LA VERDADERA SARAH PALIN (cuarta parte)


 

Sarah, candidata a la vicepresidencia de los Estados Unidos

El 29 de agosto de 2008 en Dayton (Ohio), el entonces ya seguro candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos una vez concluido todo el farragoso proceso de primarias, John McCain, anunció que había escogido a Sarah Palin, la en aquellos momentos gobernadora de Alaska, como su compañera de ticket, provocando un verdadero terremoto en todo el país. Según las primeras noticias, McCain había conocido personalmente a Sarah en la reunión de febrero pasado de la National Governors Association (Asociación Nacional de Gobernadores), que tuvo lugar en Washington. Allí pudo hablar con ella y quedó gratamente impresionado (cosa que no nos creemos ni hartos de vino; imposible que no supiera nada de ella antes y que su conversación no haya sido preparada previamente por su equipo con vistas a tantear el terreno). Más tarde, el 24 de agosto, McCain, decidido finalmente, se puso en contacto con Sarah y le ofreció la posibilidad de ser su compañera de candidatura, siempre y cuando pasara el procedimiento de selección a que le iban a someter los miembros de su equipo. La respuesta de Sarah fue positiva y tres días más tarde, el 27 de ese mismo mes, se reunió con McCain en el rancho de éste en Arizona donde pasó con buena nota el dichoso procedimiento de selección, siéndole ofrecido el puesto que ella aceptó a la espera de hacerlo formalmente en la convención republicana a celebrar en Minnesota pocos días después.

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Sarah en la convención republicana, poco antes de darse a conocer al mundo entero.

Ciertamente había más candidatos en perspectiva, tales como el entonces gobernador de Minnesota Tim Pawlenty; el antiguo gobernador de Massachussetts y curiosamente anterior rival de McCain por la nominación republicana de ese mismo año, Mitt Romney; el antiguo gobernador de Pennsylvania Tom Ridge y el que parecía favorito para todos, el senador de Connecticut (ahora independiente, aunque anteriormente había sido demócrata convicto y confeso) Joe Lieberman, amigo personal de McCain y tal vez la única persona viva que le soportaba el mal genio sin sentir deseos de darle un puñetazo. Sin embargo, Sarah fue la única candidata que llegó a entrevistarse personalmente con McCain, sorprendiendo a prácticamente todos los comentaristas políticos que, francamente, no se lo esperaban a pesar de que ya hacía tiempo que era una de las grandes favoritas para la comunidad republicana en Internet, sólo por detrás de Mitt Romney y con más del doble de ventaja sobre el tercero (pero ya sabemos que para los mandamases del partido una cosa son sus opiniones y otra muy distinta las opiniones de su base social, que suelen rechazar desdeñosamente, lo que pasa en todos los partidos políticos del mundo).

Sarah se convirtió así en la segunda mujer en la historia de Estados Unidos en optar a la vicepresidencia de Estados Unidos (la primera fue la demócrata Geraldine Ferraro en 1984, junto con Walter Mondale, quienes perdieron las elecciones frente a Ronald Reagan y su entonces vicepresidente, George H. Bush, luego Bush 41). El 3 de septiembre de 2008, durante la Convención Republicana de Saint Paul (Minnesota), Sarah hizo su estreno ante la nación con un acceptance speech (discurso de aceptación) de su nominación como vicepresidenta que supuso un verdadero bombazo, mostrando a una Sarah excepcionalmente segura y con verdadera madera de líder, y que puso al otro bando a temblar de miedo. Por su importancia como el preciso momento en que Estados Unidos (y el resto del mundo, que yo también lo vi por Internet) descubrió a Sarah, incluimos el video, seguido de la transcripción del discurso traducida al español (la versión original del discurso está a disposición de quien la quiera aquí), para que nadie pueda perderse sus palabras y compruebe por sí mismo si se trata o no de una gran mujer.

Por cierto, un detalle curioso: durante su discurso, una de las dos pantallas que están puestas al lado del estrado y que reproducen el texto para que el orador pueda leerlo se estropeó, imposibilitando a Sarah el utilizarla. Intenten apreciar durante su intervención si se le nota el contratiempo. ¿No ven nada extraño? Ciertamente, ya le dijo ella al bajar del estrado a su compañero de partido Fred Thompson que no le había causado la menor molestia. Por mi parte, yo pienso que fue un sabotaje por parte de algún demócrata emboscado, pero afortunadamente no le salió bien porque Sarah es mucha Sarah. Disfruten del discurso; son tres cuartos de hora de espléndida oratoria.

DISCURSO DE ACEPTACIÓN DE SARAH PALIN

Muchas gracias, señor Presidente, delegados y compatriotas: Me siento honrada de aceptar su nominación a la vicepresidencia de Estados Unidos.

Gracias. Acepto el envite de ayudar a nuestro candidato a la presidencia a servir y defender a Estados Unidos. Y acepto el desafío de una dura lucha en estas elecciones contra oponentes confiados en una hora crucial para nuestro país. Y acepto el privilegio de servir con un hombre que ha sobrevivido a misiones mucho más difíciles y ha afrontado desafíos mucho más graves y que sabe cómo se ganan las luchas difíciles: el próximo presidente de Estados Unidos, John S. McCain.

Fue hace apenas un año cuando todos los expertos de Washington descartaron a nuestro candidato porque se negaba a moderar su compromiso con la seguridad del país que ama. Con su suficiencia habitual, nos dijeron que todo estaba perdido; que no había esperanza para este candidato que decía preferir perder unas elecciones antes que ver a su país perder una guerra.

Pero los encuestadores, los encuestadores y los expertos, pasaron por alto simplemente una cosa cuando lo borraron de la lista. No tuvieron en cuenta la calidad del hombre; la determinación, la resolución y las agallas del senador John McCain. Los votantes le conocían mejor. Y tal vez sea porque ellos comprenden que hay un tiempo para la política y un tiempo para el liderazgo, un tiempo para hacer campaña y un tiempo para poner a nuestro país en primer lugar.
 
Nuestro candidato a la presidencia es un verdadero ejemplo de valor y gente así es difícil de encontrar. Es un hombre que vistió el uniforme de este país durante 22 años y que se negó a perder la fe en esas tropas en Irak que ahora tienen la victoria al alcance de la mano. Y como madre de uno de esos soldados, ése es exactamente la clase de hombre que quiero como comandante en jefe. Yo soy sólo una de las muchas mamás que rezarán cada noche una oración más por nuestros hijos e hijas que van camino del peligro.

Nuestro hijo, Track, tiene 19 años. Y dentro de una semana y un día, el 11 de septiembre, será destacado en Irak con la infantería del ejército al servicio de su país. Mi sobrino, Kasey, también se ha alistado y sirve en un portaaviones en el Golfo Pérsico. Mi familia se enorgullece de ambos y de todos los buenos hombres y mujeres que sirven al país de uniforme.

Track es el mayor de nuestros cinco hijos. En nuestra familia hay dos chicos y tres chicas en medio: mis fuertes y bondadosas Bristol, Willow y Piper. Y en abril fuimos tan bendecidos; Todd y yo dimos la bienvenida al mundo al más pequeño, un bebé maravilloso que se llama Trig. Ya sabéis: desde dentro, jamás una familia parece típica. Eso mismo pasa con nosotros. Nuestra familia atraviesa los mismos altibajos que cualquier otra, los mismos desafíos y las mismas alegrías.

A veces, hasta las mayores alegrías suponen desafíos. Y los niños con necesidades especiales inspiran un amor muy, muy especial. Para las familias con necesidades especiales, para las familias con niños con necesidades especiales de todo el país, tengo un mensaje: durante años, habéis intentado hacer de Estados Unidos un lugar más acogedor para vuestros hijos e hijas. Me comprometo a que si somos elegidos, tendréis una amiga y una defensora en la Casa Blanca.

Y Todd es una toda una historia por sí mismo. Toda su vida ha sido pescador, y un operario de producción de los yacimientos petrolíferos de North Slope en Alaska, y un orgulloso miembro del Sindicato de Trabajadores Unidos del Acero y un campeón mundial de carreras de motos de nieve. Añadid a eso sus antepasados esquimales yup’ik eskimo y ahí sí que tenéis una buena mezcla. Nos conocimos en el instituto y dos décadas y cinco hijos después sigue siendo el hombre de mi vida.

Mi mamá y mi papá trabajaron ambos en la escuela primaria de nuestro pequeño pueblo. Y entre las muchas cosas que les debo, está esta pequeña lección que he aprendido: que esto es Estados Unidos y que cualquier mujer puede aprovechar todas las oportunidades que se le presenten. Mis padres están aquí esta noche y estoy muy orgullosa de ser la hija de Chuck y Sally Heath.

Hace mucho tiempo, un joven granjero y tendero de Missouri siguió una trayectoria inverosímil hacia la vicepresidencia. Un escritor observó: “Crece buena gente en nuestros pequeños pueblos; gente con honestidad, sinceridad y dignidad”. Y yo conozco exactamente al tipo de gente que ese escritor tenía en mente al elogiar a Harry Truman. Yo crecí con esa gente. Son los que realizan parte del trabajo más duro de América: los que cultivan nuestros alimentos, hacen funcionar nuestras fábricas y luchan en nuestras guerras. Aman a su país, en los buenos y en los malos tiempos, y están siempre orgullosos de Estados Unidos.

Tuve el privilegio de vivir la mayor parte de mi vida en un pequeño pueblo. Yo era la típica hockey mom y me apunté a la Asociación de Padres de Alumnos… Me encantan las hockey moms. ¿Sabéis cuál dicen que es la diferencia entre una hockey mom y un perro de presa? El lápiz de labios… Así pues me apunté a la Asociación de Padres de Alumnos porque quería mejorar la educación pública de mis hijos. Y cuando me presenté a concejal, no necesité grupos de opinión ni perfiles de votantes porque conocía a esos votantes y a sus familias también. Antes de llegar a ser gobernadora del gran estado de Alaska, fui alcaldesa de mi pueblo.

Y puesto que nuestros oponentes en esta elección presidencial parecen menospreciar esa experiencia, dejadme que os explique lo que implica ese trabajo. Imagino que es como una especie de “organizador comunitario”, salvo por el hecho de que tienes responsabilidades reales. Podría agregar que en los pueblos pequeños no sabemos muy bien qué pensar de un candidato que prodiga elogios a la gente trabajadora cuando están escuchando y luego habla de cuán amargamente se aferran a su religión y a sus armas cuando esas mismas personas no están escuchando.

No. Tendemos a preferir candidatos que no hablen de nosotros de una manera en Scranton y de otra en San Francisco. Y por lo que respecta a mi compañero de candidatura, podéis estar seguros de que dondequiera que vaya y quienquiera que esté escuchando, John McCain es siempre el mismo hombre. Bien, yo no pertenezco al establishment. Y he aprendido rápidamente, en estos pocos días pasados, que si uno no es un miembro bien considerado de la elite de Washington, entonces hay quienes en los medios de comunicación le consideran un candidato descalificado por esa sola razón.

Pues ahí va una pequeña noticia de última hora para todos esos periodistas y comentaristas: no voy a Washington en busca de su buena opinión; voy a Washington a servir a la gente de este gran país. Los estadunidenses esperan que vayamos a Washington por los motivos correctos y no sólo para codearnos con la gente correcta. La política no es sólo un mero juego de partidos enfrentados e intereses opuestos. El motivo correcto es desafiar el statu quo, servir al bien común y dejar esta nación en mejor situación de la que la encontramos.

Nadie espera que coincidamos en todo. Pero sí se espera que gobernemos con integridad, buena voluntad, convicciones claras y un corazón servicial. Y me comprometo ante todos los estadounidenses que me guiaré por este espíritu como vicepresidenta de Estados Unidos. Este es el espíritu que me llevó al cargo de gobernadora, cuando me enfrenté al viejo estilo de hacer política en Juneau, cuando me enfrenté a los intereses especiales, los grupos de presión, las grandes petroleras y la red de “los chicos” de siempre.

Comprendí que las reformas súbitas e implacables nunca hacen una buena combinación con los intereses enquistados y los agentes del poder. Por eso es tan difícil lograr una verdadera reforma. Pero con el apoyo de los ciudadanos de Alaska, le dimos la vuelta a todo. Y en poco tiempo volvimos a situar el gobierno de nuestro estado del lado de la gente. Asumí el cargo prometiendo una importante reforma ética para poner fin a la cultura del propio beneficio. Hoy, esa reforma ética es ley. Mientras tanto, me deshice de varias cosas del cargo de gobernador que no consideraba que nuestros ciudadanos debieran pagar por ellas.

Ese jet de lujo era desmesurado. Lo puse en eBay. Me encantar conducir yo misma al trabajo. Y pensé que nos podíamos arreglar sin la chef personal del gobernador, si bien tengo que admitir que seguro que a veces mis hijos la echan de menos. Asumí el cargo prometiendo controlar el gasto: pidiéndoselo a la cámara, si era posible; mediante el veto, de ser necesario. El senador McCain también promete usar la facultad del veto en defensa del interés público y como responsable ejecutiva, les aseguro que funciona.

El presupuesto de nuestro estado está bajo control; tenemos superávit. Y he protegido a los contribuyentes al vetar gastos innecesarios: casi quinientos millones de dólares en vetos. He suspendido el impuesto estatal sobre el combustible y abanderé la reforma para poner fin a los abusos en los gastos para proyectos especiales del Congreso. Le dije al Congreso: “Gracias, pero no, gracias”, por ese “Puente a Ningún Sitio”. Si nuestro estado quiere un puente, lo construiremos nosotros mismos. Cuando los precios del petróleo y del gas subieron drásticamente y llenaron la Hacienda estatal, devolví una gran parte de esos ingresos a donde pertenecían: directamente a la gente de Alaska.

Y a pesar de la oposición feroz de los grupos de presión de las petrolíferas, a las que les gustaban las cosas tal y como estaban, rompimos su monopolio sobre la energía y los recursos naturales. Como gobernadora, insistí en la competencia y en la imparcialidad para poner fin a su control de nuestro estado y devolvérselo a la gente. Luché para desarrollar el mayor proyecto privado de infraestructuras en la historia de Estados Unidos. Y cuando se llegó a un acuerdo, empezamos un gasoducto de casi cuarenta mil millones de dólares para ayudar a llevar a Estados Unidos hacia la independencia energética. Ese gasoducto, cuando se haya instalado la última sección y se hayan abierto las válvulas, conducirá a Estados Unidos un paso más lejos de la dependencia de peligrosas potencias extranjeras a las que no les importan nuestros intereses.

Las apuestas por nuestra nación no podrían ser más altas. Cuando un huracán azota el Golfo de México, este país no debería ser tan dependiente del petróleo importado como para que nos veamos obligados a extraer de nuestra Reserva Estratégica de Petróleo. Y las familias no pueden tirar más y más de sus nóminas para pagar la gasolina y el combustible para la calefacción. Con Rusia queriendo controlar un gasoducto vital en el Cáucaso y dividendo e intimidando a nuestros aliados europeos mediante el uso de la energía como arma, no nos podemos quedar a merced de proveedores extranjeros. Para enfrentarnos a la amenaza de que Irán pueda intentar cortar casi un quinto de los suministros de energía del mundo, o que terroristas puedan atacar de nuevo las instalaciones de Abqaiq en Arabia Saudita, o que Venezuela pueda cancelar sus entregas de petróleo… Estadounidenses: necesitamos producir más petróleo y gas propios. Y creed a una chica que conoce North Slope en Alaska: tenemos montones de ambos.

Nuestros oponentes dicen, una y otra vez, que perforar no va a resolver los problemas energéticos de Estados Unidos, como si nosotros no supiéramos eso ya. Pero el hecho de que perforar no solucione todos los problemas no es excusa para no hacer nada en absoluto. A partir de enero, en una administración McCain-Palin, vamos a tender más gasoductos, construir más plantas nucleares, generar empleos con carbón limpio y avanzar en energía solar, eólica, geotérmica y otras fuentes alternativas.

Necesitamos fuentes de energía estadunidenses, necesitamos energía estadounidense traída para vosotros por el ingenio americano y producida por trabajadores estadunidenses. Y ahora, he notado un patrón en nuestro oponente y tal vez vosotros también lo hayáis hecho. Todos hemos oído sus dramáticos discursos ante sus devotos seguidores. Y hay mucho que apreciar y admirar en nuestro oponente. Pero escuchándole hablar es fácil olvidarse de que es un hombre que ha escrito dos libros de memorias, pero ni una sola ley o reforma importante, ni siquiera en el Senado estatal. Éste es un hombre que puede pronunciar un discurso entero acerca de las guerras que América está librando y no usar nunca la palabra “victoria”, salvo cuando habla de su propia campaña. Pero cuando la nube de retórica ha pasado, cuando se diluye el clamor de la multitud, cuando se apagan las luces del estadio y todas esas columnas griegas de plástico son devueltas al almacén de algún estudio. Cuando pasa todo eso, ¿cuál es exactamente el plan de nuestro oponente? ¿Qué intentar realmente conseguir una vez que haya hecho retroceder las aguas y curado el planeta? La respuesta es hacer más grande el gobierno, llevarse más de nuestro dinero, dar más órdenes desde Washington y reducir la fortaleza de Estados Unidos en un mundo peligroso.

América necesita más energía; y nuestro oponente está en contra de producirla. La victoria en Irak está finalmente al alcance de la mano; y él quiere retirarse. Estados terroristas buscan armas nucleares sin descanso; y él quiere reunirse con ellos sin condiciones previas. Los terroristas de Al Qaeda siguen conspirando para infligir daños catastróficos a Estados Unidos; ¿y él está preocupado porque puedan no leerles sus derechos?

El gobierno es demasiado grande; él quiere que crezca. El Congreso gasta demasiado; él promete gastar más. Los impuestos son demasiado altos; él quiere elevarlos. Sus aumentos de impuestos son la letra pequeña de su plan económico y dejadme ser más específica. El candidato demócrata a la presidencia apoya los planes de elevar el impuesto sobre la renta, elevar las retenciones fiscales, elevar el impuesto de sociedades, elevar el impuesto sobre la herencia, elevar el impuesto sobre los negocios y elevar la presión fiscal sobre el pueblo americano en cientos de miles de millones de dólares.

Mi hermana Heather y su marido acaban de construir una estación de servicio que ya está funcionando, como millones de otras personas que tienen un pequeño negocio.  ¿Cómo van a estar mejor si les suben los impuestos? O tal vez usted esté tratando de conservar su empleo en una planta de Michigan u Ohio, o de crear empleos con carbón limpio en Pennsylvania o en Virginia Occidental, o de mantener una pequeña granja familiar aquí mismo en Minnesota. ¿Cómo va a estar mejor si nuestro oponente añade una masiva carga impositiva a la economía estadunidense?

Así es como veo la decisión a la que se enfrentan los americanos en estas elecciones. En política, hay algunos candidatos que usan el cambio para promover sus carreras.  Y luego están aquellos, como John McCain, que usan sus carreras para promover el cambio. Son aquellos cuyos nombres aparecen en las leyes y reformas que marcan hitos, no sólo en chapas y banderas o en sellos presidenciales diseñados por ellos mismos. Entre los políticos, está por una parte el idealismo de los discursos de altos vuelos, en los cuales se convoca emotivamente a las multitudes a apoyar grandes cosas. Y luego está el idealismo de esos líderes, como John McCain, que verdaderamente hacen grandes cosas. Ellos son los que saben hacer algo más que hablar, ellos son con los que siempre se puede contar para que sirvan y defiendan a Estados Unidos.

El historial de verdaderos logros y reformas del senador McCain ayudan a explicar por qué tantos intereses especiales, grupos de presión y cómodos presidentes de comité en el Congreso han luchado contra la perspectiva de una presidencia McCain, desde las primarias de 2000 hasta hoy mismo. Nuestro candidato no se entiende con la manada de Washington. Es un hombre que está ahí para servir a su país y no sólo a su partido. Un líder que no busca pelea, pero que tampoco le tiene miedo.

Harry Reid, el líder de la mayoría del inútil Senado actual, no hace mucho resumió sus sentimientos sobre nuestro candidato. Dijo, y cito:”No soporto a John McCain”. Señoras y señores, tal vez ningún elogio que escuchemos esta semana sea mejor prueba de que hemos elegido al hombre correcto. Claramente lo que insinuaba el líder de la mayoría es que él no puede hacer frente a John McCain. Ésta es solamente otra razón para tomar al inconformista del Senado y ponerlo en la Casa Blanca.

Compatriotas, no se supone que la presidencia estadounidense sea un viaje de “descubrimiento personal”. Este mundo de amenazas y peligros no es sólo una “comunidad” y no necesita solamente un “organizador”. Y aunque tanto el senador Obama como el senador Biden han estado repitiendo últimamente que están siempre, y cito textualmente, “luchando por vosotros”, afrontemos la cuestión de manera directa. Hay sólo un hombre en estas elecciones que haya luchado verdaderamente por ustedes en lugares donde ganar significa sobrevivir y la derrota significa la muerte y ese hombre es John McCain.

Ya sabéis que en nuestros días, los políticos han estado dispuestos a compartir historias de adversidades menores que el mundo de pesadilla en el que este hombre, y otros igualmente valientes, sirvieron y sufrieron por su país. Hay un largo camino desde el miedo y el dolor y la mugre de una celda de tres por dos en Hanoi hasta el Despacho Oval. Pero si el senador McCain es elegido presidente, ese será el viaje que habrá hecho. Es el viaje de un hombre recto y honorable; la clase de hombre cuyo nombre encontraréis en los monumentos a los caídos en los pequeños pueblos de todo este país, sólo que él estuvo entre los que volvieron a casa.

Al cargo más poderoso de la Tierra, él traerá la compasión que nace de haber vivido alguna vez en la impotencia; la sabiduría que nace incluso a los cautivos, por la gracia de Dios; la especial confianza de aquellos que han visto el Mal y han visto cómo se vence al Mal. Un compañero prisionero de guerra, un hombre llamado Tom Moe, de Lancaster, Ohio, recuerda como miraba a través de un diminuto orificio en la puerta de su celda mientras los guardianes se llevaban al subcomandante John McCain por el pasillo día tras día.

Según cuenta la historia, “cuando McCain se arrastraba de vuelta tras los interrogatorios y las torturas, se giraba hacia la puerta de Moe con una sonrisa en los labios y los pulgares hacia arriba”, como diciendo “vamos a salir de ésta”. Compatriotas, éste es el tipo de hombre que América necesita para guiarnos durante los próximos cuatro años.

Durante una temporada, un orador destacado puede inspirar con sus palabras. Durante toda una vida, John McCain ha inspirado ya con sus obras.

Si el carácter es la medida en esta elección y la esperanza, el tema y el cambio, la meta que compartimos, entonces les pido que se unan a nuestra causa. Únanse a nuestra causa y ayuden a América a elegir a un gran hombre como el próximo presidente de Estados Unidos.

Gracias y que Dios bendiga a Estados Unidos. Gracias.

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Los padres de Sarah aplaudiendo entusiasmados la elección de su hija como candidata a la vicepresidencia. No era para menos; ellos la conocen de verdad.

Gracias a ti, Sarah, por habernos devuelto la fe en todo lo que significa Estados Unidos para aquellos que amamos la libertad. Que Dios te bendiga. Por nuestra parte, volveremos a hablar de este discurso en una próxima entrada porque a nuestro entender (y el de otras personas) no fue sólo un discurso, sino que supuso algo más importante: un punto de inflexión en la historia política estadounidense cuyas consecuencias no se han hecho evidentes todavía, pero lo harán.

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