito de Columbia y ese voto obtenido en Nebraska), mientras que los republicanos se hicieron con los 22 restantes. Esto supuso una mayoría de 365 votos electorales contra 173.

Como ya decíamos, los resultados se dieron por prácticamente definitivos hacia las 23.00 h EST (Eastern Standard Time, hora de la Costa Este) y unos veinte minutos después, John McCain hacía su aparición ante sus seguidores en el Biltmore Hotel de Phoenix (Arizona) para pronunciar su concession speech (discurso de concesión) y reconocer así su derrota. Junto a él, como no podía ser menos, estaba Sarah.

derrota

McCain reconociendo su derrota y Sarah a su lado. Con posterioridad, McCain ha tenido algún detalle feo hacia ella, como si se avergonzara de haber sido su compañero de ticket, mientras que Sarah jamás ha dicho una sola mala palabra sobre él. A eso se le llama lealtad.

Fue un buen discurso y muy digno de una persona como McCain quien, a pesar de todas las diferencias de opinión que podamos tener con él, de ninguna manera negamos su honradez y su decencia. Es cierto que hubiera sido un gran presidente, sin duda, pero no en 2008. Su tiempo había pasado ya y es una lástima que Estados Unidos haya desaprovechado a un hombre como él. Pero si por algo será recordado McCain será sin duda por haber descubierto a Sarah Palin y haberla dado a conocer a todo el país convirtiéndola así en alguien a tener en cuenta en el futuro, un extremo éste que él mismo reconoció de manera implícita en las palabras de su discurso dirigidas a ella:

“I am also — I am also, of course, very thankful to Governor Sarah Palin, one of the best campaigners I’ve ever seen … one of the best campaigners I have ever seen, and an impressive new voice in our party for reform and the principles that have always been our greatest strength … her husband Todd and their five beautiful children … for their tireless dedication to our cause, and the courage and grace they showed in the rough and tumble of a presidential campaign. We can all look forward with great interest to her future service to Alaska, the Republican Party and our country”.

(Estoy también – estoy también, por descontado, muy agradecido a la gobernadora Sarah Palin, una de las mejores candidatas que he visto nunca – una de las mejores candidatas que he visto nunca y una impresionante voz nueva en nuestro partido a favor de la reforma y de los principios que han sido siempre nuestra mayor fortaleza – su esposo Todd y sus cinco hermosos hijos – por su incansable dedicación a nuestra causa y el coraje y la elegancia que han demostrado en la aspereza y rudeza de una campaña presidencial. Todos esperamos con gran interés su futuro servicio a Alaska, al Partido Republicano y a nuestro país).

Emotivas palabras que revelan la verdadera opinión de McCain sobre Sarah, reconociendo su inteligencia y su valía como política y comprendiendo que el futuro de su partido pasa por ella, siempre y cuando ese partido se deje de tonterías “centristas” y se ciña a sus principios tradicionales que son los que lo hacen fuerte… y ganador (¡maldita sea, John, ya te podrías haber dado cuenta antes  de ello y no haberte pasado toda la campaña jugando al soy-republicano-pero-poco). De hecho, hace poco que el propio McCain reconoció en una entrevista en la NBC que la mayoría de los votos que obtuvo su candidatura iban dirigidos en realidad a Sarah, no a él, ya que fue ella en realidad quien movilizó realmente a la hasta entonces decepcionada base conservadora.

vuelta

Sarah y Todd de vuelta a casa, en Alaska, después de la noche electoral. Ella sonriente como siempre y él pensando, probablemente, en dar de baja su suscripción a más de un periodicucho de esos que no han hecho otra cosa que mentir sobre ellos y su familia.

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