EL TICKET McCAIN – PALIN: LA CAMPAÑA ELECTORAL (cuarta parte)


 

El debate vicepresidencial

Sarah había concedido hasta ese momento tres entrevistas televisadas nada más, siguiendo las instrucciones de los estrategas de campaña de McCain quienes no sólo dudaban de ella y de su capacidad para atraerse a los votantes, sino que además temían que fuera a asustar con sus opiniones conservadoras a los considerados “independientes” (es decir, los que no están registrados como votantes de ningún partido en particular), ya que todos sus esfuerzos estaban volcados a ganarse la simpatía de estos últimos en la confianza de que ellos iban a decidir el resultado final. En consecuencia, Sarah tenía muy poco margen de error en el caso de que hiciera una mala entrevista, ya que iba a ser muy difícil que pudiera compensarla con unas buenas actuaciones en otras. Y eso es precisamente lo que había pasado: de las tres entrevistas, la primera le había salido regular; la segunda, bien; y la tercera, desgraciadamente porque al ser la última era la que todo el mundo recordaba mejor, había sido un fracaso y la había puesto a los pies de los caballos. Sin embargo, no es Sarah una mujer que se deje amilanar fácilmente y ni por un momento se le ocurrió tirar la toalla, tal y como pretendían algunos bobos republicanos (que también los hay y son casi peores que sus homólogos demócratas).

El siguiente desafío para ella era el debate que iba a mantener en la Washington University de Sant Louis (Missouri) el 2 de octubre de 2008. Era el tradicional debate entre los dos candidatos a vicepresidente y el adversario de Sarah era el veterano senador demócrata por Delaware, Joe Biden.

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El augusto senador Joe Biden, una estampa verdaderamente ciceroniana. Lástima que no sea más que fachada.

Los buitres de los medios de (des)información llevaban días revoloteando excitados sobre el debate, que se esperaba que fuera la puntilla a una Sarah seriamente tocada desde el día de la entrevista con Katie Couric. Para abrir boca, todos insistían en recordar la enorme experiencia atesorada por Biden después de 35 años seguidos en el Senado (Biden tenía entonces 65 años y entró en el Senado con la edad mínima establecida para ser senador: 30 años). Así mismo, hacían hincapié en el hecho de que Biden había presidido dos de los comités más poderosos del Senado: el Judicial y el de Relaciones Exteriores, éste último en clara advertencia a una Sarah a quien todos se empeñaban en descartar precisamente por lo poco cualificada que estaba, en su opinión, en cuestiones de política exterior. Y ciertamente esta falta de preparación sería un lastre para ella si no fuera porque el vicepresidente maldita la responsabilidad que tiene en ese aspecto. De hecho, puestos a exhibir las desnudeces en cuestión de experiencia de los cuatro candidatos en liza, los dos candidatos a presidente de los Estados Unidos y los dos candidatos a vicepresidente, Sarah es ciertamente la segunda más inexperta, pero es que el primero por su inexperiencia es… el actual presidente de los Estados Unidos. Por otra parte, en lo que a responsabilidades reales se refiere, Sarah, como gobernadora en activo de un estado de la Unión, el de Alaska, era la única que sabía lo que significa bregar con un presupuesto, tomar decisiones que se traducirán inmediatamente en beneficios o perjuicios para sus conciudadanos y tener que luchar diariamente para obtener el apoyo del aparato legislativo de su estado para llevar adelante sus planes. O sea que menos lobos, Caperucita. De hecho, en muchas ocasiones daba la impresión de que era Sarah la rival directa del candidato demócrata a la presidencia y no John McCain. Tal vez porque John McCain sí que es un hacha en cuestiones de política exterior, al contrario que su rival demócrata, y fue por eso principalmente que éste escogió al senador Biden, gato viejo en estas lides también, como su compañero de ticket: para compensar sus propias deficiencias.

Sin embargo, Joe Biden, con todos sus años de servicio en el Senado, sus canas, su facilidad de palabra y su sonora presidencia del Comité de Relaciones Exteriores es más conocido por cualquiera que se haya dedicado a algo más que a mirar las fotos del álbum senatorial por ser un magnífico bocazas, de impecable presencia, eso sí, pero un bocazas al fin y al cabo.

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Una imagen del debate entre Sarah y Joe Biden. El bocazas es el de la izquierda. Cuidado con él: tiene la boca abierta.

Entre los puntos fuertes que atesora Biden se puede destacar su locuacidad que, de acuerdo con la opinión de algún comentarista político, le lleva con demasiada frecuencia a decir cosas fuera de lugar, algunas simplemente tontas y otras hasta ofensivas. Así, por ejemplo, en una reciente entrevista realizada con Katie Couric poco antes que la de Sarah, Biden soltó esta perla:

“When the stock market crashed [in 1929], Franklin Roosevelt got on television…”

(Cuando la Bolsa se hundió [en 1929], Franklin Roosevelt apareció en televisión…)

Franklin D. Roosevelt (1882-1945) no fue presidente de Estados Unidos hasta 1932 y la televisión ni siquiera existía en 1929; es más, el cine sonoro acaba de inventarse hacía dos años nada más, en 1927). ¿Cuál fue la reacción de Couric ante esta soberbia sandez? ¿Se echó a reír como una loca? ¿Le dio un soponcio? ¿Fulminó a Biden con la mirada? ¡Qué va! No dijo ni mu. Pasó corriendo a otra pregunta y los medios pro-demócratas, en un ejemplo de ese doble rasero que llevan tanto tiempo aplicando, trataron de ocultar el incidente lo mejor posible. ¡Caramba, qué objetividad! ¿Se imaginan lo que hubiera pasado si semejante burrada la hubiera dicho Sarah? La que se hubiera armado. Y de hecho ya pasó algo similar cuando Sarah comentó durante su entrevista con Charlie “Melón” Gibson que desde una isla de Alaska es posible ver Rusia, lo cual es perfectamente cierto ya que se refería a las dos islas Diomede, una de las cuales se llama Little Diomede y es territorio estadounidense, mientras que la otra, Big Diomede, a menos de cinco kilómetros de distancia de la anterior, pertenece a Rusia. Y es perfectamente posible ver la isla Big Diomede desde Little Diomede, lo que implica que lo sea también ver Rusia desde Alaska. Pues este comentario tan cierto fue convertido por la burlona Tina Fey, la imitadora “oficial” de Sarah en el Saturday Nigth Live en que Sarah podía ver Rusia desde su casa. ¡Y la gente acabó creyéndose que lo había dicho realmente!

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Katie “Terroncito de azúcar” Couric derritiéndose ante la madura y gallarda personalidad de Joe Biden, el bobo más lucido que jamás haya pisado el Senado de Estados Unidos. ¡Señor, Señor! Perdónalos porque no saben lo que hacen…

Volviendo a la cuestión del debate y para no tener por más tiempo a nuestros lectores con el alma en vilo, digamos que Sarah llegó, vio a Biden, con su primera frase lo desarmó, con la segunda lo derribó y con las restantes se lo merendó. ¡Por fin Sarah “Barracuda”! ¡Se acabó Sarah “Mimosín”! Por lo que parece, después del desastre de la entrevista con Couric y seguramente tras haber oído los gritos de Sarah llamándolos de todo menos bonito, los estrategas de campaña de McCain decidieron conceder permiso a Sarah para que preparara el debate a su gusto, lo que ella aprovechó adecuadamente, demostrando que cuando se le permite ser ella misma, su empatía con los espectadores es inmediata y los resultados saltan a la vista.

 

Quien quiera ver el debate completo, puede hacerlo siguiendo la transcripción en inglés aquí y hasta una traducción al español bastante buena existente aquí. Al tratarse de un debate de hora y media de duración hemos optado por no ofrecer nuestra propia traducción para no sobrecargar en exceso esta entrada. Simplemente señalar que el debate fue moderado por Gwen Ifill, una periodista con un claro tufo demócrata ya que, un día antes de su celebración, saltó a la prensa el hecho de que acababa de escribir un libro titulado The Breakthrough: Politics and race in the Age of Obama (El paso adelante: Política y raza en la Era de Obama) que estaba previsto que saliera a la venta justo el 20 de enero de 2009, el día de la toma de posesión del nuevo presidente. Ifill no había mencionado este detalle a la comisión que la seleccionó para moderar el debate y estaba claro que no iba a ser lo mismo que el libro saliera a la venta con McCain en la Casa Blanca que con su rival demócrata en ella, lo cual despertó sospechas acerca de su neutralidad. De cualquier forma, bastó con que se supiera lo de su libro para que Ifill se controlara y prácticamente todo el mundo quedó conforme con su labor.

El debate marcó un hito en la historia al ser el debate vicepresidencial más visto desde que existen esta clase de confrontaciones, con más de 70 millones de espectadores y un share del 45% (o sea, que casi uno de cada dos espectadores que veían la televisión a esa hora estaban pendientes del debate), y el segundo teniendo en cuenta los debates presidenciales también, sólo superado por el que tuvo lugar en 1980 entre el entonces gobernador de California Ronald Reagan y el presidente Jimmy Carter, que llegó a la cifra de 81 millones de espectadores.

Las reglas del juego eran muy sencillas: el debate duraría 90 minutos en total y estaría dividido en segmentos de 5 minutos aproximadamente, donde cada candidato tendría un minuto y medio para responder una pregunta directa y después se otorgarían dos minutos más para que discutieran entre ellos. El orden de intervención se había determinado al azar y había salido favorecido el candidato demócrata, Joe Biden, que abriría el debate. Se trataba de una copia del formato del primer debate presidencial que había tenido lugar poco tiempo antes, el 26 de septiembre pasado, con la diferencia de que en este caso los temas a tratar serían mucho más amplios y el tiempo de intervención de cada candidato sería menor.

La merienda pues comenzó inmediatamente, aún antes de la primera pregunta, cuando Sarah saludó alegremente a Biden:

PALIN: Nice to meet you.
BIDEN: It’s a pleasure.
PALIN: Hey, can I call you Joe?
BIDEN: (OFF-MIKE).
PALIN: Thank you. Thank you, Gwen. Thank you. Thank you.

(PALIN: Mucho gusto.
BIDEN: Es un placer.
PALIN: Oye, ¿puedo llamarte Joe?
BIDEN: (INAUDIBLE).
PALIN: Gracias. Gracias, Gwen. Gracias, gracias).

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Sarah robándole la cartera a Biden a las primeras de cambio. Miren la cara que pone el susodicho. Cuando terminó el debate, Biden ya había echado de menos el reloj, el anillo, la aguja de la corbata, el móvil y hasta la reputación.

La respuesta de Biden fue inaudible, ciertamente, pero fuera cual fuera ésta, el primer punto lo ganó Sarah. A partir de entonces, Biden fue automáticamente visto por todos como “ese hombre mayor que discute con la simpática Sarah”. Demoledor, ¿no? ¡Y aún no había comenzado el debate en sí!

Ya metidos en harina, la simpatía natural de Sarah hizo el resto. Sarah es una mujer afable por naturaleza y eso se nota en su manera de mirar a la cámara, siempre sonriente, lo que le permite sintonizar inmediatamente con los espectadores. Durante todo el debate se expresó con gran soltura y seguridad, centrada en lo que quería decir y diciéndolo, haciendo que sus intervenciones fueran las más animadas de la velada y provocando que su rival pareciera acartonado, excesivamente pagado de su imagen de experimentado senador. Eso no quiere decir que sus intervenciones no fueran serias; todo lo contrario: Sarah corrigió en varias ocasiones a Biden, atacó con dureza al candidato presidencial rival y soltó hechos, cifras y nombres con facilidad y sin cometer ningún error significativo (es cierto que confundió el nombre del comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, llamándolo McClellan en lugar de McKiernan, pero es que su rival ni siquiera se atrevió a nombrarlo, refiriéndose a él como “nuestro comandante en jefe en Afganistán”). A diferencia de lo que pasó en la entrevista con Couric, ésta vez Sarah sí que supo esquivar aquellas preguntas que no quería responder, evitando que la condujeran a senderos que no deseaba transitar. Biden lo pasó mal y según avanzaba el debate y Sarah se mostraba cada vez más segura de sí misma y más dura también en sus frases, se le vio incluso pasarse el dedo por el cuello de la camisa. ¡Si es que Sarah llegó incluso al atrevimiento de guiñar un ojo a los espectadores mientras explicaba que iba a intentar conseguir que McCain cambiase de opinión acerca de lo de extraer petróleo en el ANWR (Arctic National Wildlife Refuge).

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¿Qué? ¿Sarah me guiña un ojo? ¿A mí? ¡Oh, cielos! ¡Qué mujer más encantadora!

En definitiva, Sarah demostró confianza y lo supo hacer alegremente. Una combinación irresistible para cualquiera, la que mostró precisamente al inicio de la campaña, durante su discurso de aceptación en la Convención Republicana, cuando todos descubrimos a una mujer sencilla, agradable y lista como un demonio que nos hizo creer que la política podía ser diferente y por una vez estar al servicio de las personas y no exclusivamente al servicio de los políticos. O sea, la verdadera Sarah Palin. Y es que tal y como ella mismo dijo en un momento del debate, casi en una declaración de principios:

“And I may not answer the questions the way that either the moderator or you want to hear, but I’m going to talk straight to the American people and let them know my track record also”.

(Y puede que no conteste a las preguntas de la manera que usted y la moderadora quieren oír, pero voy a hablar directamente a los estadounidenses y dejarles conocer mi historial también).

Y así fue: Sarah habló durante todo el tiempo para la gente corriente y les habló en su lenguaje, de quién era ella y lo que había hecho. Habló para los Joe Six-Pack y las hockey moms de todo Estados Unidos y les convenció de que ella no era en absoluto lo que los medios de (des)información habían pretendido hacerles creer. Y le creyeron. Sobre todo cuando dijo:

“Oh, yeah, it’s so obvious I’m a Washington outsider. And someone just not used to the way you guys operate. Because here you voted for the war and now you oppose the war. You’re one who says, as so many politicians do, I was for it before I was against it or vice versa. Americans are craving that straight talk and just want to know, hey, if you voted for it, tell us why you voted for it and it was a war resolution. And you had supported John McCain’s military strategies pretty adamantly until this race and you had opposed very adamantly Barack Obama’s military strategy, including cutting off funding for the troops that attempt all through the primary. And I watched those debates, so I remember what those were all about”.

(Oh, sí. Es tan obvio que soy alguien ajena a Washington. Y alguien que simplemente no está acostumbrada a la manera como ustedes, muchachos, actúan. Porque usted votó a favor de la guerra y ahora está contra la guerra. Usted es uno de los que dice, como muchos políticos, que la apoyaba antes de oponerme o viceversa. El pueblo estadounidense ansía palabras claras y solo quieren saber, eh, si usted votó a favor, díganos por qué lo hizo y si fue una decisión de guerra. Usted había apoyado firmemente las estrategias militares de John McCain hasta esta carrera presidencial y también se había opuesto radicalmente a la estrategia militar de Barack Obama, incluyendo el recorte de fondos a las tropas que intentaron durante todas las primarias. Y yo vi todos esos debates, así que recuerdo de qué se trataban).

En definitiva, este debate, junto con su discurso de aceptación de la candidatura republicana, son los dos momentos estelares de Sarah en su esfuerzo por llegar a ser algún día una opción firme sobre la que sus compatriotas puedan depositar su confianza. Muchos tenían la confianza de que, por el contrario, sirviera de puntilla para ella y que sellara su fracaso definitivamente, lo que no pasó. Al contrario, todo el mundo quedó sorprendido de su habilidad y conocimientos, y su rival quedó reducido al más absoluto de los silencios en todas las crónicas posteriores. Olvídense de las encuestas (trucadas la mayoría de ellas ya que incorporan un elevado porcentaje de encuestados que se declaran votantes demócratas, más elevado que en la realidad) realizadas inmediatamente después del debate. Sarah fue la ganadora y no hay más que discutir. Y si no nos creen, véanlo de nuevo y ahora sí, libres por fin de toda presión, respóndanse a esta sencilla pregunta una vez que haya terminado: ¿Quién me ofrece más confianza de los dos? Si su respuesta no es Sarah, lo suyo es realmente grave y lo mejor que puede hacer es coger el primer avión y emigrar de una vez a Estados Unidos. El actual presidente necesita de muchos tontos como usted. Estará encantado de ponerle en nómina. Y usted habrá satisfecho su vocación: tonto útil.

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Sarah rezando poco antes de dar inicio el debate. Según contó ella misma recientemente, le pidió a su hija pequeña, Piper, que rezara con ella y ésta le preguntó que por qué tenía que rezar. Sarah le respondió que quería la ayuda de Dios para encontrar las palabras justas para ganar el debate a lo que Piper contestó: “¡Pero, mamá, eso es hacer trampa!”. Dios bendiga a la niña más adorable de Estados Unidos. Y a su madre también.

Una respuesta a EL TICKET McCAIN – PALIN: LA CAMPAÑA ELECTORAL (cuarta parte)

  1. Alarma: aparece un nuevo bloguista en español que no ataca a la Gobernadora Sarah Palin…

    Sí, amigos. Conservador en Alaska (Contando la verdad sobre Sarah Palin a quien quiera escucharla) es un nuevo blog, a cargo de Moosecon, un tipo con un extraño parecido a una de las criaturas del estado de la Gobernadora.

    Es un magnífico blog que est…

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