LA VERDADERA SARAH PALIN (tercera parte)


 

Y tras Wasilla, ¿qué?

Una vez concluidos sus dos mandatos como alcaldesa de Wasilla, Sarah se decidió a dar el salto a la política estatal (la de su estado de Alaska, no la nacional). Así, en 2002 se postuló como lieutenant governor (o sea, vicegobernadora) en las primarias de su partido, el Republicano (recordemos que el candidato a este cargo es elegido por cada partido de la misma manera que lo hacen con su candidato a gobernador). Sarah compitió por la nominación junto con otros cuatro candidatos, pero no logró ser la elegida, pues quedó en segundo lugar con el 26,61% de los votos, por detrás del ganador, Loren Leman, que obtuvo el 29,34%. Leman formaría ticket poco después con Frank Murkowski, uno de los dos senadores por Alaska en Washington en aquel entonces (el otro era el también republicano Ted Stevens), y ambos se presentaron a las elecciones a gobernador de ese año, ganándolas. En consecuencia, Murkowski dimitió de su escaño en Washington, pero como quiera que como gobernador de Alaska tenía la potestad de nombrar a su sucesor allí hasta que se convocaran nuevas elecciones a senador, estuvo tentado por un tiempo de nombrar a Sarah, pero al final fue presa del nepotismo más descarado y acabó nombrando a su propia hija, Lisa, quien por aquel entonces ocupaba un puesto de representante en la Cámara de Representantes de Alaska.

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El gran Murkowski, todo un tipo realmente.

De 2003 a 2005, Sarah ocupó un cargo directivo en la “Ted Stevens Excellence in Public Service, Inc.”, un grupo de personas dedicado a proporcionar entrenamiento político a las mujeres del Partido Republicano en Alaska. No debía de ser un puesto muy interesante, pero Murkowski no se olvidó de que Sarah había apoyado disciplinadamente su candidatura a gobernador y en 2003 la nombró además directora de la Alaska Oil and Gas Conservation Comission, haciéndose cargo de la supervisión ética del organismo. Lo que debió de ver Sarah allí para que al año siguiente, en enero de 2004, dimitiera en protesta por lo que ella consideraba “falta de ética” de sus compañeros de comisión.

Pero es que no sólo dimitió, sino que además se dispuso a tirar de la manta. Para empezar, Sarah presentó una queja formal ante el gobernador Murkowski y el fiscal general del Estado, Gregg Renkes, contra uno de los comisionados, Randy Ruedrich, quien además era por aquel entonces dirigente del Partido Republicano en Alaska, acusándole de trabajar en asuntos propios de su cargo como dirigente del partido durante el horario de trabajo de su cargo como comisionado, así como de compadreo con una empresa a la que supuestamente debía controlar. Como resultado de la investigación, unos meses más tarde Ruedrich tuvo que reconocerse culpable de haber violado las leyes sobre ética del Estado y pagar una multa de 12.000 dólares. Sin embargo, Ruedrich no tuvo problemas posteriormente para ser confirmado en su puesto de dirigente del Partido Republicano en Alaska (¿qué sería de uno sin el cariño de sus amigos?), lo que sin duda debió de compensarle bastante por todos sus sinsabores.

Nada de eso arredró a Sarah, quien al año siguiente, en 2005, se unió a Eric Croft, un legislador demócrata, para presentar otra queja formal ahora contra Gregg Renkes, el fiscal general de Alaska, acusándole de haber tenido un conflicto de intereses mientras estuvo negociando un acuerdo comercial de exportación de carbón. Renkes era un antiguo amigo del gobernador Murkowski, a quien llevaba además su campaña electoral de reelección. Hubo un nuevo escándalo y el gobernador Murkowski trató de zanjar la cuestión con una reprimenda pública a Renkes. No lo consiguió y pocas semanas después Renkes se vio obligado a dimitir. Sarah se convirtió definitivamente en la “oveja negra” del Partido Republicano en Alaska, cuyos dirigentes no la querían ver ni en pintura, aunque su reputación de política honrada y valiente ante la gente corriente se disparó.

Fue en 2004 cuando Sarah jugó con la idea de presentarse a las elecciones al Senado en Washington de ese año, las que iban a elegir al verdadero sucesor de Frank Murkowski, puesto que su hija, Lisa, ocupaba el escaño interinamente. Sarah podría haber ganado seguramente, dado que Lisa Murkowski no era precisamente la persona más popular de Alaska después de la manera como había conseguido su cargo, pero finalmente decidió no presentarse ante los ruegos de Track, su hijo de 14 años por aquel entonces, quien, tal y como ella misma explicó posteriormente estaba muy preocupado sobre “cómo podría ser la mamá del equipo si la elegían senadora”. Así pues, no se presentó y Lisa Murkowski pasó a ser senadora ahora sí con todas las de la ley.

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Lisa Murkowski (o Murkowski II). Y es que si no te coloca papá, ¿quién te va a colocar?

Sin embargo, una cosa era irse a Washington, D.C., y otra muy distinta quedarse en Alaska. En agosto de 2006, Sarah se presentó como candidata a gobernador en las primarias del Partido Republicano, venciendo al entonces gobernador Frank Murkowski, que optaba a la reelección, y a otros tres candidatos más. Sarah obtuvo el 50,59% de los votos y formó ticket con el senador estatal Sean Parnell, quien había ganado la nominación al puesto de lieutenant governor. Así pues, Sarah y Sean se presentaron en noviembre de ese mismo año a las elecciones con un programa que hacía hincapié en acabar de una vez por todas con la corrupción en el gobierno, recortar gastos y ofrecer responsabilidad en todas sus decisiones. Sorprendentemente, y aunque gastaron menos en la campaña que su oponente demócrata, el antiguo gobernador Tony Knowles, (de hecho, el Partido Republicano sólo se gastó en ella 5.500 dólares, debiendo Sarah obtener por su cuenta todo el dinero que necesitó –algo lógico si se tiene en cuenta que no era plato de buen gusto para la mayoría de los peces gordos del partido–), ganaron las elecciones con un 48,33% de los votos frente al 40,97% de su adversario. La victoria de Sarah fue una de las escasas alegrías que tuvieron los republicanos ese año, cuando perdieron arrolladoramente en casi todas las elecciones que se celebraron.

Sarah, gobernadora de Alaska

Sarah se convirtió pues en la primera gobernadora de Alaska y, con 42 años, en la más joven de la historia del Estado, siendo además la primera nacida tras el reconocimiento de Alaska como estado de los Estados Unidos y la primera en no jurar el cargo en Juneau, la capital, sino en Fairbanks (por propia decisión) el 4 de diciembre de 2006. Durante estos dos años de mandato que lleva, sus índices de popularidad se han mantenido siempre muy altos, oscilando alrededor del 70%, lo que llevó a algunos medios de comunicación a otorgarle el título de “gobernador más popular de Estados Unidos”. Cabe recordar que en Alaska, por sus circunstancias particulares, el cargo de gobernador implica más responsabilidades que en la mayoría de estados de los “48 de abajo”.

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El juramento de Sarah como gobernadora de Alaska. Bonita maceta la que lleva prendida de la solapa, ¿eh?

A lo largo de su campaña, Sarah había abogado por “limpiar” la política de Alaska de todo lo que había supuesto el mandato del anterior gobernador, Frank Murkowski, así que nada más tomar posesión, anuló 35 nombramientos hechos por éste en las últimas horas de su mandato, incluyendo la designación de James Clark, su jefe de campaña, para ocupar un puesto en la Alaska Natural Gas Development Authority, una decisión muy acertada ya que poco después el tal Clark fue encontrado culpable de conspiración por haber usado una empresa petrolífera extinta para desviar dinero a la campaña de reelección de Frank Murkowski (vaya panda estos, ¿eh?).

Además, Sarah cumplió con otra de sus propuestas de campaña al deshacerse del avión, un Westwind II, que el anterior gobernador, Frank Murkowski, había comprado en 2005 por 2,7 millones de dólares para sus viajes a través del estado en contra de la opinión de los legisladores y de la opinión pública. En agosto de 2007, el avión fue anunciado en eBay al precio de 2,5 millones de dólares, pero al no poder venderse se recurrió finalmente a los servicios de una empresa privada, Turbo North Aviation, quien sí que logró venderlo por 2,1 millones de dólares a Larry Reynolds, un hombre de negocios. (Una nota sobre el asunto del avión: Alaska es un estado enorme y en su mayor parte no urbanizado y con pocas carreteras, por lo que no es en absoluto extraño que los miembros de la administración utilicen un avión para sus viajes; lo que sí que es inusual es que reclamen para ello un avión de lujo como lo es el Westwind II en lugar de conformarse con los aviones más pequeños y sencillos de que dispone la administración; eso es lo que irritó a todos: la arrogancia de Murkowski, no el hecho en sí de viajar en avión). Y como quiera que Murkowski era un hombre a quien le gustaba vivir realmente bien, Sarah prescindió también de los servicios de la chef personal del gobernador y de su chófer.

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El avión de la discordia: el Murkowski volante. Bonito, ¿eh? Si lo vieran por dentro… Las butacas son de película.

Para terminar de una vez por todas con estas cosas, Sarah firmó en julio de 2007 el resultado de su primera iniciativa legislativa: una ley de reforma ética de la administración pública, la Executive Branch Ethics Act, que fue aprobada con el acuerdo de la oposición demócrata.

Consecuente con su postura, Sarah no tuvo empacho en julio de 2008 en exigir al entonces otro senador de Alaska en Washington, el republicano Ted Stevens, que se presentaba a la reelección, que dimitiera después de saberse que estaba siendo investigado por múltiples acusaciones de tráfico de influencias. En octubre de 2008, el senador Stevens fue oficialmente declarado culpable de todos los cargos, lo que provocó que perdiera lógicamente las elecciones , yendo a parar su escaño al demócrata Mike Begich.

En diciembre de 2008, el legislativo de Alaska propuso que se incrementara el sueldo anual de la gobernadora en 25.000 dólares, pasando de 125.000 a 150.000 dólares, algo que Sarah dejó claro que si se producía no lo admitiría, desechándose pues la propuesta.

La administración Palin

Sobre la residencia oficial de la gobernadora

Como gobernadora, Sarah vive en Juneau, en la residencia oficial del gobernador del Estado (tal y como marca la legislación de Alaska) durante el período legislativo y regresa a su casa de verdad, la de Wasilla, para vivir durante el resto del año, trabajando entonces en las oficinas gubernamentales de Anchorage, a unos 70 km de Wasilla. Dado que las oficinas de Anchorage están muy lejos de Juneau, el Estado la autoriza y prácticamente la obliga en aras de la transparencia fiscal a pasar dietas cuando pernocta fuera de su “residencia habitual” (que es, recordemos, mientras sea gobernadora, la residencia oficial en Juneau). Sarah ha admitido cobrar estas dietas en concepto de “gastos de viaje”, pero se ha negado en cambio a percibir otras a las que también tendría derecho en concepto de “gastos de alojamiento” (pensadas para reembolsar los gastos de hotel), ya que al vivir en su propia casa no las encuentra oportunas. No sólo eso, sino que además conduce personalmente su coche cada día para ir y venir de Wasilla a Anchorage y cuando viaja en avión lo hace siempre en clase turista (es habitual encontrarse con ella en cualquier aeropuerto, esperando para facturar su equipaje o para recogerlo). Puestos a protestar, la oposición demócrata se queja de que cobre dietas en concepto de “gastos de viaje” de los miembros de su familia en las ocasiones en que estos la han acompañado en asuntos relacionados con su cargo. Sarah ha replicado diciendo que no está haciendo nada que no esté contemplado en la legislación estatal, que sus gastos por este concepto son un 80% menores que los de su predecesor, habiendo sido todos ellos justificados debidamente, y que muchas de las invitaciones que recibe incluyen el requerimiento de que traiga a su familia con ella. (Otra nota, esta vez sobre las curiosidades de la política alasqueña: Alaska tiene muchas dificultades de comunicación, por lo que están muy avanzados en lo que se podría llamar “gobierno virtual”. Esto quiere decir que no es necesario para muchos de los miembros de la administración o incluso del poder legislativo el tener que estar físicamente en la capital, pudiendo actuar válidamente desde sus localidades. Es por ello que la gobernadora tiene permitido el dejar la capital cuando su presencia en ella no es estrictamente necesaria).

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La residencia del gobernador de Alaska en Juneau. Es una casa y es blanca. Podría ser premonitorio, ¿no?

Sobre los Presupuestos Generales del Estado

En 2007, el estado de Alaska aprobó un presupuesto de 6.600 millones de dólares, el mayor de su historia. Sarah no estaba conforme con muchos de los gastos previstos y utilizó su poder de veto para recortarlo en 237 millones de dólares, eliminando alrededor de 300 proyectos que consideraba superfluos. Al año siguiente, en 2008, volvió a suceder lo mismo cuando Sarah recortó el presupuesto de ese año en 286 millones de dólares, eliminando esta vez alrededor de 350 proyectos.

Por lo que se refiere a la financiación federal adjudicada directamente por Washington para proyectos que responden a un interés especial (los famosos earmarks), Sarah se ha mostrado siempre contraria a ella y así lo ha demostrado recurriendo a ello lo menos posible y buscando en su lugar financiación federal para proyectos que siguen el procedimiento normal de presentación, debate público y votación (appropriations).

En relación con este asunto, una calumnia repetida habitualmente pretende que Alaska es un estado que vive prácticamente de las subvenciones del gobierno federal. Esto es falso dado que, si bien es cierto que Alaska es uno de los cuatro estados que más dinero reciben habitualmente de Washington, hay que tener en cuenta las razones para semejante dispendio: 1) el 15,9% de la población de Alaska está compuesta de nativos alasqueños, que reciben cuantiosas subvenciones; 2) en Alaska están desplegados un total de 21.000 soldados; y 3) Alaska es el propietario de aproximadamente el 60% del territorio, sobre el cual tiene la obligación de cuidarlo adecuadamente. O sea, que si bien recibe una buena cantidad de dinero anualmente no es para que haga con él lo que quiera, sino para gastarlo en obligaciones contraídas con anterioridad.

Sobre el Bridge to Nowhere

Tal vez la historia más famosa sobre earmarks relacionada con Alaska sea la del famoso Bridge to Nowhere. En resumen, la historia es la siguiente: en 2005, un año antes de que Sarah fuera elegida gobernadora, el Congreso de Washington aprobó una ayuda de 442 millones de dólares para la construcción de dos puentes en Alaska. El Gravina Island Bridge pretendía conectar Ketchikan con la escasamente poblada isla de Gravina, sede de un aeropuerto internacional (el Ketchikan International Airport) con un tráfico de 200.000 pasajeros al año y cuya única vía de comunicación con el resto del estado es un ferry que transporta más de 400.000 usuarios al año. Por otra parte, el Knik Arm Bridge iba a proporcionar una vía de enlace entre Anchorage y el Matanuska-Susitna borough. Durante su campaña electoral, en 2006, Sarah se mostró de acuerdo con el proyecto de ambos puentes. El entonces senador de Alaska en Washington, Ted Stevens, había puesto tanto empeño en lograr los fondos necesarios que pronto fue objeto de interés y fue entonces cuando el Gravina Island Bridge acabó siendo conocido por la opinión pública como el Bridge to Nowhere al saberse que la población fija de la isla es de sólo 50 personas, lo que acabó convirtiendo todo el proyecto (incluyendo el del otro puente) en un símbolo de despilfarro. Sin embargo, todo esto no es más que otra muestra de cómo funcionan los medios de (des)información porque el puente de marras nunca fue previsto para dar servicio en exclusiva a los habitantes de la isla de Gravina, sino a los miles y miles de usuarios del aeropuerto. A raíz de tal campaña, el Congreso revisó su decisión inicial y retiró su apoyo al proyecto de construcción de los dos puentes aunque mantuvo la asignación inicial de 442 millones de dólares para Alaska, ahora dentro del apartado de “proyectos genéricos en el campo del transporte”.

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La isla de Gravina y la vecina península de Ketchikan. El puente iba a unir las dos orillas.

Sarah hizo pues campaña apoyando la construcción del puente, que consideraba esencial para la prosperidad de la zona, así como catalogó como “ofensiva” para los habitantes de la isla de Gravina la denominación de Bridge to Nowhere. De cualquier forma, el Congreso se negó en 2007 a reasignar el dinero al proyecto de los dos puentes y Sarah, que para entonces ya era gobernadora, decidió renunciar a todo el proyecto dado que el resto de los Estados Unidos habían empezado a ver a Alaska como un estado que les “quitaba” el dinero a los demás. Sarah sigue apoyando la construcción del puente, pero su intención ahora es construirlo exclusivamente con sus propios medios, seguramente con un proyecto más económico, pero sin recurrir a la ayuda de Washington.

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Sarah apoyando la construcción del Gravina Island Bridge. El 99901 es el código postal de la zona.

Sobre los asuntos energéticos

Sarah presentó en marzo de 2007 una propuesta titulada AGIA (Alaska Gasline Inducement Act) ante la Cámara de Representantes a favor de la libre competencia en la construcción de un gasoducto que fuera desde los yacimientos localizados en North Slope hasta el territorio de los Estados Unidos. Esta propuesta anulaba un acuerdo al que llegó por su cuenta el gobernador anterior que garantizaba la concesión de dicha obra a una coalición de empresas (Exxon, BP y ConocoPhillips), las mismas que ya poseen la propiedad de las reservas de gas. Solo un legislador votó en contra de esta medida (los hay que no tienen vergüenza realmente), y en junio se convirtió en ley. En agosto, Sarah anunció que sólo había una compañía, la canadiense TransCanada Pipelines Corp., que cumpliera los estrictos requisitos exigidos por el Estado, con lo que en agosto se firmó el acuerdo por el cual se les otorgaba la licencia para construir y operar el gasoducto, adelantando acto seguido 500 de los 2.600 millones de dólares que costará la obra en total y que está prevista que se concluya a finales de 2018.

Para Sarah, las compañías petrolíferas no pueden de ninguna manera pretender dictar la política del Estado, pero los grupos ecologistas tampoco deben pretender impedir que Alaska desarrolle sus recursos naturales. Su principal objetivo en este aspecto es lograr la autosuficiencia de Alaska para no tener que seguir contando con las subvenciones federales, como pasa en la actualidad.

Como respuesta a los altos precios del gas y del petróleo, y como resultado del superávit del Estado, Sarah propuso en 2008 dar a cada habitante de Alaska una tarjeta de débito de 100 dólares mensuales para gastar en energía. Sin embargo, ante la dificultad de gestionar tal cantidad de tarjetas por parte de la administración y dado que serían de poca utilidad en muchas comunidades rurales, Sarah modificó su propuesta inicial y en su lugar propuso pagar directamente a cada habitante 1.200 dólares provenientes del beneficio estatal creado por los altos precios del petróleo, lo que fue aprobado en agosto del año pasado. Además, ha suspendido por un año el impuesto estatal de 8 centavos por galón de gasolina.

El año pasado, el estado de Alaska presupuestó un total de 300 millones de dólares, una cantidad realmente importante, a lo largo de cinco años como subvenciones destinadas a fomentar las energías renovables. Además, el pasado mes de enero, Sarah se marcó como objetivo el que Alaska llegue a generar el 50% de su producción eléctrica a partir de energías renovables, siendo ese porcentaje en la actualidad del 24%.

Sobre el medio ambiente

En 2007, Sarah mantuvo su apoyo a la tradicional política del Alaska Department of Fish and Game de controlar la población de animales depredadores del estado (fundamentalmente, osos y lobos), iniciada en 1994. En 2006, esta política se amplió para permitir la caza de lobos desde el aire por parte de personas expresamente autorizadas por la administración en varias áreas concretas de Alaska donde se había incrementado excesivamente la población de lobos, lo que amenazaba el mantenimiento de la población de alces y caribúes necesaria para el sostenimiento de la población nativa de Alaska, que los cazaba como medio de subsistencia. Como resultado, un total de 607 lobos del máximo de 664 establecido por los biólogos estatales fueron abatidos para el final del programa. En agosto de 2008, los alasqueños votaron en referéndum a favor de seguir manteniendo el programa de control de depredadores dados los excelentes resultados que se habían obtenido, habiéndose constatado un claro incremento de las manadas de alces y caribúes objeto de la medida de protección.

Sobre el Troopergate

En julio de 2008, Sarah cesó a Walt Monegan, Public Safety Commisioner (comisionado de Seguridad Pública), por no estar de acuerdo con su gestión, ofreciéndole a cambio un puesto directivo en otro organismo estatal, que él rechazó. Más tarde, Monegan alegó que había sido cesado por no haber despedido al antiguo cuñado de Sarah, el Alaska State Trooper (policía), Mike Wooten, quien en 2005 se había divorciado de la hermana menor de Sarah, Molly. Wooten era un hombre violento y en ese momento había llegado incluso a amenazar de muerte al padre de Molly y Sarah. Monegan alegó también que tanto la propia Sarah como miembros de su equipo y hasta su marido, Todd, habían estado presionándole constantemente en tal sentido. Wooten no fue despedido en ningún momento y sigue sirviendo como Alaska State Trooper, aunque en su momento fue sancionado por continuas faltas de disciplina que arrastraba desde tan pronto como 2001.

Una investigación abierta por el poder legislativo de Alaska, dirigida por el investigador independiente Stephen Branchflower y concluida en octubre de 2008 (ya en plena campaña electoral a la presidencia de los Estados Unidos, no lo olvidemos, porque fue entonces cuando salió a la luz todo el asunto, ¡dos años y medio después de los hechos!), sentenció que Sarah tenía todo el derecho a cesar a Monegan, pero que había abusado de su poder como gobernador y había violado la Executive Branch Ethics Act, la legislación ética del Estado, al consentir que miembros de su equipo y su marido, Todd, presionaran a Monegan exigiéndole el despido de Wooten. Sin embargo, esta no es la opinión de la State Personnel Board, el organismo estatal competente en materia de ética, que revisó todo el caso a instancias de la propia Sarah. Este organismo contrató a su vez a otro investigador independiente, Timothy Petumenos, y en noviembre de 2008 sentenció que no había motivos para creer que la gobernadora hubiera vulnerado la legislación ética del Estado. De cualquier forma, y como ya hemos dicho, Wooten sigue en su puesto y hasta ha tenido tiempo ya de casarse y divorciarse de nuevo (por cuarta vez, ya que Molly, la hermana de Sarah, fue su tercera esposa).

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